Cultura, Espectáculos y TV

Escándalo por herencia de Stieg Larsson

Exclusivo, habla la viuda del superventas

Por: Yanina Sepúlveda

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Todos quieren leer la saga Millenium, que ha vendido más de 26 millones de copias en el mundo, aunque el autor no alcanzó a enterarse del éxito: un ataque al corazón le quitó la vida antes de hacerse famoso. Hoy, su compañera durante treinta y dos años lucha por recuperar los derechos sobre su patrimonio. En CARAS, los protagonistas de esta ácida polémica.

Trabajaba más de veinte horas diarias en un oscuro y diminuto departamento de Estocolmo. Sus historias policiales y brutales se cocinaron a fuego lento durante tres años entre sus dos cajetillas de cigarrillos diarias, restos de comida chatarra y tazones de café negro sin terminar. Tenía planeado concretar una saga de diez novelas, pero sólo alcanzó a terminar tres: el 9 de noviembre de 2004, a los 50 años, un ataque al corazón le impidió ver la edición final de la primera de ellas. Nunca se enteró de que su apellido se convertiría en sinónimo de superventas, millones de lectores adictos y menos que esa fortuna que no alcanzó a recibir, generaría una enorme polémica.

Cuando en Chile y el mundo entero ya se lanza la segunda edición de La reina en el palacio de las corrientes de aire www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=89586 (la tercera entrega después de Los hombres que no amaban a las mujeres www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=84874 y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=86391), la controversia por el destino de su patrimonio surge con más violencia que hace cinco años.

LAS GANANCIAS POR LOS 26 MILLONES DE COPIAS VENDIDAS de la trilogía Millenium y los derechos cinematográficos de estos libros son inmensas. Bien lo saben Erland y Joakim Larsson, padre y hermano menor del escritor sueco y hoy únicos dueños de la herencia, en desmedro de la mujer que compartió su vida durante 32 años y que, por no haber estado legalmente casada con él, no tiene derecho a un solo céntimo ni voz sobre el devenir de su obra.

Eva Gabrielsson fue la pareja de Larsson desde 1972 hasta el 2004, tiempo en que compartió con él sus aventuras como periodista de guerra y activista férreo contra el neofascismo que ganó fuerza en Suecia durante las últimas tres décadas. Socialista militante del ala más trotskista y revolucionaria, Larsson fue fundador de la revista Expo, publicación de denuncia de las organizaciones neonazis que consumió gran parte de su carrera y que lo obligó a vivir en forma clandestina debido a las amenazas de muerte que recibió hasta sus últimos días. “Nos conocimos en 1972, en una reunión sobre la Guerra de Vietnam en el norte de Suecia, y comenzamos a trabajar juntos”, cuenta Gabrielsson a CARAS, quien por primera vez habla para un medio chileno. “Nos enamoramos y vivimos juntos hasta el 2004, primero en Umea y luego en Estocolmo”.

LOS_HOMBRES_QUE_NO_AMABAN_A_LAS_MUJERES“EMPEZAMOS A SER AMENAZADOS EN 1983, cuando Stieg comenzó a escribir en la revista antifascista Searchlight, el modelo para lo que luego sería Expo. Tomamos un gran número de medidas de seguridad. Una de ellas fue no casarnos, pues en Suecia todos los matrimonios deben hacer públicos sus datos de residencia. Ser un ciudadano activo en pro de la justicia y la no discriminación tiene sus consecuencias. Pero nunca hablamos siquiera la posibilidad de detener nuestro trabajo. La gente silenciosa y pasiva ha contribuido al mal a lo largo de la historia. Nosotros no queríamos convertirnos en eso”.

Revela que llevaban una vida relativamente normal, hasta que a fines de los ’90 Stieg fundó la revista Expo, al tiempo de concretar un viejo anhelo: convertirse en escritor de novelas policiales. “Cambió dramáticamente el 2000, cuando comenzó a colaborar para la idealista fundación antifascista Expo. Su manera de trabajar se fue haciendo cada vez más y más extrema. Pero aun así, creo que su muerte temprana tuvo más que ver con factores genéticos. Stieg probablemente adelantó la fecha porque nunca cuidó su salud”.

La batalla de Gabrielsson apunta al hecho de que Stieg mantuvo una relación muy lejana y casi inexistente con ese padre y hermano que hoy ostentan los derechos y ganancias de su obra.

