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Cultura, Espectáculos y TV

Ninguna como Leni

Las cinco vidas de la Riefenstahl

Por: Alfredo López

Fotos Taschen

Actriz, bailarina, cineasta y fotógrafa, revolucionó el lenguaje audiovisual con planos y movimientos de cámara inéditos para potenciar la menuda imagen de Hitler. Una maniobra que le costó caro. A pesar de buscar la redención en el continente negro y refugiarse en la fotografía, jamás pudo escapar al estigma de haber sido ‘amiga’ del Führer. Murió a los 101 y hoy, siete años después de su partida, aparece una sorprendente publicación con las imágenes que hizo de la tribu Nuba en Sudán; además de unas increíbles tomas submarinas: a los 72 años se puso traje de buzo y se lanzó al mar.

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“No tuve más remedio que hablar personalmente con Hitler. En la tribuna no había sitio para la gran cámara de sonido. Donde fuera que la pusiéramos ocultaba la vista de los invitados de honor”. Es el relato de Leni Riefenstahl, quien a los 30 años era la directora de un soberbio documental de las Olimpiadas de 1936 en Berlín, un acontecimiento que para el Führer fue clave para difundir su poderío. Todo debía ser perfecto, en vivo y en diferido. “¡Usted puede poner sus cámaras ahí! Yo la autorizo. Al fin y al cabo sólo estorban durante unos pocos minutos, pero no más. Me alegraré de que pase pronto este jaleo, la verdad es que preferiría no asistir a estos juegos”, le contestó el dictador, mientras el mundo repudiaba su figura y los deportistas de elite de la época se excluían de las competencias como una señal de rechazo al horror.

Esta berlinesa, que nació en 1902, fue testigo excepcional de la trastienda del siglo XX. Helene Bertha Amalie, el verdadero nombre de Leni Riefenstahl, se inició como bailarina y luego siguió como actriz y directora de cine. Proveniente de una familia adinerada, tuvo una niñez acostumbrada al lujo. Los veranos eran en el exclusivo lago Zeuthener y su madre, una actriz frustrada que sobrevivió entre 18 hermanos, partía a escondidas con Leni al teatro y el ballet. El padre, dueño de una enorme fortuna gracias al negocio de las primeras instalaciones sanitarias y de calefacción en la capital alemana, no veía con buenos ojos la educación de sus dos únicos descendientes. Imaginaba a su hija como una hábil dueña de casa y a su hijo Heinz lo proyectaba como el continuador de su imperio económico.

leni200De temperamento fuerte e inquieto, Leni esquiaba, nadaba y jugaba ténis. Sólo cuando cumplió 17 se matriculó, sin el consentimiento paterno, en la escuela de danza expresionista de Helene Grimm. Ensayaba sin descanso y logró, en pocos meses, la técnica que sus compañeras habían conseguido tras años de estudio. La gran figura en esos tiempos era Anita Berber, quien protagonizaba un escándalo de proporciones al bailar desnuda en la polémica obra Danzas del horror, del vicio y el éxtasis. Un día se enfermó y le pidieron a Leni que la reemplazara. Su padre estalló en ira, le parecía inmoral, y la envió a un internado de señoritas. Obviamente, Leni ya había aprendido demasiado y por las noches se encargaba de dirigir en secreto a sus compañeras en improvisadas obras de teatro en las habitaciones.

A los dos años de encierro, no aguantó más, negoció con su padre e ingresó a la escuela de Ballet Clásico de Eugenie Eduardova y después a la academia contemporánea de Mary Wigman, en Dresden. Aquí conoce al pianista italiano Ferruccio Busoni, quien la pretende y le compone un vals. Pero a ella sólo le importaba tener un repertorio como solista en La danza al mar con música de Beethoven… Finalmente ofrece más de setenta recitales por todo el país solamente acompañada de un fondo negro y juegos de luces.

Pero sufre una caída que la obliga a descansar en Berlín. Camino al médico se topa de frente con el afiche de una película que le cambiará la vida: El monte del destino. La revisa en repetidas ocasiones y se entrevista con Arnold Fanck, el prolífico realizador de filmes de montaña. Le emociona observar que no se trata de rodajes en estudio, sino de escenarios originales. Es el comienzo de la famosa escuela de Friburgo, con equipos de alpinistas y esquiadores que además son actores y expertos en filmaciones de escenas riesgosas. Leni, en poco tiempo, se transforma en una de ellos y le ofrecen ser la arriesgada protagonista de El monte sagrado. Descubre en el montaje un nuevo proceso creativo y debuta como directora en La luz azul (1932). Recibe la medalla de plata en la primera bienal cinematográfica de Venecia y saltó a la fama.

Hitler se conmueve con esta pieza que parece ennoblecer las maravillas naturales de Alemania. Le pide que se haga cargo de la grabación de las concentraciones del partido, como el Congreso de Nüremberg y ella acepta. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, la ve como una competencia y no le informa acerca de las decisiones de Hitler en torno a su trabajo. En más de una oportunidad, el Führer miró a su alrededor y se dio cuenta de que ella no estaba. Encrispó los dedos y ardió en cólera: “¡Por qué no está aquí la señorita Riefenstahl!”, bramaba.

leni201Cuando el Reich se derrumbó, Leni partió al exilio en París y todas sus películas, documentales y fotografías fueron confiscados, material que hoy es considerado clave en la historia del lenguaje audiovisual. Fue ella quien introdujo efectos insospechados, contraplanos, contrapicados y movimientos de cámara con rieles y tolvas mecánicas.

Todo el mundo la repudiaba por su supuesta colaboración al nazismo, tuvo que prestar declaraciones en más de cincuenta procesos en su contra, el más fuerte por haber utilizado como extras en el filme Tierra baja a gitanos prisioneros en un campo de concentración. Su matrimonio con Peter Jacob, un oficial de la Wehrmacht, fracasó en medio de las acusaciones.

En los ’50 se reinventa, esta vez como fotógrafa. Con una cámara Arriflex filma a los Nuba, una aldea sudanesa que mantiene los ritos de sus antepasados. Fotografía, además, impactantes escenas de formas modernas de esclavitud y se enamora para siempre de los pueblos de Africa oriental y central. Las imágenes de sus fantásticas máscaras y danzas rituales dieron la vuelta al mundo, al punto que fueron el detonante para el trabajo de fotógrafos de distintas latitudes, como el chileno Roberto Edwards que reconoce en Riefenstahl la influencia para sus famosos Cuerpos Pintados.

A los 72 años aprendió a bucear y se internó, cámara en mano, en el fondo del mar, registrando corales en el Caribe, Australia y el Indico Cuando cumplió los 100, el Moma de NY inauguró una retrospectiva de su obra y ella decide emprender un nuevo viaje a Sudán. La idea: visitar a sus antiguos amigos de la comunidad de los Nuba. El helicóptero que la trasladaba se precipitó desde quince metros de altura y sufrió graves lesiones en la columna y costillas. Apenas respiraba y lentamente comenzó su recuperación. Un año después, el 8 de septiembre de 2003, mientras dormía profundamente, sus amigos dijeron que sencillamente había dejado de soñar.

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