72 horas con lady Gaga
Por Simon Hattenstone/ The Guardian / The Interview People Adaptación Yanina Sepúlveda.
A días del lanzamiento de su nuevo disco, ‘Born this Way’, pasamos tres días junto al mayor fenómeno pop del momento. Una entrevista donde la extravagante diva repasó sus traumas del pasado, las razones de su éxito y ese complejo de mesías que la ha convertido en líder para millones de inadaptados alrededor del mundo.

Es la celebridad más poderosa del planeta según Forbes. La mujer que más discos vende por minuto. Tiene 10 millones de seguidores en Twitter, 35 millones de amigos en Facebook y es la gran revolución en la escena del pop desde Madonna. Llena portadas por sus extravagantes vestimentas, montajes escénicos bañados en sangre o videos sexuales colindantes en lo pornográfico.
¿Pero quién es Lady Gaga en realidad? ¿Una profetisa, una invención, un producto? Para descifrarlo, la acompañamos durante tres días de su interminable tour `The Monster Ball’ en Cleveland.
Estamos sentados en la sala de relajación del Q Arena, rodeados de velas aromáticas, un equipo hi-fi supersónico, toda la parafernalia del rock and roll. En las paredes hay fotos de Led Zeppelin, Iggy Pop, The Sex Pistols. Porque Gaga es una ladronzuela musical que robó y robó influencias hasta crear algo propio. Pero ella no intenta esconderlo.
Enfundada en una malla que no deja mucho a la imaginación y con unos tacos vertiginosos, está a punto de realizar la última actuación en Estados Unidos de la gira que la ha mantenido viajando por 22 países, sin parar durante los últimos dos años, recaudando 137 millones de dólares, con un total de 2,5 millones de espectadores.
El tour más que fanáticos, le ha traído adoradores alrededor del mundo que la ven como una suerte de líder religioso y a quienes ella llama ‘pequeños monstruos’. Mientras, se autodenomina: ‘La madre monstruo’.
—Su mamá también la llama ‘madre monstruo’.
—¡No! Ella es la única madre en nuestra casa. Sólo me dice Gaga o Stefani.
Sin embargo, para todo el resto, Stefani Joanne Angelina Germanotta es Lady Gaga, un producto surgido de la ambición y maquinación de su propia cabeza.
La han descrito como la nueva reina del pop, un pastiche de numerosas influencias, un recocido de los artistas que han impactado visual o creativamente la música comercial de las últimas dos o tres décadas: Madonna, Michael Jackson, David Bowie, Prince. Mucho hay de eso en esta mujer de 25 años que ha vendido 15 millones de copias en tres escasos años de carrera discográfica.
Su triunfo ha sido encarnar el ideal de aquellos para quienes no alcanza el sueño americano, de las minorías, inadaptados, de las víctimas de bullying que han visto en ella la posibilidad de revancha con la que tanto han soñado. Ella lo sabe bien y por lo mismo se encarga de enseñar a sus discípulos el poder de la voluntad. “No solía ser valiente, pero ustedes me han vuelto audaz, pequeños monstruos. Somos la eternidad. Ustedes me han hecho. Esta noche quiero que olviden todas sus inseguridades. Lo que sienten los hace diferentes en el gran destino de la vida. Trabajé duro para llegar donde estoy. Sólo recuerden… estaba tan profundamente abajo y ahora estoy tan arriba”, grita a su enloquecida fanaticada durante sus conciertos.
Gaga se convirtió en una suerte de profetisa para miles de personas que dicen ver la luz al ritmo de sus efervescentes canciones. “Sé que mi show es una experiencia religiosa. Pero es como una iglesia de la cultura pop. Nunca quise que ‘Monster Ball’ se transformara en un culto, sólo se volvió uno”.
Sin un gran atractivo físico, fue su propia visión (y la de algunos astutos colaboradores) la encargada de crear ese look extremo, kitch y hasta chocante que hoy la diferencia de otras cantantes jóvenes.
Sus desnudos provocadores, los trajes de carne que generan la ira de los protectores de animales, su imagen confrontacional, son declaraciones de principios sobre lo que es ser una estrella. “Es un manifiesto sobre el show business. Adoro este negocio y no quiero que mis fans me vean de otra manera. El business, la cultura pop… esa es mi religión”, explica.
Sinceramente cree en el culto a Gaga, piensa que es una mesías moderna que ha venido para guiar a sus fanáticos a un futuro más brillante. Y si compras sus discos y expandes su palabra, mejor.
Pero no siempre fue el torpedo que es hoy. Su carrera comenzó cuando aún no alcanzaba la veintena y todavía era conocida como Stefani.
Hija de padres independientes, su papá, Joseph, era empresario de Internet y su madre, Cynthia, una ejecutiva de telecomunicaciones. Comenzó a tocar piano a los cuatro años. Asistió a una escuela privada en un convento ubicado en el sector alto de Manhattan. Entró a la escuela de artes de la Universidad de Tisch a los 17 años para estudiar música, pero salió antes de completar el grado porque se sentía perdiendo la chance de alcanzar algo real.
Más recatada que hoy obtuvo un contrato discográfico con la firma Def Jam Recordings cuando tenía 19 años, aunque pronto los ejecutivos se arrepintieron y la abandonaron diciendo que su música no tenía futuro económico. A los 21 estaba escribiendo canciones para los ‘New Kids on the Block’ y ‘Pussycat Dolls’.
