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Lennon quería destruir a los Beatles

Ray Connolly, dueño de las polémicas cintas que hoy empañan la leyenda

Por: admin

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Ese famoso paso de cebra en el barrio de St John’s Wood que inmortalizó hace 40 años las zancadas de John, Paul, George y Ringo, marcó el lanzamiento del undécimo disco, pero también el principio del fin. Esta es la inédita historia del terremoto que sacudió a los Beatles.

Y Ray Connolly la conoce bien. Hace unas semanas este renombrado periodista y escritor inglés desempolvó sus cassettes de aquella época y encontró entrevistas a su amigo John Lennon que jamás publicó. “El hizo muchas cosas brillantes, pero uno de sus actos más inspirados, sin duda, fue destruir a los Beatles en 1969”, revela a CARAS.

Connolly estaba en Apple cuando supo que algo estaba mal. Escuchó cómo una reunión de la banda se transformó en gritos, corridas escalera arriba y abajo… Horas más tarde, conversó con John Lennon y lo sintió apartado del resto del grupo. Fue el momento de lanzar el titular: El día en que los Beatles murieron. Cuarenta y ocho horas después, le llegó una rosa blanca a su oficina y la tarjeta decía: Love from John and Yoko. El oscuro objetivo de Lennon se cumplía. En diciembre de ese año, John lo invitó a Canadá y le relató, por primera vez, lo que sucedió en esa tensa reunión: “A Paul le daba con hablar y hablar sobre lo que debíamos hacer. Así es que al final le dije: eres un tonto, un estúpido, me quiero divorciar”. Connolly no publicó esto hasta después de que McCartney sacara su primer disco solista en abril de 1970, junto con un ambiguo comunicado de prensa que, confusamente, daba a entender que era el propio McCartney quien había roto con el grupo. Y así fue como los titulares alrededor del mundo empezaron a reproducir la ironía de que el Beatle más acérrimo era el culpable del fin. “Fue todo un malentendido”, le habría aclarado Paul a Connolly más adelante.

Cuando John vio que los laureles de terminar con la leyenda no recaían sobre él, se enojó con Connolly. “¿Por qué no lo escribiste cuando te lo conté en Canadá?, le increpó. “Pero si me pediste que no lo hiciera”, se defendió Connolly. “Tú eres el periodista, no yo”, gritó John, enfurecido por perder el crédito de ser el artífice del derrumbe que tanto esperaba.

ftos-beatlesPara este escritor, todo partió un par de años antes, cuando tuvo que seguir a los Beatles en el Magical Mystery Tour como periodista del Evening Standard. “No conocía a nadie. Estaba aterrado. Así es que partí al hotel donde se quedaban. Y ahí estaba yo, sentado en un rincón del bar mientras todos conversaban en la barra. ¿¡Cómo voy a conocer a esta gente?!, pensaba. En ese instante Paul entró y la única silla desocupada estaba al lado mío. Así es que se sentó. Y yo por dentro: ¡¿cómo converso con Paul McCartney?!”. Pero su pasado lo salvó. En Liverpool había entrevistado al papá y al hermano de McCartney. Y así empezaron a hablar. “Desde ese momento hicimos click. Me llevó a la barra, me presentó al resto y me dio su teléfono. No lo podía creer. A partir de aquel día me la pasé en Apple y Abbey Road. El trabajo soñado…”.

The Beatles colapsó. Así de simple lo ve Connolly. Y bueno… 200 canciones en siete años lo dejarían más que claro. Para Billy Kinsley, guitarrista de los Merseybeats, la banda que llegó a ser la que más tocó con los fab four, cuenta a CARAS que el problema fue ella: “Cuando Yoko entró en escena, llegó el fin. Antes de eso, nadie les decía lo que tenían que hacer. Ni su productor George Martin los andaba mandoneando, sólo los aconsejaba. Pero no Yoko…”.

Al revés, Philip Norman —escritor de Shout, el revelador libro del grupo, y de una biografía de Lennon lanzada este año— cree que John fue quien presionó para que ella se incorporara a las grabaciones, confirmando la tesis de Connolly: “El quería que ella fuera un Beatle más. Lo realmente sorprendente fue la paciencia de los otros con esto”.

“¿QUÉ MIERDA ESTABAS TOCANDO EN TAL CANCIÓN?, preguntó Paul. Y Ringo contestó: Paul, no tocamos esa canción”, así de aburridos y cansados estaban. Este episodio de 1966, Kinsley lo tiene patente en su memoria, como también la idea de que los Beatles se transformaron en su propia piedra de tope al ser unos revolucionarios. Hacían cosas que a nadie se le ocurrían. All you need is love, que fue encargada a los Beatles para ser parte de la primera transmisión por televisión vía satélite, el 15 de junio de 1967. Recuerda que el sistema que tenían era tocar seis veces cada canción y después subir a la sala de control, café en mano, para escuchar y discutir cuál era la mejor.

“Ya tenían todas las segundas voces listas, pero faltaba el solo de guitarra, el bajo y lo más importante: la letra y voz principal. ¡Era la noche antes de la transmisión! No podíamos creer que fueran a cantar en vivo ante miles de personas alrededor del mundo sin tener la letra”. Así, revela que John apareció en 26 países de manera simultánea por la tele, leyendo la mítica letra escrita en un papel arrugado, porque la inventó horas antes de salir al aire.

Connolly también fue testigo de estas sesiones privadas. Y tan de cerca vio todo, que en sus cassettes desempolvados encontró la parte en que John, antes de planificar el fin, abiertamente y en un tono seco le confesó: “Los Beatles somos Paul y yo. Nosotros escribimos las canciones”. Esto explicaría por qué Lennon pensaba que la mejor estrategia para destruir a la banda era enfrentarse con McCartney.

En 1980, John y Yoko lo invitaron unos días a Nueva York. La pareja le pidió que se fuera directo desde el aeropuerto y se quedara en el Dakota con ellos, para luego organizar una entrevista.

Connolly volaría de Londres a NY en la madrugada. Sabía que una llamada lo despertaría para decirle que el taxi al aeropuerto estaba en su puerta. El teléfono sonó a las 04:30 am, pero el mensaje era otro: “Me avisaron del diario que le habían disparado. Media hora después la BBC confirmó que John Lennon estaba muerto. En vez de ir camino a juntarme con John, estaba escribiendo su obituario”.

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