Bastián da la nota
Música
Su abuela y su madre crearon música. Ahora es el turno del ex galán ochentero. Mañana, al parecer, será el de su hijo Ian… La cadena no se corta y el actor refuerza su pasión en su primer disco: City tour, mezcla de jazz y de música latina. La vida hecha banda sonora.
Fotos Pía Vergara

Bastián Bodenhöfer (48, separado, tres hijos) se presenta cuan largo es con un estiloso sombrero de paja, polera de algodón ecológico y fumando tiparillos. Sobre la mesa un café y la caja metálica con los cigarros negros. Debe ser de esas pocas personas que tienen el privilegio de ser dueñas de su tiempo. Sin teleseries que grabar pero con numerosos proyectos… Tanta libertad lo tiene como ensimismado, en otra frecuencia.
Ahora músico full time, durante los ’80 y ’90 fue un apetecido actor en teleseries como Angel Malo y Matrimonio de papel, y cientos de mujeres crecieron viéndolo cada día al final de la tarde.
Nunca dio muchas entrevistas y entre los pasillos se afirmaba que era pesado… Para ser justos, digamos que no es un amor, pero está lejos de ser un plomo. Responde lo justo, aunque se apasiona hablando de política y del disco que acaba de sacar: City tour, de fuerte influencia jazzística, que lo tiene transitando por las veredas de la música junto a los Tacatacaband, que él mismo creó junto a un grupo de músicos profesionales. “Este disco hace un recorrido por Santiago deteniéndose en barrios, calles, plazas o hitos simbólicos. La capital esconde estilos muy diferentes y esta mezcla se da inclusive en un mismo espacio. En Bellavista, por ejemplo, jugué con distintos estilos musicales para que constituyeran la banda sonora de este lugar donde confluyen la bohemia, lo popular, los intelectuales y la taquilla. Lo mismo con Mapocho, en que se mezcla el mercado con el centro cultural y la plaza. La diversidad proviene de las influencias musicales que marcaron mi educación artística: desde Bach a Stockhausen, pasando por Satie, Brubeck, Zappa, Tania Maria, Chick Corea y, en general, música latina, africana, y de otros rincones, las que recogí y les di una identidad chilena”.
LA MÚSICA ESTÁ EN SU ADN. La abuela materna fue una reconocida soprano que llegó a Chile huyendo de la gran guerra en Alemania y su madre, una destacada compositora contemporánea. En su casa los acordes formaban parte del ambiente, lo que motivó a sus dos hermanos, que hoy cuentan con un lugar de prestigio en la industria. ‘‘Ilse Pola se llamaba la mamá de mi mamá, que en Alemania era una conocida cantante de ópera. Había tarjetas postales con su imagen; en 1936, le organizaban tertulias con cantantes, pianistas. Se vino con mi madre, Leni Alexander, quien se convirtió en una compositora muy importante. Cuando murió, hace tres años, le hicieron homenajes en varias partes del mundo. A los 8 años entré al Conservatorio para estudiar clarinete y saxofón. Entre medio seguí percusión, pero me faltó aprender de composición, armonía y contrapunto. Lo mío es teoría y solfeo de mis diez años en el Conservatorio de París”.
Iba por esa ruta cuando descubrió el teatro y se fascinó. “Aunque por diez años estudié música, no me creo profesional; es una carrera súper heavy, requiere gran constancia… Me siento limitado respecto de otros integrantes de la banda…”.
—¿No se cree talentoso?
—Si eso significa una cierta facilidad, intuición desarrollada, sensibilidad, sí… Pero si no hay un trabajo que lo acompañe, no sirve… Tengo buenas ideas, me siento muy honrado cuando a los músicos les gusta lo que hago. ¡Y lo paso tan bien componiendo, tocando! Es una droga, una felicidad que no me hace cuestionarme nada.
Hace seis años que Bodenhöfer se dedica a la música de forma sistemática. Su jornada comienza temprano. Desconecta el celular e instala el cartel de no molestar hasta que va a buscar al colegio a Ian, su hijo menor, de 8 años, y pasa con él la tarde. “Ese horario de 8 y media a dos de la tarde me volvió sistemático. Con su mamá (la actriz Aline Kupenheim) tenemos muy ordenados los tiempos, de forma igualitaria, por lo que resulta fácil programarse. Ella, que trabaja en su casa, necesita la misma soledad y rigurosidad. ‘‘Ian heredó mis genes musicales. Partió con piano a los 8 y ahora entra al Conservatorio. Estoy absolutamente orgulloso de él. Se parece a mí en la pasión, el amor y la sensibilidad por la música…”.
—Este disco suyo coincide con un período sin teleseries. ¿Una nueva etapa?
—Tal vez. A lo mejor estoy en una edad en que no tengo que dar demasiadas explicaciones.. En ese sentido hacer este disco ha sido una gran patudez. A diferencia de la actuación, con la música soy yo mismo, no un personaje.
“NO ME IMPORTA MI CARRERA NI MI IMAGEN’’, dice sobre su escasa presencia televisiva, la última vez como protagonista de la teleserie Cuenta Conmigo en Canal 13—. ‘‘Cada uno se construye su trabajo y no tengo problemas en golpear puertas, ofrecerme. No creo en la suerte, pero tampoco hago lobby ni tengo manager”.
—¿Cómo cerró su capítulo con Canal 13?
—Se cerró nomás; con los cambios de mando se desarmó un equipo humano increíble y nos dijeron: Oh, estamos tan felices con los resultados de la teleserie, fue una experiencia tan bonita… pero chao, cada uno para la casa… ¡fome poh!
—¿Es más fiel la música?
—Claro. En el teatro también me ha pasado que estoy enamorado de un proyecto y lo armo todo, pero ahora me resulta más facil la música; ser fiel a ella, con un equipo que ya está a la espera de nuevas grabaciones. Es como una guagüita que no quiero soltar en ningún momento… una obra, a largo plazo, estoy encariñado con ella.
—Los saxofonistas tienen un atractivo especial para las mujeres.
—Bah (dice haciéndose el sorprendido), voy a reflexionar al respecto… Para mí, en todo caso, el saxo es como una mujer… Puedes sacarle sonidos suaves y, también, chillidos, como cuando bailas apretado y le pisas el pie (se ríe). Es un instrumento hermoso, brillante, curvilíneo, además que se toca desde acá (el centro del pecho)… Bueno, todos tienen su gracia; algunos se abrazan y protegen, como el contrabajo. El piano es este toqueteo que podría ser como un gran masaje, suave o rígido…
—Entonces, ¿nunca ha usado el saxo como un elemento de seducción?
—¡Jamás! A lo más invito a un concierto, pero de ahí a tocarle un solo… ¡prefiero tocarla a ella!
—Qué poco romántico…
—¡Pero si soy y mucho! Atento, espontáneo, sensible… Nada de eso se invalida por el hecho de no tocar el instrumento más íntimamente…
—Hablemos de política. No estuvo en ninguna campaña y desde que renunció como agregado cultural en París no apoyó a la Concertación…
—No hay nada en este momento que me haga sentir identificado, no me dan ganas. Me llamaron para Frei y para Enríquez Ominami, pero ninguno me sedujo.
—¿Desencanto con el gobierno y los partidos?
—Algo de eso… estos veinte años de Concertación fueron necesarios para salir del período de Pinochet, pero existe cierto desgaste, a pesar que el de Bachelet ha sido el mejor de los gobiernos concertacionistas, lástima que no sea reelegible…






