‘Esto no es una secta’
Alberto Plaza, 25 años de carrera y devoto de la Cienciología
El cantautor, que hoy celebra un cuarto de siglo en la música, experimentó un potente cambio el 2009: se separó de su mujer a la que dedicó sus canciones más románticas, le dijo adiós a su manager de 14 años y se trasladó a Clearwater, epicentro mundial de la Cienciología, la corriente que hoy es blanco de duras denuncias. “Son puras mentiras”, defiende convencido.

Alberto Plaza (48) mira directo con sus ojos grises, el pelo canoso, casi blanco. El tiempo no ha pasado en vano para este cantautor que acaba de cumplir 25 años de carrera y que lo celebró con un gran concierto en CasaPiedra con algunos de sus grandes amigos, desde Cecilia Bolocco a Vivi Kreutzberger, mientras que en el escenario lo acompañaron figuras como Pablo Herrera, Andrea Tessa y Américo.
Una carrera exitosa que ya suma trece discos para un hombre que alguna vez partió estudiando ingeniería civil, hijo de una familia convencional, que se formó en el Verbo Divino. Su primer golpe fue el Festival de Viña, donde logró el tercer lugar de la competencia internacional. A partir de ahí no paró más. “Ha corrido mucha agua… pero también aviones, hoteles y harta alegría. Es la misión que vine a hacer a esta vida, entregar felicidad a través de la música y de la poesía”.
La palabra ‘misión’ se repite constantemente dentro de esta entrevista. Es el profundo cambio de vida que ha experimentado el cantante en este último año y medio, desde que se convirtió en un fiel seguidor de la Cienciología, la corriente espiritual famosa por contar entre sus adeptos a figuras como John Travolta y Tom Cruise. Pero también porque ha sido blanco de graves denuncias en la prensa.
En Francia, la corporación fue multada por estafa. Y en octubre de 2009 recibió un duro golpe con la renuncia del reconocido director de cine y ganador de un Oscar, Paul Haggis. El realizador justificó su salida, luego de 35 años en la organización, por una serie de reportajes que acusaban a David Miscavige, líder mundial de esta corriente, de golpear a sus fieles. Su desilusión aumentó al enterarse de demandas contra funcionarios de esta iglesia por hostigar e intimidar a los desertores. Pero lo que más indignó al cineasta fue la dura postura que mostró la sede en San Diego en contra del matrimonio homosexual en California.
ALBERTO PLAZA DEJÓ INCLUSO SU HOGAR EN MIAMI —donde vivió por ocho años— para radicarse en Clearwater, también en Florida, la base de la Cienciología en el planeta. Está convencido de que las acusaciones no son más que mentira.
Su proceso espiritual coincidió con otros dos episodios clave en su vida: el fin de su relación con el manager que trabajó por 14 años, amén de su separación matrimonial con Sandra Munilla, la mujer a la que dedicó varias de sus canciones más románticas y con quien estuvo una década. Con ella —y con su hijo entonces de un año— partió el 2002 al corazón de la música latina en Estados Unidos.
“Fue un paso natural; ya tenía nueve discos y Miami fue la plataforma para buscar otros rumbos y llevar mis canciones más allá de estas fronteras”.
Allí la familia creció, nació su segundo hijo (Santiago, hoy de 4) y comenzó a realizar conciertos en Perú, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Argentina, donde ha alcanzado un importante éxito. “Me la paso viajando, soy un experto en armar maletas; mi vida son los aviones, aeropuertos y hoteles”.
Sin embargo, algo no andaba bien: “Me sentía tironeado, perdiendo mi propósito principal, me había alejado de mí. Me estaba apagando y necesitaba recuperar ciertas convicciones. Y lo que hice fue volver por donde había venido. Me reencontré con aquel hombre que nació hace 48 años. Volví a ser yo”.
—¿Se deprimió porque no se sentía capaz de seguir haciendo lo suyo?
—Hoy mi mente está enfocada en otra dimensión. No me interesa acordarme. Es vida pasada, fue hace mil años.
Habla con voz calma, controla cada una de sus palabras, no parece incomodarse aunque el tema sea que su separación y el fin de la relación con su manager fuera al mismo tiempo que su ingreso a la Cienciología. “No tuvo que ver, aunque se relaciona. Era algo que venía produciéndose, ya se había desencadenado. Coincidió, pero no fue una consecuencia”, asegura.
“¿QUÉ ES ESTO?, GENTE FELIZ, CON FAMILIAS LINDAS, CON UNA VIDA TAN ORDENADA… YO QUIERO ESO PARA MÍ, ¿EL SECRETO?”, se preguntaba Alberto Plaza cada vez que se topaba con otros seguidores de esta corriente. Fue luego de una invitación a un encuentro llamado Camino a la felicidad que decidió cambiar su vida. “Entonces me di cuenta de que ahí había algo muy bueno”.