Su ambición, sin embargo, siempre fue generar una carrera que combinara “música, arte, sexo y fama”, tal como ella misma lo ha definido con total claridad. Seis años después de su primer gran rechazo profesional, dio vuelta la tortilla.
“DE PEQUEÑA ORABA POR LOCURA Y TALENTO. Y mira donde estamos ahora. Hay que tener cuidado con lo que deseas. Quería liberar mi verdadera identidad, la que aún no había descubierto. Miraba todos esos posters en mi pared e imaginaba cómo habían sido esas leyendas. Y pedía tener la creatividad que ellos”.
Cuando abandonó la universidad para dedicarse por completo a sus esfuerzos artísticos, su padre dejó de hablarle. Deambuló por el underground neoyorquino, compartiendo escena con go-go dancers, transformistas y rockeros independientes. La experimentación con drogas le trajo el rechazo de su familia. Fue entre el 2005 y 2006 cuando el productor Rob Fusari le propuso usar el nombre que la haría mundialmente conocida: Lady Gaga, inspirado en el clásico de Queen, Radio Gaga.
Gracias a su show en el ‘Lollapalooza 2007′ firmó un acuerdo con Interscope Records, que desembocó en un contrato con Sony Music. Su primer disco, ‘The Fame’, salió a la venta en 2008 y hoy suma unos 12 millones de copias. Luego vino ‘The Fame Monster’ (2009), y el 23 de mayo pasado apareció ‘Born This Way’, su tercera placa.
Un día después de su concierto en Ohio la sigo hasta Chicago, donde participará en uno de los shows finales de Oprah Winfrey. The Haus of Gaga, como llama a su equipo más cercano, se apropió del último piso de un hotel. En una habitación se actualiza su diario en video. En otra, se diseña el set para el show televisivo. Y en otro cuarto, se analizan sus trajes. Gaga va de un sitio a otro, grande e imperiosa con anteojos oscuros, megatacos y un negro traje de poder de Alexander McQueen. Al verla así es fácil olvidar que sólo mide 1.58 metros.
La espero en una habitación, donde entra pidiendo disculpas por los gritos que tendremos de fondo durante la entrevista. Su piel es góticamente blanca y su cara no tiene nada especial. Su chaqueta está casi abotonada y no lleva nada abajo.
“Hoy no estoy muy feliz de verte”, me dice.
“Sufrí acoso en el colegio. No era ruda entonces. Soy excéntrica, habladora, audaz y teatral, por lo mismo muchos solían meterse conmigo. A los 14 años unos chicos me tiraron dentro de un tarro de basura. Tenía blasfemias escritas en mi casillero. Me maltrataban en los pasillos y me llamaban puta. Sentía que no tenía valor alguno. Tuve vergüenza, me sentí mortificada”.
No es la única lucha que ha dado. Las drogas en los últimos años de su adolescencia, descubrir que carga el gen del lupus, ser rechazada por su sello. “Las cosas que te hieren en la vida son sólo parte de lo que debes pasar para hacerte grandioso”.
—¿Qué ofrece al mundo una líder como Gaga?
—Estoy enseñando a la gente a rendirse culto a sí mismos. Tenemos bullying en las escuelas, suicidas adolescentes, todas esas cosas. Mi mensaje es simple y acorde a lo que dijo Cristo: ámate a ti mismo y ama a los otros.
—¿Le asombra la rapidez con que se convirtió en fenómeno?
—Todos estamos perplejos con eso. Estoy agradecida, claro. La cosa más preciosa de todo esto es que he traído a todos mis amigos conmigo.
—Muchos podrían pensar que usted pasaría por encima de todos para obtener éxito.
—Nunca haría algo así. No hay nada que me haga más feliz que ver el triunfo de mis amigos.
—¿Le molestan las críticas que la acusan de ser un producto plástico?
—No. Si eres excéntrico o tienes una identidad fuerte o diferente, siempre existirá la creencia de que no hay nada sustancial debajo. Que estás escondiendo algo vacuo o que todo es artificial. Pero estoy sólidamente entregada a mi arte y oficio. Lo que he aprendido de mis fanáticos y lo que oirás fundamentalmente en ‘Born this Way’ es que una parte de mi destino es tomar las balas que me lanzan. Pero mi corazón sigue latiendo. No puedes destruirme. Soy una pieza de arte.
¿Y qué hay del amor para una diva cuyo poder sólo parece hacerse más y más grande cada día? Luego de un ex novio baterista en una banda de metal a quien acusa de romperle el corazón, Gaga ha mantenido un romance de idas y venidas con un barman llamado Luc Carl.
—¿Todavía sale con él?
—No tengo novio.
—¿Y qué hay de esa gran foto de él que tiene en su camarín?
—(Me mira shockeada). No sé de qué estás hablando…
Al día siguiente la veo en el show de Oprah. En el backstage ella exclama “¡Oh Johnny Depp!”, al ver al actor pasar. El dice: ¡lady Gaga!, por un segundo Gaga no puede creer que él la reconozca. De regreso pregunta tres veces: “¿Estuve bien, realmente asombrosa, bien?
Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

