Cultura, Espectáculos y TV

El escritor, los nuevos libros y su mirada a la Concertación

El Giro de Ampuero ‘Votaré por Piñera’

Por: Silvia Medina

Desprecia la fama. Admira la modestia. Se declara un hombre con suerte. De paso por Chile para relanzar La guerra de los duraznos, el escritor conversó de política, literatura y de su amistad con Piñera.

ampuero-600Fotos Camilo Melús

Lo sigo por las angostas calles del Cerro Alegre. Está nublado y algo frío. Bajamos hacia lo que solía ser el subterráneo de esta casona del siglo XIX que hoy es el hotel Zero. A través del amplio ventanal se distinguen los barcos apostados en el puerto. Es mágico. Es Valparaíso. En esos rincones se desarrollará la próxima novela de Roberto Ampuero (56). Uno de los escritores chilenos más importantes, con doce libros editados en Hispanoamérica y traducido a diez idiomas. Tan sólo en Chile sus obras llevan más de cuarenta ediciones.

Estuvo en el país relanzando La Guerra de los Duraznos, que Editorial Norma publicó para toda América Latina y España. “Es una novela política, pero no habla de represión, sino de solidaridad, de la defensa del más débil. La escribí hace 30 años en Alemania del este. Hay que verla en relación con Nuestros Años Verde Olivo, que muchos califican como una crítica al socialismo real. Ambas están vigentes para mí y representan el rechazo a todo tipo de dictadura, y la fe en que el ser humano lucha por la democracia y la libertad”.

Como para sus próximos libros necesitaba empaparse de Berlín, arrendó un departamento en el barrio Prenzlauberg, a una cuadra del derribado muro. Se quedó un mes con su señora. “Tenía que volver a recorrer los lugares emblemáticos de la RDA, como la Escuela Superior Wilhelm Pieck, en donde se enseñaba filosofía marxista leninista”.

Allí termina Nuestros Años Verde Olivo y comienza la novela, que se lanzará en 2011. También está trabajando en una obra vinculada a Los Amantes de Estocolmo y a Pasiones Griegas, que aparecerá en 2010. Ninguna tiene nombre todavía.

Mientras deja su boina y su colorida bufanda sobre la mesa, rememora. “Aquí crecí. Por allá está el Colegio Alemán, donde estudié; los pequeños pasajes entre edificios que sólo los porteños conocemos, el cerro Concepción… Me siento en casa”.

Viaja a Chile dos o tres veces al año. En el verano descansa en Olmué junto a su mujer Ana Lucrecia Rivera, guatemalteca criada en Austria y Estados Unidos, con quien acaba de celebrar 21 años de matrimonio, y sus hijos Ximena (18) e Ignacio (17), nacidos en Alemania y educados en Estados Unidos.

ampuero-220>HACE MÁS DE UNA DÉCADA QUE SE INSTALÓ EN IOWA, en el centro-oeste de Estados Unidos. Se levanta a las cinco y media porque es la hora en la que está “más fresco para crear”. Escribe sagradamente cuatro horas todos los días. En ocasiones, se acomoda en el café Java House, donde abren a las 6 y media de la mañana y le reservan la mesa más apartada. Un iPod con música clásica o jazz lo ayuda a aislarse del ruido de los comensales. A veces, elige melodías relacionadas con sus historias para trasladarse mentalmente hacia los escenarios en donde viven sus personajes. Luego, caminando porque no tiene auto, va a la universidad donde enseña la cátedra de Literatura creativa. “Hay hispanos, negros, asiáticos, anglos… Ya no asocias ser norteamericano con una raza y eso es bueno. Muy diferente a lo que pasa acá donde todavía para los trabajos se requiere ‘buena presencia’. Siendo profesor aprendí a ver a la gente con independencia de su color y aspecto, a valorarla por sus ideas”.

—¿Cuándo volverá Cayetano Brulé?
—Está descansando. Creo que vendrá en 2011.