Partió a Clearwater con el encargo de crear una canción para esta corporación. Su mujer no quiso seguirlo. Sus familiares y amigos casi se murieron. Pero Plaza, a pesar de la oposición de su círculo más cercano, siguió adelante. “Cuando fui por primera vez a Clearwater me informé. Limpié las mentiras y empecé a derribar mitos. Pude confirmar que es una organización totalmente abierta, que no se trata de una secta. Y una vez que constaté que eso era lo mío, me quedé ahí y establecí mis bases”.
Impertérrito frente a las acusaciones y denuncias que han ido colmando la prensa mundial, dice estar experimentando un momento de plenitud. En Clearwater vive en un departamento frente al mar que pertenece a la corporación. “Insisto, no es una secta, no es nada cerrado. Es como un barrio. Hay varios edificios que son de propiedad de la Cienciología; hoteles, todos ubicados en pleno centro de la ciudad”.
—Pero una cosa es seguir una ideología y otra muy distinta es radicarse en el corazón de esta corriente. ¿Cómo se explica?
—Descubrí que este proceso me ha hecho muy bien y quiero profundizar en su estudio. Siento como si me hubiera ido a Harvard, va gente de todos los países, te subes al ascensor y te encuentras con chinos, rusos, japoneses. Estoy estudiando por un tiempo, no es que me haya ido para siempre.
—¿Estudiando qué concretamente?
—Para ser más poderoso. He multiplicado mis capacidades, estoy más comunicado con el mundo y me ha ido mucho mejor que antes.
En Clearwater compone su música y una vez al día realiza junto a un guía lo que en Cienciología se conocen como procesos de ‘auditación’; aquí habla de sus dolores pasados, de sus miedos, y así ha ido despojándose de las cargas.
Y aunque con el cambio de domicilio se alejó físicamente de sus hijos, él aclara: “Estoy a cuatro horas en avión de Miami, así es que no es para tanto. Claro que los echo de menos, pero afortunadamente con este aparato (muestra su iPhone) y con Skype chateamos”.
“LA CIENCIOLOGÍA NO ES UNA RELIGIÓN, AQUÍ NO SE ADORAN DIVINIDADES, no hay dioses, ni cánticos.Lo que se busca es la felicidad de la persona”, aclara. Para los seguidores de esta corriente, explica el cantante, el ser humano se desarrolla a través de cinco planos concéntricos o dinámicas de la existencia: “La primera eres tú y cómo te relacionas contigo, con tu cuerpo; tiene que ver con cómo te alimentas, si haces ejercicio. Luego viene la dinámica del sexo y la creación, que es la formación de una pareja y los hijos para continuar la especie. Está el tercer anillo, que es el grupo al cual perteneces, tus amigos, la familia y el trabajo; después viene la humanidad entera, y ahí vamos subiendo hasta llegar a la dinámica del infinito que es Dios, y donde la Cienciología no entra porque respeta todas las creencias”.
—¿Su mujer, Sandra, nunca se sintió atraída por este camino?
—No le hizo sentido como a mí…
—Pero entremedio se quedó solo: su mujer no quiso seguirlo, sus amigos están preocupados y en internet abundan reportajes y denuncias de familias que han sido separadas por esta ideología…
—Eso es una mentira basada en el miedo. La Cienciología lo único que hace es acercarte más a la gente que te hace bien. Los une más a sus hijos y a sus parejas, si es que se aman.
—Su paso a la Cienciología no sólo coincidió con su separación, también se alejó de su manager de 14 años. ¿Se alejó de lo que no le hacía bien?
—No, esos episodios no tienen nada que ver con la Cienciología.
—Pero coincidieron en el tiempo, claramente…
—Lo que hice fue reorganizar las piezas, ponerlas en orden.
—¿Le gustaría traer la Cienciología a Chile?
—Me encantaría, pero vamos a ver cómo se hace para poner a disposición de las personas este conocimiento. No pretendo imponerle nada a nadie.
—El Presidente Sebastián Piñera anunció un acuerdo de vida en común para las parejas del mismo sexo…
—Tenemos que intentar de que eso cambie y que cada día existan menos…
—¿Menos qué…? ¿No piensa que se nace con esa condición?
—Por ningún motivo, una persona puede venir con una condición, pero la vida le va fortaleciendo comportamientos por un camino que no es el óptimo. Lo mejor es que dos personas de sexo opuesto se casen y tengan hijos, la realidad es que se junten hombres con mujeres, no hombres con hombres ni mujeres con mujeres.
—De acuerdo a estadísticas de la American Religious Identification Survey, el número de norteamericanos que se reconocían fieles a la Cienciología ha bajado a prácticamente la mitad debido a las acusaciones que pesan sobre ellos.
—No me hago cargo de esas cifras. La información que yo manejo es muy distinta. En Clearwater acaban de construir un hotel porque no daban abasto para recibir a tanta gente. No hay ningún secreto. Acá todo es muy transparente. No he tenido que firmar ninguna cláusula ni pagar cifras millonarias; el último curso que hice me costó 60 dólares. Algunos gastan mucho más en siquiatras.
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