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Cultura, Espectáculos y TV

El corazón rojo de Gloria

Música

Por: Rodrigo Barría

Fotos: Diego Bernales.

Le dijeron cantante cuica, la sindicaron como artista de la dictadura, su único hijo se hizo cura y no está con ninguno de los tres hombres que amó…Lejos de la TV, Gloria Simonetti desmitifica su historia, mientras pololea con hombres menores.

gloria
Está de negro completo. Su ropa entre juvenil y cómoda deja en evidencia un cuerpo bien cuidado, éxito no menor para una mujer que comienza su sexta década y que sólo confiesa un enchulamiento menor en su cara, hace algunos años. “Todo el resto es mío”, dice entre coqueta y orgullosa, de manos en caderas.

Creció en una casa de calle Lira. Su padre, Américo, comenzó a trabajar a los once años y no pudo terminar su educación. Pero de la penuria, el patriarca pasó a convertirse en un destacado empresario metalúrgico y el primer presidente que tuvo la Asociación de Industrias Metalúrgicas y Metalmecánicas (Asimet). Su madre, Anita, fue una dueña de casa amante del piano.

Gloria, la tercera de tres hijos, tenía quince años de diferencia con el segundo. “Era el conchito, pero a estas alturas soy más bien el conchazo”, dice riéndose. Estudió en las Monjas Inglesas y no guarda buenos recuerdos: “Todo era muy estricto”.

Le decían Glorita, fue buena estudiante y deportista destacada, especialmente en equitación. Eso sí, tuvo problemas de conducta producto de su espíritu rebelde. Ni los angelicales cantos en misas del colegio la libraron de los constantes llamados de atención de las religiosas.

Con una familia conservadora, su decisión de embarcarse en una carrera artística provocó un terremoto. Había entrado a publicidad, llevaba años compitiendo en festivales y las ofertas de sellos para lanzar su carrera de manera profesional se multiplicaban. Entonces, se armó de valor y anunció a sus padres: quiero ser cantante.

Fue una escandalera. Ir de gira y actuar en boliches de madrugada no era el futuro que esperaban para Glorita. En el primer tour —que duró 33 días—, su mamá hizo de chaperona, pero luego se bajó para siempre de esas caravanas.

gloria300—COMPITIÓ EN LA QUINTA VERGARA en 1968 y la abuchearon…
—Sí. Pensaban que mi papá había muñequeado para que ganara el festival. Pero salí segunda. Si al menos hubiera ganado se habría entendido…

—¿El rechazo era de la gente o también de otros cantantes?
—Había mucha envidia de los artistas. Los que competíamos íbamos a un bar donde tenían una carta con distintos tragos: Primavera Luz Eliana, Top Collins Pedro Messone… Al final aparecía Gloria Simonetti al hielo. Eran cosas bien pesadas. Es la ley del palo ensebado en Chile: cuando alguien sube un poco hay que tirarlo para abajo.

—Aparecía como cantante cuica…
—No me considero así, pero me veían de esa manera. En todo caso, la gente no demoró mucho en cambiar su opinión. Se dio cuenta de que el canto no era un hobby. Ha sido un cariño que evolucionó de menos a más.

—¿Cómo fueron sus años de actividad artística durante la UP?
—Mi hijo nació el 4 de septiembre de 1970, así es que no es una fecha fácil de olvidar. Políticamente nunca me sentí discriminada. Al contrario: me dieron la oportunidad para actuar, por ejemplo, en el Municipal, facilidad que nunca más se dio. Tuve cercanía con gente de izquierda, como Gladys Marín, que decía que su contradicción vital era que le gustaba la Gloria Simonetti. Otro dato: mi maestro fue Luis Advis, autor de la Cantata de Santa María. Y mis grandes éxitos son Ojalá de Silvio Rodríguez y mi versión de Gracias a la Vida de la Violeta Parra. Tengo un corazón artístico bastante rojo. Lo que pasa es que a algunos les encanta poner carátulas y encasillarte, como eso de ser cantante momia. A mí siempre me tuvo sin cuidado el mundo político. Jamás me metí.

“ARTISTA DE LA DICTADURA”. Así fue catalogada por años. Ella, más que defenderse, entrega una desapasionada versión: “Soy una profesional y, cuando me contrataban, cantaba. Le canté a Pinochet, pero también a Aylwin, a Frei, a Lagos y a Michelle Bachelet.

—¿A Pinochet le cantó con agrado?
—Porque me contrataban. El elegía los artistas que le gustaban, pero siempre me pagaban.

—Sí tuvo más trabajo en ese gobierno…
—Lo que pasa es que fue una época en que la televisión estaba llena de programas de música. Yo vivía un buen momento artístico y podía cantar distintos ritmos y en inglés o francés. Por eso aparecía más seguido. Hoy actúo mucho más en otro tipo de eventos privados que no tienen que ver con la TV.

—¿Es verdad que en el gobierno militar tuvo complicaciones por cantar el Ojalá de Silvio?
—En la televisión decían que el público no iba a entender la canción, que era metafórica… En todo caso, con el Gracias a la Vida fue más violento.

—¿Qué pasó?
—Estaba en un programa donde competíamos varios artistas. La canción rápidamente se convirtió en la favorita y era evidente que tenía que ganar. Pero los productores se complicaron y nos convocaron tras bambalinas para decirnos que iban a declarar un empate de todos los temas. Me quedé plop.

gloria200—¿Qué pasa hoy con artistas como usted y la realidad actual de la TV?

—Es muy complejo, pero uno no puede quedarse mirando pasar la vida por la vereda de enfrente. Trabajo, y mucho, en espectáculos privados. También me he impuesto autogestionar un disco cada dos años. Todo, por supuesto, con el gentil auspicio mío. Y mi última producción, Gracias a ustedes, ha sido lo mejor que he hecho.

—Su carrera no se proyectó internacionalmente porque usted no quería que su hijo dejara de ver a su papá. ¿Valió la pena?
—(Piensa un momento antes de responder) Iba a decir una cuestión terrible…

—¿Qué cosa?
—Que si hubiese sabido que iba a ser cura, me habría ido (lanza con arrepentimiento inmediato mientras ríe con fuerza).

—Se separó, su segunda pareja murió trágicamente y hace un tiempo terminó una relación de años. ¿Ha tenido suerte en el amor?
—Los tres me quisieron mucho. El tema es que soy romántica: pensé que llegaría alguien encantador, un compañero para siempre…

—¿Y ahora?
—Me siento tan bien, tan libre y dueña de mi metro cuadrado que no sé si podría vivir con un señor en mi departamento. Eso no quita que tenga amigos. No estoy haciendo croché todo el día.

—¿Con lo de ‘amigos’ se refiere a pololos?
—¡Pinches pues! Amigos con ventaja, pololos puertas afuera… No tengo que dar explicaciones a nadie, soy independiente. ¿Para qué, entonces, aguantar ronquidos, complicaciones o exigencias?

—¿Y está en la nueva moda de andar con hombres menores?
—Sí, definitivamente me gustan más jóvenes.

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