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Garabatos de Héctor Velis-Meza

Literatura

Por: Paula Palacios

El académico soltó riendas y en su último libro —Malas palabras— hace historia con el origen de insultos milenarios, garabatos modernos y palabras ambiguas que son y no son… A los 60, se dio permiso para decir huevón en público y sentenciar: ‘‘¡No soy el talibán de las letras!’’.

Fotos Diego Bernales
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Quiso sacarse el estigma de conservador extremo, de académico perfecto y mateo por años dedicado a la investigación del lenguaje. Cumplió los 60 y el periodista-escritor soltó ataduras. ‘‘¿Qué pasa si a esta edad muestro mi lado B?, pensé. Mucha gente me ve muy serio, estricto, pero ¡no soy un talibán de las letras! Más de una vez he llegado a un lugar y los invitados dicen: ¡¿Qué vamos a hacer, vino este señor, cómo vamos a hablar?! Creen que vivo evaluando a las personas. Por eso pensé que era hora de permitirme decir poto en público”.

Así, Héctor Velis-Meza lanzó su libro número veinticinco —Malas palabras— que concentra la mayoría de los vocablos que ofenden, y que hace varios años viene desmenuzando en su programa Palabras con historias en radio Cooperativa.

eS RARO que garabatee este académico, comentarista de Teletrece Cable y miembro del directorio de la Cámara Chilena del Libro. “Crecí sin decir palabrotas porque en mi entorno nadie las usaba. Pero desde la universidad conviví con ellas, a pesar de que hice lo imposible para evitarlas. Cuando la radio me ofreció hacer un ciclo de malas palabras —con Cecilia Rovaretti y Rodolfo Baier— fue con la condición de no festinar con el tema, sino referirse a ellos en términos académicos. Eso fue lo más gracioso: no reírse mientras contaba la historia de la chucha o del poto, aunque varios tenían que salir del estudio para hacerlo”.

Este hombre viudo (que se había separado de su mujer, la que murió el mismo día en que quisieron volver), se declara lector empedernido. En su departamento, a un costado del Cerro Santa Lucía, y también en su parcela de El Monte, guarda más de 15 mil libros, la mayoría herencia de su madre, María Meza.

HAY GARABATOS QUE YA NO TIENEN FUERZA… SEGÚN EL ESCRITOR, HUEVÓN PERDIÓ AGRESIVIDAD.
Su obsesión por el origen del lenguaje y las costumbres sociales se remonta a 1992, cuando terminó el programa De todas maneras, que hacía con Cristina Tocco en Mega. “Quedé prácticamente sin trabajo. El gran problema de las escuelas de periodismo es que enseñan a ser empleados; como si fuéramos incapaces de desempeñarnos en otro lugar que no sea un medio de comunicación; entonces, decidí invertir en mí, generar proyectos. Tenía en la cabeza miles de historias leídas y se me ocurrió juntarlas en mi primer libro Palabras con historia. Era una veta interesante y atractiva de explotar que, además, me entretenía, por lo que me dediqué a hacer una biblioteca con este tipo de textos”. Luego vinieron Palabras, ideas e inventos con historia; Dichos, frases y refranes con historia; Anecdotario secreto de las comidas, bebidas y celebraciones; Historia secreta de la pelota; Anecdotario secreto del amor y el sexo; El libro de los por qué de la vida diaria, entre varios otros.

veliz200—¿Qué criterio ocupó para la selección de este último libro?
—Palabras que tuvieran una historia. Hay gente que me reclama porque no puse tal o cual… ¡y es que no he encontrado su origen! Por ejemplo, después de mucho, supe de dónde nace vituperio: significa reproche, casi un insulto. Sin embargo, aquí se usa como reunión, juntarse con amigos, tomarse unos tragos. ¿Sabes quién la inventó?, Canitrot del Jappening con Ja, que hizo un derivado de refrigerio y quedó en el inconsciente colectivo.

“Otra que por muchos años me mantuvo curioso fue chucha…. y la respuesta la encontré en Guatemala. Caminando por la calle pregunté por qué había tantos perros. ¡Sí está lleno de chuchos!, me dijeron. Así supe que a las perras les dicen chuchas y me acordé que a las prostitutas las llaman perras’’.

—¿Algún término que le haya llamado más la atención?
—Cornudo tiene una historia de cuento. El emperador bizantino Andrónico I era muy enamoradizo y elegía para sus aventuras a las esposas más agraciadas de los funcionarios claves de la Corte. Como sabía que con eso perjudicaba las relaciones con sus fieles servidores, los compensaba: cuando enamoraba a la mujer de uno, lo sorprendía gratamente entregándole en usufructo veinte hectáreas. Además, le daba el derecho de poner en la entrada unos llamativos cuernos de ciervo para advertir que no se podía recorrer sin autorización… Pero todos en la comarca sabían que él estaba siendo engañado y, aunque guardaban decoroso silencio, se reían a sus espaldas.

Para Velis-Meza, sin embargo, la palabra más sacrificada de la lengua castellana es poto: “Porque la Real Academia se negó por años a registrarla, aun cuando se usaba en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Incluso el profesor Mario Banderas decía que no existía, y que a las arañas de poto colorado había que decirles de culo colorado. Al final logró su reconocimiento. Es un término mapudungún (que significaría ano). En quechua es potongo.

—Hace poco, un diario peruano tildó a la Presidenta Bachelet de conchuda; lo que para nosotros es una grosería y ofensa de alto calibre, al parecer, en ese país tiene un significado distinto…
—Afuera tiene otra connotación. Lo más divertido es que el conchudo es un animal cubierto de conchas. Puedes decir ahí va un conchudo por un caracol, o me voy a comprar unos conchudos por unas almejas. El diccionario lo define como caradura, desvergonzado, que promete y no cumple. Pero para nosotros es el conchesuma…

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