Cultura, Espectáculos y TV

P’ta madres y mamones

Madres

Por: Rodrigo Barría

Fotos Diego Bernales.

¡A mucha honra! Quisimos entrevistarlos por farreros y mujeriegos… pero nos encontramos con que su punto débil son las mamás. Todo lo alocado y vividor de Sebastián Eyzaguirre, Raúl Correa, Dióscoro Rojas y Claudio Fariña se desvanece al hablar de ellas. ¿Quién lo diría?

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Dióscoro Rojas es el último en llegar. Viene apurado: hace un rato terminó una conferencia de prensa en donde los guachacas anunciaron una campaña de recolección de calzoncillos largos para los viejos de las hospederías del Hogar de Cristo en las zonas más afectadas por el terremoto. Dióscoro, generoso, abre una bolsa plástica y empieza a repartir una prenda para cada uno de los comensales que lo esperan.

En la mesa —alrededor de copas que comienzan a llenarse de buen Cabernet Sauvignon, machas a la parmesana y ostiones hirvientes— están Raúl Correa (propietario del restorán Raúl Correa&Familia, concejal de la UDI en Vitacura y nuevo vecino en Olmué), Sebastián Cuchillo Eyzaguirre (cáustico notero del programa CQC), Claudio Fariña (el señorial periodista de TVN) y el cantautor Dióscoro Rojas, fundador de las cumbres guachacas. Quisimos reunirlos por vividores, mujeriegos, chicha fresca, buenos para los amigotes, enamoradizos y cancheros. Unos p’ta madres ¡a mucha honra! que hablaron sin tapujos de sus mamás.

Abre los fuegos Claudio Fariña: “Mi madre es María Angélica Gallardo. Era de Puerto Natales, pero ahora está en Puerto Montt. Es dueña de casa, una señora que no pudo terminar su educación porque quedó embarazada de mí, todo esto en tiempos complejos, más aún en un lugar como Puerto Natales, con su cultura machista. Y por eso mismo fue literalmente desheredada por su abuelo.

madres300—Raúl Correa: Mi mamá se llamaba María Inés Brahm. Era de Puerto Montt, de los viejos colonos alemanes. La conocían como la nana Brahm. Era una vieja teutona exquisita, que se veía como perfecta, que tocaba piano… Fue dueña de casa y cocinaba de primera. Para qué te digo la repostería, ¡una maravilla! Pero hace nueve años le vino un cáncer de mierda y en cuatro meses se despachó.

—Dióscoro Rojas: Mi vieja era la Flor María, hija de campesinos inquilinos. Sus papás se llamaban don Primitivo y doña Lucía. Ella participaba mucho en la iglesia y era re buena para cantar. Además, era la jefa de la Cofradía de la Virgen del Carmen, una cosa muy importante en la zona de Lontué, de donde somos nosotros. También fue la primera presidenta de la DC en el pueblo.

—Sebastián Eyzaguirre: Mi madre hoy es una empresaria. Se llama Elena Rodríguez y tuvo la inteligencia de dejar de ser dueña de casa para comenzar a preocuparse más de ella. Es una vieja chorísima que hace yoga, viaja con amigas…

—¿Y qué relación tuvieron o tienen con ellas?
—Claudio: Compleja. Tuve hasta problemas legales en mi vida, estuve preso, y ella no movió ni un dedo. Prefirió martirizarme, que pasara la noche en el calabozo. Fue enferma de rigurosa. Mi papá no me tocó nunca, pero ella los pelos y más…

—Sebastián: ¿Te sacaba la cresta…?

—Claudio: Sí, pero no lo digo con resentimiento ni amargura. Yo también era un tipo bien hiperkinético. Imagínate que una vez hasta quemé parte de la casa. El problema es que nos parecemos mucho y por eso no podemos estar más de media hora juntos. Igual nos extrañamos.