“Ellos nunca tuvieron un lazo con nosotros. El sólo vivió con su familia biológica entre 1954 y 1963, pues hasta los 9 años creció con su abuelo. Nuestros amigos, de hecho, ni siquiera los conocían”. Después de la muerte de Stieg, acusa la viuda, han controlado la totalidad de su trabajo sin informarle los movimientos hechos sobre éste y el dinero, evitando el contacto con ella. Afirma que la familia aprobó cambios de la historia en las recientes ediciones de la saga, en pro de hacerla más comercial y masiva, lo cual implicaría variaciones importantes entre las versiones suecas originales y las que circularon más tarde en el mundo, traducidas al inglés y otros idiomas. Lo mismo habría ocurrido con las adaptaciones al cine.

“Los cambios en la primera película son graves desviaciones del texto original. Y los que hicieron en las ediciones en inglés de los libros son otro ejemplo. Los Larsson han dicho okey a todo esto”, denuncia la mujer.

CARAS también conversó con Joakim Larsson, el hermano menor de Stieg. Afirma que la falta de acuerdo se debe a la negativa de ella a dialogar. “No es cierto que no hayamos mantenido contacto tras la muerte de Stieg. Hemos hablado por teléfono y mail. Es un problema que no quiera conversar con nosotros y que debamos leer toda esa basura a través de la prensa. Es parte de nuestra familia y queremos tener una buena relación con ella”. Además, niega que el contacto con su hermano fuera prácticamente inexistente. “Nos amábamos mucho. Vivimos juntos y compartimos la misma pieza cuando éramos pequeños. Yo soy tres años menor. Mi padre y él hasta fueron de vacaciones a España un par de años antes de que Stieg muriera. Se veían cada vez que podían. Mi papá les mandaba regalos a él y a Eva para cada Navidad. Incluso Stieg mantuvo un asiduo contacto por mail con mi hija, se deben haber escrito unas cien veces. El una vez dijo que ella fue una de las tres personas que inspiró su personaje de Lisbeth Salander. Afirmar cualquier otra cosa es equivocado y estúpido”.

Basado o no en su sobrina, el personaje de Salander es una expresión de la mirada liberal de Larsson y su intento por luchar contra cualquier abuso. “Stieg fue un defensor de las libertades civiles. Le preocupaban mucho los asuntos feministas y consideraba la opresión a las mujeres similar a la maldad y al racismo que tanto denunció”, explica a CARAS John-Henri Holmberg, amigo personal de Stieg Larsson y quien compartió con él sus aficiones literarias y políticas, además de su gusto por la ciencia ficción, otra de las pasiones del escritor.

larsson.stieg2Cercano a Eva, John-Henri Holmberg –amigo de Larsson– habla de la lucha de ésta por recuperar los derechos sobre el patrimonio, a diferencia de la editorial del autor, Norstedts, y otros pares que compartieron con él en Expo (contactados por CARAS, varios prefirieron no opinar, aludiendo el carácter familiar del conflicto. Gabrielsson, sin embargo, insiste en que han sido pagados por los Larsson para que guarden silencio).

“La voluntad de Stieg era que su patrimonio y obra fueran controlados por Eva, quien a su vez debía entregar los recursos necesarios para la subsistencia de Expo. Pero no hay papeles que lo avalen, aunque moralmente no hay dudas sobre lo que le corresponde a Eva”.

Eva ha sufrido dificultades económicas; incluso el departamento que ambos compartieron fue a parar a la familia del autor: “Recuperé mi hogar en Estocolmo, tres años después de su muerte y ahí es donde vivo ahora. Y claro que tengo carencias monetarias, gran parte de mis ingresos son para pagar a mi abogado cada mes”.

Joakim Larsson insiste: “Eva merece tener el control de una parte del dinero, pero debe ser capaz de hablar con nosotros primero. Y lo sabe. No tenemos nada que reconsiderar y seguiremos intentando alcanzar un acuerdo con ella”.

La existencia de al menos 200 páginas de una cuarta novela ha hecho más agria la pelea. Guardadas en el notebook del autor, Eva se niega a entregarlas a la familia, argumentando que harían cualquier cosa para ganar más dinero. Joakim Larsson responde: “Esas acusaciones son basura. Stieg quería que el dinero de ese cuarto libro fuera para Expo. La idea era que ella evaluara la posibilidad de publicarlo para cumplir los deseos de Stieg. Pero dijo no. Nosotros hemos desechado el interés sobre el cuarto libro. Sería difícil que alguien lo terminara. ¿Cómo saber si seguirá las intenciones de Stieg al respecto? Por eso, tenemos un acuerdo con Eva para que ella no concluya esa novela”.

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