Cultura, Espectáculos y TV

Milostich y sus molinos de viento

Exclusivo, revela su dramática historia

Por: Silvia Peña

El actor dejó atrás su período más oscuro, está de vuelta en las tablas con El Quijote y también en TVN, como el cura de la serie nocturna Conde Vrolok. En esta entrevista exorciza al Señor de La Querencia y revela una impactante y desconocida historia personal: su padre lo ‘secuestró’ por cinco años y luego murió en sus brazos.


Fotos
Claudio Doenitz Producción Germán Romero Maquillaje y pelo Constanza Polanco
julio600
Julio Milostich (43) lleva un collar con un ají prensado y un anillo de cobre y plata hecho por su novia veinte años menor… El pelo crespo súper desordenado y una descuidada barba, que le sirve para caracterizar al Quijote y al padre Faustino en Conde Vrolok de TVN. Su figura se recorta a contraluz mientras lee las escenas de El hombre de La Mancha, el musical que interpreta junto a Amaya Forch y que se presenta este fin de semana y el próximo (21 al 24 y 28 al 31 de enero) en el Teatro Municipal de Santiago. Un clásico que se repuso después de casi 30 años y que ha servido para que en los próximos meses entren en cartelera otros proyectos del mismo género. Esta es una obra que Milostich quiere profundamente porque fue un cable a tierra cuando terminaba su rehabilitación contra algunas adicciones.

—Qué coincidencia, volver al teatro de la mano de un personaje loco, sin freno…
—Pero adorable. Para él los molinos son monstruos gigantes. Hay una analogía muy linda, el Quijote apareció cuando yo me estaba sanando y le había dicho no al teatro, a la televisión… Estaba bloqueado. Y casi por instinto fui a una audición y ¡qué suerte que resultó!

—¿Por qué había decidido cortar con todo?
—Estaba en estado de negación. Consideraba que no podía dar el ciento por ciento en ninguna cosa. No podía amar, trabajar, compartir. Necesitaba recuperarme primero. Por eso no actué en Elisa, se quedaron con el vestuario listo de Bruno (un papel que finalmente hizo Pancho Reyes). Un día hablé con Quena (María Eugenia Rencoret) y le expliqué que no podía. Fueron muy generosos en TVN, me dijeron sánate. De pronto me llegó una escena y una canción de El Quijote. Pensé: esto está escrito para mí. El ideal, el imposible, salir adelante, perseguir un sueño… Fui a la audición, me puse un bigote de papel y la energía fue increíble. Hasta el día de hoy es sanador interpretarlo. Me recuerda quién soy, lo que me pasó, que estoy súper vivo, que soy capaz de dar el doscientos por ciento. Esa capacidad de tener mis propios sueños imposibles está íntegra.

—¿Tiene muchos imposibles?
—Claro. De hecho, protagonizar El Quijote en el principal escenario del país lo era. Estar trabajando en ello es una vitamina de vida y, además, la crítica ha sido súper buena.

julio200Nos instalamos en un rincón de la productora donde trabaja el montaje, con una espectacular vista al Cerro San Cristóbal y al Parque Forestal. Milostich toma agua mineral y fuma un cigarrillo tras otro. Abre sus ojos claros, se ríe con soltura. Está en un momento de quietud después de un intenso pasado que lo tuvo a punto de ir a la cárcel y luego internado en una clínica de rehabilitación para alcohólicos. Episodio que mira con distancia, como si le hubiera pasado a uno de sus personajes, y del que no puede hablar en detalle por un acuerdo judicial con la otra parte.

Estaba en el peak de su papel como José Luis Echenique (El señor de La Querencia), cuando se trenzó a golpes con su amigo Marcelo Aravena, propietario de un bar en Ñuñoa. Heridas, contusiones y una querella por homicidio frustrado fue el resultado de esa noche de furia. Luego vinieron los acuerdos. Pidió disculpas por escrito, pagó 600 mil pesos y Aravena retiró la demanda. Entre medio estuvo internado en una clínica para adicciones. Todos le echaron la culpa a las altas cuotas de maldad que debía manejar el personaje de la teleserie.

—¿Qué inspiró a ese hombre tan monstruoso?
—Es fuerte confesarlo, pero viene de mi experiencia personal. Tengo la imagen de un padre violento. Mientras actuaba no podía dejar de ver, en algunos momentos, su actitud conmigo. Paradójicamente eso me ayudaba… pero era terrible ver en este personaje conductas de mi padre. Aunque el porcentaje mayor para armarlo fue buscar en mis demonios.

—Pero no queda claro qué desató la crisis…
—Me podría haber agarrado a combos en otro momento de mi vida y a nadie le hubiera importado, pero resulta que estaba haciendo al ser más violento que se había visto en televisión en mucho tiempo; claro, fue bombo y carnaval. Hubo un aprovechamiento mediático de eso. El personaje era muy intenso y me agarró en la cresta de la ola, pero no sé si fue solamente por eso…

—Estuvo en una clínica de rehabilitación. ¿A qué era adicto?
—Era adicto a la noche, muy bohemio, de carrete fuerte, me sobregiraba con facilidad. Estuve en rehabilitación porque me pasaba de copas. Estaba en un mal período. Tengo que juntarme con Marcelo (Aravena) y decirle me equivoqué, pedirle disculpas, quisiera recuperar su amistad.