—Raúl: Mi caso es distinto: mi mamá fue sobreprotectora. Igual era más severa que mi papá. Recuerdo que me enseñó a tocar guitarra. Cantábamos juntos. Después me fui a vivir al sur por 20 años y de alguna manera siento que me la perdí durante todo ese tiempo. Nos veíamos tres o cuatro veces al año. Ahora pienso en lo bueno que habría sido estar más con mi vieja.

—Sebastián: Es cierto lo que dice Raúl. Yo he tenido opciones de trabajar afuera, pero una de las piedras de tope es que me costaría perderme los últimos años de mi vieja. No quiero que suene mamón, pero no me gustaría sentir que estuve poco con ella.

Dióscoro interrumpe las incursiones de su cuchara en el grandote e hirviente plato de sopa y lanza unas palabras de apoyo a Eyzaguirre:

—Dióscoro: Es muy sabio lo que haces. No tiene nada de mamón.

—¿Y la relación con tu mamá, Dióscoro?
—Dióscoro: Fue buena. Mi papá se iba a dormir temprano y mi mamá agarraba una de las cuatro guitarras que había en la casa y métale su cuequita y su canto. Cuando me fui a Talca a estudiar empecé a cantar en los festivales y los ganaba. Ella era la única que me apoyaba y felicitaba.

madres301LA CONVERSACIÓN ES RELAJADA y pareciera el encuentro de viejos compañeros de curso que se sinceran usando de testigos un buen mosto, platos dominados por el puré picante y el café de sobremesa.

—¿Qué creen que entrega una mamá y que no da el papá?
—Raúl: Lo que pasa es que el padre quiere que uno sea profesional y exitoso. La mamá te entiende mejor. Yo le planteaba cualquier tema y lo entendía perfecto y me daba el mejor consejo, el más sabio. Los viejos, al revés, tiran la pachotada encima nomás.

—¿Y qué pasa con las mujeres con las que han estado? ¿Han buscado estilos parecidos o diferentes a los de sus mamás?
—Claudio: Creo que semejantes y por eso es que he buscado mujeres de carácter.

—Sebástián: Capaz que sea inconsciente, pero es cierto que me gustan con el perfil de mi mamá: aperradas, que se sacan la cresta y que no arrancan apenas dejan de sentir cosquillas.

—Claudio: Es verdad eso de que uno quiere mujeres que no se amilanen, que no sean lloronas. Y el ejemplo viene de mi mamá, llena de fortaleza y a la que nunca he visto llorar.

—Dióscoro: Bueno, para mí la mamá está relacionada con el humo, la cocina a leña en invierno, los braseros y los aromas de las cosas que ella hacía. Por ejemplo, las mermeladas. Me acuerdo las de melón y ciruela. La imagen que tengo de ella es también de cocina. ¡Cocinaba tan bien mi mamá, weón! Es curioso, pero cuando uno crece siempre busca el aroma de ese recuerdo. Creo que por eso me gustaría tener una mina cocinera.

—Raúl: ¿Y yo no te gusto Dióscoro? (lanza con picardía Correa mientras los comensales ríen de buena gana).

—Dióscoro: Nooo, si yo tengo mi mujer que está en Francia. Ella viene, muele un pan y hace unas verdaderas maravillas.

—¿Y cómo se portaron sus mamás con las mujeres, con las nueras?
—Raúl: Es que estuve con varias, pero la más importante fue mi señora, con la que fue gran amiga. Lo que pasa es que siempre he sido un marido muy fiel (dice con algo de ironía). Pero siempre estuve atento al consejo y sapiencia de la vieja. Ella advertía antes de tiempo si es que me veía en algo raro, con o sin razón. Las viejas son zorras…

madres302—Sebastián: A las viejas les basta mirarte y te cachan altiro. ¡Pero si te parió pos weón! Te conoce desde que naciste en todas tus reacciones. ¿Qué le vas a mentir? En mi caso, la condición fundamental que debían tener las novias era que quisieran mucho a su hijo. Tampoco mujeres tontas, frívolas ni caprichosas.

