El regreso de la musa
Tamara Acosta
Fotos Diego Bernales. Producción María José Prado. Maquillaje y pelo Pablo Gálvez.

Después de cinco años con un pie acá y otro en Europa, decidió echar raíces en Chile. Una posible tercera temporada de la exitosa serie Los ’80, el Teatro a mil y la nueva teleserie de Canal 13, donde interpretará a la mujer de un hombre lobo, la tienen trabajando a todo dar.
Tamara Acosta (36) es pequeña, de movimientos y voz suave que no se condicen con el inmenso bolso en el que acarrea lápices de todos los colores, agendas y un sinfín de objetos como si se fuera de campamento. En la vida real es muy distinta al personaje que interpreta en la serie Los ’80; más joven e intensa. Pide una ensalada que apenas come y deja en off el celular imposible de encontrar entre tantas cosas… Es una de las musas del cine chileno y está de regreso, después de cinco años viviendo entre Santiago y Madrid. Está a full con las grabaciones de la nueva teleserie de Canal 13 donde será la enamorada de un hombre lobo (Cristián Campos), y alistando su rol en la obra Topografía de un desnudo de Jorge Díaz, que se presenta, a partir de hoy, en el Teatro a Mil, donde interpreta a una prostituta.
Los ’80 de Tamara —una inquieta preadolescente en los barrios de San Bernardo— no fueron fáciles. “Era una época gris, de pobreza, recesión, dictadura… —recuerda—. Estaba en el Sagrado Corazón, un colegio de curas muy progresistas; con mucho trabajo social y yo metida en un montón de cosas. También fui acólita, le ayudaba al curita en la misa con unos trajecitos de angelito que me encantaban. Incluso soñé con ser monja, pero me gustaba participar, estar en la chuchoca. Eso fue como a los 10 u 11 años. Después me convertí en scout”.
Es la segunda de tres hermanos. Creció en una familia estricta y poco dada a los permisos. “Me costaba salir, era protegida; tenía que hacer escándalos, con harto show y llanto para que me dejaran ir a una fiesta. Después opté por hacerlo a escondidas, inventaba que iba a estudiar donde una amiga ¡y partía hasta con cuadernos!”.
A los 14 años ingresó al Partido Socialista Almeyda. En su casa casi se murieron. “En ese momento se vivía la política con miedo. ¡Nadie sabía que el del lado podía ser sapo! Además, parte de mi familia era pinochetista. A mi casa llegaba la revista Hoy, la Mensaje y escuchaba radios Cooperativa y Moscú. Abrí los ojos. Lo más impactante que recuerdo fue el Caso degollados. Fue atroz, siniestro”.
—¿Si tuviera que comparar esa época con la actual?
—Por supuesto que nunca volvería a aceptar otra dictadura, pero había en Chile un motivo superior que unificaba y nos hacía tener esperanzas, un ideal común que implicaba valores como la democracia, la libertad de expresión y que hoy ya no existe. Te encontrabas, te ‘olías’ con la gente que era más o menos parecida… Ahora todo es ambiguo; la consecuencia dejó de ser un valor fundamental; se ha perdido el sentido, la idea de país, de sociedad… Es la globalización; el triunfo del libremercado no sólo en lo económico sino en lo ético. Y la tecnología ha cambiado mucho las relaciones humanas.
—Es raro, pero a pesar de la crisis económica y los horrores, está la sensación de que fue una época feliz….
—No sé si era tan así, pero estaba la idea de que había que hacer algo importante y que tenías que ser firme en tus convicciones. Hoy todo es no, bueno ya… ¡Y así es difícil mantenerse fuera de ese sistema!
Nunca se planteó actuar. Quería ser arqueóloga, periodista o bailarina clásica… “pero como era muy porra y me fue pésimo en la prueba, alguien me contó que había una escuela de teatro en El Canelo de Nos. Fui pensando que me serviría para no aburrirme y ¡me volví loca, me fascinó! Después entré a la escuela de Fernando González y constaté que eso siempre fue lo mío: en el colegio era parte del grupo de teatro, cantaba y animaba el festival, también fui presidenta de curso, siempre me gustó el escenario. Ahí encontré algo que era más que el aplauso y que aún no sé qué es…”.
Tamara sufría depresión endógena ya en ese tiempo… “Debo haber tenido varios episodios, con momentos buenos y malos sin ser diagnosticada. Al principio eran bajones y después se volvieron inhabilitantes, de cuidado… La gente que no la ha tenido no sabe. No es sólo no poder levantarse, es como estar muerta… Todo se hace muy difícil… Lo peor es que la gente no entiende, es atroz cuando estás mal y te dicen: es que tienes que poner de tu parte, tirar para arriba… Esa frase NUNCA debes decírsela a alguien que está con depresión, ¡jamás!”.
—¿Cuándo lo descubrió?
—A los 20 fui por primera vez a un sicólogo y a los 27 años me diagnosticaron. Ahora me tomo mi pastilla y listo, claro que me da terror recaer… Con el tratamiento cambié, me volví a contactar con una parte mía que tiene mucho más sentido del humor, alegría.
Ya recuperada, Tamara partió a España a estudiar y a trabajar en teatro. “Inconscientemente buscaba rearmarme. Perdí los miedos, me tomé, me acogí y me perdoné. Allá hice grandes amigos que se convirtieron en mi familia, y mis miedos —por ejemplo— de pasar la Navidad sola, sin más compañía que el árbol de Pascua, desaparecieron. ¡Nunca estuve sola ni me quedé sin plata!
Allá, en los últimos dos años vivió con su pareja, el director de cine Sebastián Araya, con quien tiene una relación sólida aunque sin pretensiones, por ahora, de hijos o matrimonio.
—Es curioso, pero a pesar de estar entre un país y otro durante estos cinco años, en Chile jamás le faltó el trabajo…
—Tengo suerte. He sido tocada por una estrella que me ha favorecido durante toda mi carrera y al vivir en España me la estaba farreando. Me gusta trabajar en Chile, ir a grabar, el mundo que se arma con los compañeros, los técnicos…
—¿Y no será que en España las cosas tampoco se dieron tan fáciles, por eso se vino?
—Bueno, claro… Lo que hacía allá no era nada comparado con mis proyectos de acá… Tampoco me esforcé mucho en cambiar las cosas.
—¿Lo vivió como una derrota, un fracaso?
—No. Fue una experiencia diferente de vida, súper personal que tampoco tenía sólo que ver con el trabajo… Fue mi pareja quien me dijo: está bueno, volvamos…, Si no, capaz que me hubiera quedado ¡para siempre!
Video de la segunda temporada de los ochenta