—Cuando dice que estaba pasando por un mal momento, ¿a qué se refiere?
—Cosas personales que no tenía resueltas.

—¿Tienen que ver con su historia o con sucesos puntuales?
—Cosas que uno arrastra. Los males silenciosos son los peores, de repente puedes explotar por nada. Y me fui a negro… No quiero que me ocurra nunca más en la vida.

—¿Eso lo descubrió en la terapia?
—No quiero hablar de eso. Es muy personal. Sí puedo decir que se aclaró el día y que ya no me ahogo. Tengo más resolución de mis cosas, se me abrió el mundo porque estaba muy encerrado en mí mismo. Había un silencio que me hacía mal.

julio202—El teatro se mueve en la bohemia, ¿cómo lo hace, se volvió abstemio?
—No soy santo, está claro. Trato de portarme muy bien, lo mejor que puedo. Hay mucho en juego. Ahora soy cauto, observador, me meto mano…

—¿Qué es eso de meterse mano?
—Estar alerta conmigo. Ahora sé frenar. Aprendí a decir ¡paraaa! Ese método me ha servido para todo. Antes era un desatado. Ahora estoy sano y feliz. Tengo pega, una compañera linda (Paloma, hija de Amaro Labra, líder del grupo Sol y Lluvia). Ella me ha acompañado en todo. Y también estuvo en los días más duros la madre de mi hijo Mateo (3). En realidad muchos se la jugaron por ayudarme.

Julio siempre ha tenido gente cerca que lo acoge, desde que vivía en Punta Arenas donde nació y creció como el menor de cinco hermanos.

Su infancia se divide en un antes y un después de la muerte de su padre. Tenía 10 años cuando éste murió en sus brazos. “Me acuerdo de ese instante, el año ’77. Vivíamos solos y estábamos durmiendo abrazados. Sentí su brazo un poco frío, se levantó y empezó a caminar, tenía un color raro. Me dijo que todo lo que estaba ahí era mío… Me asusté mucho y salí corriendo a buscar ayuda. Era un niño y sentí la muerte cerca. Una ambulancia se lo llevó, murió a las tres de la tarde después de tres ataques cardíacos. El primero lo tuvo conmigo y yo no me di cuenta, los médicos dijeron que había sido muy suave. Fue una experiencia muy fuerte. Una pena muy grande, pero también un sentimiento de liberación enorme”.

—¿Por qué vivía con él?
—Mis padres estaban separados. Un día, cuando yo tenía cinco años, a mi viejo se le ocurrió llevarme a pasear y nunca más me devolvió.

—¿Qué hizo usted, su mamá…?
—Dio lo mismo lo que hiciera ella o yo. Me tuvo cinco años con él, hasta que murió. Me llevaba a trabajar, éramos vendedores ambulantes.

—¿Veía a su madre?
—Los fines de semana, pero siempre quise vivir con ella. Eso me traía hartos sufrimientos y problemas con mi papá. Cuando él murió me liberé. Me fui con mi mamá y empezó otra infancia, extrovertida, bonita. Jugué todo lo que no pude antes.

—¿Se reconcilió con su papá?
—No sé. El era músico, construía baterías y cantaba muy bien, también tocaba acordeón, bandoneón, guitarra. Sentí su ausencia cuando de grande descubrí que me gustaba la música, y que me podría haber pasado su experiencia. Ahora tengo 43 y no sé tocar ni el timbre. Además, soy zurdo y cuesta encontrar a alguien que me quiera enseñar.

julio30020 AÑOS EN EL UNDERGROUND CHILENSIS haciendo teatro independiente y otras actividades como barman, dj o cantor de micros. “Para mantenerse en el teatro alternativo hay que tener una disciplina grande, todo depende de ti, del ñeque que le pongas. Y eso requiere ser estricto y disciplinado, pero se hace con un gusto especial porque es propio. La televisión también la hace uno, pero hay un equipo que arma la máquina”.

—Habla con nostalgia.
—Extraño el teatro independiente. Pienso volver pronto a dedicarle tiempo. Entré muy de golpe a la televisión y me comió, dejé de lado el escenario. Hasta que llegó El Quijote… Estoy en un proceso de adaptación, de orden, incluso económico; no puedo vivir toda mi vida sin teatro.

Hizo pruebas para la teleserie Romané. No quedó y se frustró. “Dije no voy nunca más, porque no me pescaron ni en bajá”. Al poco tiempo la tele lo buscó a él. Mientras actuaba en una obra, la encargada de casting de Canal 13 lo reclutó. “Estaba armando el elenco de Hippie. Y me metió de sopetón como pareja de Carolina Arregui”. Luego vinieron Brujas, Descarado y Papi Ricky. Sin embargo, su gran salto fue como Bernardo O’Higgins en la serie Héroes (2007). Nominado al premio Altazor, María Eugenia Rencoret lo fichó para el área dramática de TVN. Y el éxito lo tocó.

“Comprendí que la televisión es un trabajo arduo de mucho respeto porque implica harto más que ir a actuar. Hay que lidiar con la exposición. Pero con los años hasta encuentro entretenidas las entrevistas. Antes tiritaba cuando me ponían una grabadora, no sabía qué contestar. Hoy lo manejo en la justa medida. Me gusta ser reconocido, pero no invadido”.

—¿Está domesticado?
—Se domestica uno con el tiempo… Todos lo hacemos un poco.

Vea video de esta sesión de fotos

Comparte esta noticia