—El apellido materno de su padre es Brulé, ¿qué le dijo él cuando lo creó?
—Hubo un encuentro de los Brulé del mundo en París hace poco, mis padres fueron, y todos estaban muy informados de que hay un detective en la literatura con ese apellido. Están contentos con él.

‘‘AMPUERO fue COMUNISTA Y AHORA ES DERECHISTA’’, le echan en cara sus ex amigos cuando critica al socialismo dictatorial. “Hoy, me considero un liberal. Lo soy en Estados Unidos. Renuncié a la juventud comunista en 1976. Han pasado 33 años y me siguen atacando como si hubiese pasado ayer”.

—¿Conserva amistades de esa época en el PC?
—Pocas. Algunos ya no están en el partido, otros sí. No entienden que la gente puede cambiar.

—¿Ahora parece que se fue a la Alianza?
—Me preocupa cuando en un país se queda un mismo grupo en el gobierno durante tantos años. Me asusta. En democracia es importante la alternancia en el poder, porque cuando se siente seguridad de que se continuará se toman menos precauciones y se es menos fiscalizador.

—¿Qué más lo inquieta?
—Creo que la Concertación se agotó. No tiene nuevas ideas. Está cuidando sus votos con el planteamiento ‘todos contra Piñera’, un ‘evitemos el triunfo de la derecha’. Eso no es un programa de gobierno, es lo que no quieren que ocurra. Además, nos conformamos cada vez con menos, íbamos a llegar al Bicentenario como un país desarrollado y estamos lejos, muy lejos de eso.

—¿Es piñerista?
—Estoy viejo para creer en fórmulas mágicas, pero Sebastián Piñera podría impulsar a este país a dar el siguiente paso para su desarrollo.

—¿Cómo se conocieron?
—Un amigo en común nos contactó hace como dos años. Él me llamó a Estados Unidos y luego nos juntamos en Miami con nuestras señoras. Pasamos unos días y se dio una buena química.

—Mucha gente dice que él no escucha.

—Cuando una persona empieza con cinco mil dólares y cosecha una fortuna de 1.200 millones de dólares demuestra que sabe escuchar y sacar sus propias conclusiones. Desde la primera conversación, me pareció interesante su actitud de preguntar mucho y ver en qué medida uno está convencido de lo que dice y de si las ideas se podrían concretar en un supuesto gobierno.

—¿Sería usted ministro de Cultura en un eventual gobierno de la Alianza?
—No creo en la política ficción (ríe con ganas). No soy asesor de Sebastián. Como amigo le he comentado algunas cosas. Pero creo que es un gran candidato. Votaré por Piñera.

—¿Qué medida propondría en cultura?

—Hay que promover a Chile con imágenes de la cultura. La visita de Michelle Bachelet a Obama no apareció en los diarios norteamericanos. El país sigue siendo conocido por Salvador Allende, Pinochet, Pablo Neruda, Isabel Allende. Son cosas puntuales, no hay una estrategia. La imagen de Chile en el exterior tiene que ir amarrada a sus creadores.

—¿Cómo ve a la izquierda chilena actual?

—Marco Enríquez-Ominami me parece un gran líder, valiente, lo celebro. Ha logrado poner el dedo en la llaga y rebelarse contra los dirigentes históricos de la Concertación. Miro con simpatía su proyección y es una carta segura para el futuro de Chile. A los de Juntos Podemos los veo identificados con Chávez, con Cuba, alternativas que a los chilenos no les resultan convincentes y con fórmulas superadas por la historia.

—¿Se vendría a vivir a Chile?
—No me puedo alejar de mis hijos. No está en mis planes volver al país. Mi mujer ha crecido mucho en el mundo norteamericano, se dedica al negocio inmobiliario y se siente muy bien allá… Y yo también.

—¿Se nacionalizaría norteamericano?
—Tendría que pensarlo. Tiene que ser una convicción interna, cuando diga ‘quiero ser’, porque me identifico más con su cultura y su lengua. Pero mientras no sienta eso, por una cuestión de honestidad hacia mí mismo y mi literatura, sigo siendo muy chileno.

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