Cultura, Espectáculos y TV

¡BARAKAZO! en Buenos Aires

Llegó a Chile la obra que arrasa en Argentina

Por: CARAS

Por Matilde González Fotos Paula stoliar

La pieza teatral que se ha presentado a tablero vuelto en Argentina, se presentó en Chile. Los protagonistas, actores consolidados y de gran oficio, hablan de Baraka.

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Amistad, mentira y traición. Cuatro amigos que se vuelven a reunir. ¡Baraka!… un grito de guerra, un saludo propio que echan afuera al reencontrarse. Son los elementos clave de la obra de teatro que cosecha éxitos hace casi dos años en Buenos Aires. Bajo la dirección del talentoso director Javier Daulte y del productor Pablo Kompel, ya ha recorrido Bogotá, Montevideo y también estuvo en Santiago, en el en el Teatro Nescafé de las Artes.

El elenco completo recibió a CARAS en medio de los ensayos.

Los actores aparecen en el mismo orden que lo hacen en el escenario: Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Hugo Arana y Paula Kohan, la única mujer. Podrían pasar por el típico ‘grupete’ que en un café habla de fútbol, trabajo y faldas. Hay fiato, se nota. Son actores consagrados, pero no mediáticos. ¿Sus vidas privadas? Eso… privadas. Cada uno ha alcanzado la cima de su carrera tras unos 35 años de trayectoria en la televisión, cine y teatro.

Están expectantes por actuar en Santiago y sorprendidos por la convocatoria que ha generado Baraka. Acaban de llegar de Uruguay, donde trabajaron a sala llena; también estuvieron en Colombia y luego los esperan cinco meses de temporada en Madrid. En Argentina, tras un año y medio en cartelera, la obra ha tenido más de 200 mil espectadores. Ha sido tal el suceso, que los ha puesto en el candelero como si la hubieran protagonizado en la pantalla chica: “Nos sorprende ver que los taxistas y la gente en la calle nos para. Sólo estamos haciendo teatro, nada de televisión. Es un fenómeno extraño”, comenta Darío Grandinetti.

—Darío, cuando tuvieron el libreto de la pieza de la dramaturga holandesa María Goos, ¿cómo se repartieron los personajes?
—Los primeros en ver la obra fueron Jorge (Marrale) y Juan (Leyrado). A medida que leíamos, cada uno pensó en cuál quería interpretar. En mi caso pensé en ser Pedro (un empleado público, homosexual, que valora el arte). Cuando convocamos al director, Javier Daulte, le dijimos qué papel haría cada uno, lo que es atípico. Fue idea nuestra llamar a Javier (Daulte) y al productor, Pablo Kompel con quien habíamos trabajado muchas veces. Pensé que Javier no aceptaría porque sólo conduce sus propias obras. Pero quiso estar al mando, aun cuando los actores ya nos habíamos repartido los personajes.

—O sea, sin discusión, todo se conversó…
—Somos un grupo poco convencional. Cuidamos nuestro trabajo, también nos apoyamos entre nosotros, nos importa que el espectáculo se mantenga vivo y fresco. Por lo general se ensaya con compañeros, se forma un elenco, una compañía, pero aún con mucho respeto cada uno tiene objetivos distintos. Acá, a pesar de la singularidad de cada uno, hay un objetivo común… el principal es cuidar la puesta en escena. Nos gusta llegar temprano y estar muy dispuestos a la labor.

—¿Juan, qué le atrajo de Julián, hombre de pocos escrúpulos y a las puertas de ser ministro?
—Cuando leo un guión, ya en la página doce me doy cuenta si lo quiero hacer o no. Hubo algo que tenía que ver con el personaje, pero iba más allá… se relacionaba con esos hombres en escena, todos caracteres tan reconocibles. Podía prender la televisión, salir a la calle, mirar a mi alrededor y verlos. Me di cuenta de que eran muy contemporáneos, muy reales. Paralelo a eso, estaba la posibilidad de volver a trabajar juntos.

—Y en el caso suyo Jorge, con ese abogado que arranca tanta ternura en el público…
—Al leer la pieza, no tuve dudas de qué rol quería. Me pareció que Tomás era algo que me debía, un reto. Me gustó la idea de hacer a este abogado, desequilibrado, que sale del siquiátrico y se hace cargo de la causa de su amigo. Me pareció que Tomás representa formas de individualismo, que nos protejen para que el resto no sepa demasiado de nosotros.

—Hugo, qué tal el rol de Martín, el empresario teatral arrogante y hasta perverso…
—Bueno, no me quedaba mucha elección… Paula eligió ser la Rusa (¡ja,ja!). Cuando vimos los papeles me pareció lógico interpretarlo, ¡no sé por qué! Creo que para darle un aspecto, un carácter que yo no he recorrido, y qué mejor que intentarlo con este grupo, donde uno se equivoca tranquilo. Si cometes un error, no viene la guerra, ni el desprecio, sino una cuota de ayuda. Martín representa la soledad profunda que existe en la sociedad y que nos lleva a actuar como aves de rapiña. Expone nuestras fragilidades.

—Paula, su rol de prostituta rusa viene a poner un poco de distensión…
—Quiero aclarar que este papel me llegó por audición. Es un mérito de los actores, de la producción y del director aceptar que alguien desconocido se una a un grupo ya formado. Tuve esta maravillosa oportunidad, mi personaje marca la presencia femenina. Tuve que aprender un poco de ruso, me gusta mucho hacerlo.

—Jorge, esta es una pieza que retrata la amistad masculina, pero fue escrita por una mujer…
—Baraka trata de vínculos, de cuatro conexiones multiplicadas. En ellos pesa mucho el inicio, cómo fue la primera etapa de conocimiento con el otro. Me da la impresión de que la obra habla del paso del tiempo, de lo que sucede a cada uno de los integrantes y de cómo ese tiempo va modificando la relación entre ellos. Pero fundamentalmente se trata de nexos humanos, que tienen que ver con la amistad masculina, que es tan especial y muy diferente a la femenina. Posee una mística única y aunque acá no se va a descubrir la piedra filosofal, sí echa luz sobre los pros y los contras de tener ciertos amigos.

—Darío, leí que había risas del público en momentos en que ustedes no las esperaban…
—Lo que nos pasó con esta obra es que al momento de leerla, a todos nos pareció divertida y con mucho humor. Cuando la empezamos a ensayar dudamos que alguien pudiera reírse. Ya en el estreno, la gente se divirtió y mucho, pero a nosotros nos sorprendió que se reían en el momento en que no correspondía, pero luego siguió siendo así y nos acostumbramos. El temor era que la obra fuera pesada, tensa y es fantástico ver que en otros países la gente se conmueve y lo pasa bien.

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