Juego de Seducción
Gustavo Russo y su apasionado show de tango
El aclamado espectáculo se presentará en el Teatro Nescafé de las Artes justo cuando se celebre el Día de Gardel. Gustavo Russo, coreógrafo y director de Tango Seducción revela las razones del gran éxito mundial de este montaje que le ha valido el título del Barishnikov del tango.

Un acorde de bandoneón, intenso y apasionado, se apodera del escenario. Al ritmo de Piazzola bailarines entrelazan las piernas, juntan sus cuerpos y también sus almas, porque el tango es eso, conquista pura. Una veintena de artistas dan vida a Tango Seducción, uno de los shows más refinados y potentes de la danza argentina, y que ha obtenido los mejores comentarios en Europa. La crítica de Le Figaró dijo: Los bailarines merecen un premio a la excelencia… rivalizando la seducción y sensualidad, la sincronización de sus movimientos alcanza la perfección, mientras que el Metro de París publicó: El Barishnikov del Tango está de regreso…. Esta compañía porteña que ha actuado en Bielorrusia, República Checa, Grecia, Francia, Holanda, Croacia, Israel, Brasil, Austria, Estonia, Emiratos Arabes, llegará a Santiago el 25 y 26 de junio y se presentará en el Teatro Nescafé de las Artes. Antes de partir a Chile, su director, coreógrafo y bailarín, Gustavo Russo habló con CARAS y explicó cómo se gesta noche a noche el sensual montaje.
Cuenta que la puesta en escena está dividida en tres partes. “La primera es la más tradicional, con los íconos típicos del tango y relata sus orígenes en el siglo XIX. Coreográficamente es donde demostramos cuán buenos son los bailarines. Hay un poquito de alarde técnico. En la segunda, se presentan los clásicos como La Cumparsita y los diferentes estilos. En el tercer acto está el leiv motiv. Allí realmente está la historia y el mensaje que tiene que ver con la intensidad de la seducción”, explica Russo.
Si bien un gran porcentaje de la música del show es de Astor Piazzola, también hay de otros autores, “toda la historia del tango de los años ’30, los ’50, pasando por D’Arienzo y Troilo”, comenta el director y agrega: “Quiero destacar el aporte de Roberto Santocono como director musical, porque le transmito algo en lo que me inspiré o le propongo una idea e inmediatamente me dice cuál es el tema adecuado para ese concepto”.
—¿Es cierto que usted odiaba el tango?
—De adolescente lo detestaba. Mi madre lo tarareaba todo el día y yo pensaba que era para viejos. Sin embargo, a los 17 años, cuando ya había decidido estudiar medicina, sin saber cómo me enamoré de esta danza. Nunca pensé en llegar al lugar donde estoy. Trabajaba en las casas de San Telmo como hobby y era la forma de pagarme la universidad. No obstante, con las primeras giras me fui alejando de los estudios de medicina y el bailarín le ganó al médico.
—¿Cómo definiría el show?
—Uso el baile como un instrumento. Lo utilizo para expresarme como artista. Tango Seducción tiene mucha música y cuadros que no se limitan sólo a la danza. En sí, tiene la intención de hacer pensar a la gente. La parte coreográfica y musical quedará en segundo lugar y pasará al primero el argumento, la intención de lo que se quiere decir.
—¿En qué se inspira para realizar las rutinas?
—En las escenas diarias de la vida. Puedo estar en un café mirando por la ventana y la gente que pasa me inspira. Alguna vez alguien me preguntó por qué tenía una visión tan dura, pero en realidad no es mía, sino que es lo que realmente pasa afuera.
—Un poco como transitar en la historia…
—Sí, pero no del tango. Quizá mucho público irá para ver el virtuosismo de los bailarines, pero me interesa más aquel que intenta interpretar mi mensaje. Transmitir lo que tengo en mi espíritu es más importante que el estilo o el conocimiento de la danza.
—¿El elenco se renueva?
—Sí claro, aunque para mí siempre es difícil elegir bailarines. Deben tener buena técnica, conocimiento de otras danzas y al mismo tiempo ser capaces de interpretar. Me ha pasado con algunos, que tenían una disciplina a toda prueba, pero que adolecían de alguna de las otras cualidades. Con la cantidad de giras que hacemos y la convivencia diaria que tenemos, si la relación no es buena repercutirá en el escenario. Por eso hay que ser minucioso en la elección.
—¿Pasa lo mismo con su pareja de baile? ¿Hace cuánto que está con ella?
—Hace seis años que bailo con Samanta García. Ella es el ideal que nunca busqué… tuve una pareja de tango por mucho tiempo y cuando nos separamos dejé de subir al escenario y me dediqué sólo a dirigir la compañía. Con Samanta volví como bailarín.
—¿Cree que el tango sólo es bien bailado por los argentinos?
—No, no, de hecho se baila bien en todo el mundo y hasta me atrevería a decir que en algunos lugares lo hacen mejor que los de Buenos Aires. No tengo dudas.
—¿Contrataría un extranjero?
—Sí, de hecho tengo en la compañía a una brasileña, excelente profesional. No tengo reparos con la nacionalidad de un bailarín, pero hay que reconocer que ser porteño da un carácter.
—Entonces…
—En Europa si alguien quiere bailar lo hace estudiando. Acá lo normal es que si la gente quiere bailar, va y lo hace. Es una cuestión cultural. Como porteños, ojo que me refiero no sólo a los de Buenos Aires, sino también a los de Montevideo, tenemos una idiosincrasia muy particular y eso se transmite en la forma de pedir un café, de caminar… y también se nota en el escenario. Técnicamente muchos pueden ser impecables, por ejemplo, los alemanes, que estudian todo tan perfectamente, pero les falta feeling. Por eso varios extranjeros se vienen a Argentina con becas para poder entender las costumbres y absorber la autenticidad.
—¿Piensa que el tango continuará con los jóvenes o es para viejos, como pensaba antes?
—Al principio nadie valoraba el tango. Pero cuando se organizaron festivales afuera y se ganó mucha plata, le tomaron el peso. Lo fomentaron como una moda, un negocio. Por supuesto que en la oleada hay mucha gente que lo toma bien, no por esnobismo. Estamos en ese momento. Hay otros que le hacen mal al tango, porque le sacan identidad poniendo cosas muy comerciales. Está bueno que haya personas que se interesen, que lo mantengan vivo.
—¿Y qué espera de su actuación en Santiago? ¿Qué expectativas tiene?
—Nunca he ido a Chile con este espectáculo, pero Roberto (Santocono) ha vivido allá y tiene muchos amigos, en eso tiene más experiencia que yo. Me gustaría que no sólo fueran los cultores del tango, sino todos los que aprecian un buen espectáculo. Estoy entusiasmado con eso, que venga público que quiera ver algo distinto. He estado dos veces en Santiago y otra en Viña con Mariano Mores y sé el nivel del público. Me encantaría que aprecien el espectáculo que les vamos a brindar.
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