—Claudio: La mía era lo más antipropaganda que hay de mí. A todas las mujeres con que estaba se encargaba de decirles todos mis defectos. Que se cuidaran y que no vinieran después llorando porque les había advertido cómo era. Igual hablamos relativamente seguido. Lo que pasa es que sé que si estamos juntos vamos a pelear, pero es parte de la forma de querernos. No lo veo como una cosa dramática.

—¿Y tienes otra anécdota que refleje el carácter de tu mamá?

El comandante de los guachacas intenta retomar la conversación y rinde un homenaje sentido a las féminas de pueblo.

—Dióscoro: ¿Saben? Yo creo que la mujer popular es la que sostiene los hogares y la que mantiene el alma de Chile. Y eso es porque los hombres somos harto maricones.

—Claudio: Exactamente, somos malos para el dolor y pésimos para sufrir.

—Sebastián: Perdón, pero creo que la cosa cambió. Me parece que las mujeres de hoy son iguales o más malas para el dolor que los hombres. Antes las viejas se bancaban todo. Hoy eso ya no existe.

—Claudio: ¡Anda a buscar una mujer que se quiera casar sin departamento y amoblado…!

—Sebastián: Puede que se casen con poco, pero al año te dicen que estaban acostumbradas a otro nivel y chao nomás.

—Dióscoro: Me quedo con el amor de las madres chilenas por la familia. Tienen una idea de progreso muy fuerte. Siempre están con la cosa de que sus hijos deben ser más. Lo veo en mí, cuando miro a mi hija que va a la universidad y me acuerdo de cuando yo iba a pata pelá a la escuela.

—¿A QUIÉN LES HABRÍA GUSTADO TENER DE MAMÁ? ¿Una chilena como quién?
—Sebastián: No pues, esa es una pregunta de mierda. Yo estoy feliz con la que tuve.

—Raúl: La Julita Astaburuaga. Una vieja chora, encachada, divertida, amiga de sus hijos…

—Claudio: A mí la Mireya Baltra Moreno. Una vieja comunista notable, vendedora de diarios que llegó a ser ministra del Trabajo de Salvador Allende. Valiente, autodidacta, de pueblo, corajuda. Cuando el resto saltaba embajadas para asilarse ella andaba con su pistola yéndose a un cordón industrial a defender lo indefendible. Esa podría haber sido una buena mamá sustituta.

Claudio Fariña intenta que el guaripola de los guachacas los acompañe en la búsqueda de una mamá admirada o querida.

madres303—Claudio: Ya pues Dióscoro, tú también debes decir alguna, o vamos a quedar sólo nosotros como maricones que elegimos otras mamás…

—Raúl: ¡Va a decir la Violeta Parra…!

—Dióscoro: Nooo, la diputada por Magallanes Carolina Goic.

—Claudio: ¿Y por qué ella?

—Dióscoro: Es que me habría gustado tener los ojos azules… (lanza junto a una risotada).

—Sebastián: En realidad la Julita es chora. Pero a la mía no la cambio por ninguna. Aunque no sé, también habría sido rico haber llegado cagado de frío del colegio y que la Michelle Bachelet me hubiese tenido sopaipillas.

—¿Y cuál es la mamá más rica de Chile?
—Raúl: ¿La Maura Rivera tiene hijos…?

—Sebastián: No, pero está rica la Maura…

—Raúl: La Bolocco también está estupenda.

—Dióscoro: Insisto en la Carolina Goic. La otra es la señora del ex alcalde de Recoleta. ¿Cómo se llama? Ah, la Claudia Noguera. O mejor la Sharon Stone. ¡Esa se pasó!

Los comensales ya deben irse, pero antes de partir lanzan una duda común:

—Fariña, ¿vas a celebrar o no a tu mamá?

—Claudio: Oye, no crean que hay mala onda. Si mi mamá también se olvida de mis cumpleaños. Ahora, yo también me he olvidado de llamarla el Día de la Madre y para sus cumpleaños…

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