Kubrick loco por Napoleón
La gran obra inconclusa del cineasta
Por Franco Fasola
La mayor obsesión del cineasta Stanley Kubrick fue llevar a la pantalla la vida de Napoleón. Sin embargo, el filme que tuvo un presupuesto de más de 100 millones de dólares actuales, nunca pudo hacerse.

Stanley Kubrick (’2001 Odisea del Espacio’, ‘La naranja mecánica’, ‘El resplandor’…) se quema las pestañas leyendo. Es de noche en su mansión inglesa y el director ya ha estudiado más de 500 libros sobre la historia de Napoleón Bonaparte, el menudo soldado francés que cambió el orden mundial en el siglo XIX. La obsesión del cineasta había partido en 1967, cuando —casi con locura— empezó a acumular material sobre lo que proyectó, sería su mayor obra cinematográfica. Una especie de Titanic que nunca zarparía más que en la mente de Kubrick, pero que Editorial Taschen acaba de convertir en papel con ‘Stanley’s Kubrick’s Napoleon: The Greatest Movie Never Made’, un volumen de 1.100 páginas que recopila 15 mil imágenes, además de cartas, anotaciones y reflexiones que el director neoyorquino hiciera sobre su obra cumbre, que nunca pudo ver luz, pero que en su cabeza tenía un presupuesto de más de 5 millones de dólares (unos 100 millones de dólares actuales) y que contaría con las actuaciones de David Hemmings como Napoleón y Audrey Hepburn como Josefina, el eterno amor del emperador.
Alison Castle, la recopiladora del material para Taschen, reunió el último guión del director, de 1969; la libreta de producción; la descripción de las escenas desde su etapa como general de ejército a los 26 años hasta su muerte en el destierro, pasando por su periodos como cónsul, emperador, jefe de un ejército invencible, además de hitos dolorosos como el divorcio de su amada Josefina o la derrota e invasión de Francia. En el texto también hay cartas a los actores que habían sido seleccionados, fichas bibliográficas y un monumental banco de 17 mil imágenes de personajes, fotos y dibujos de los modelos de uniformes de los distintos ejércitos, armas y vehículos… toda una recreación de los escenarios en los que Napoleón estuvo. Además cuenta con las transcripciones de las conversaciones con el mayor experto del momento, el historiador de Oxford Felix Markham, un recorrido por un siglo de filmes napoleónicos y hasta un análisis del rigor histórico del guión.
Mientras Kubrick terminaba la posproducción de 2001… esbozaba las primeras líneas del guión de su obra definitiva. En ella, un Napoleón, de cuatro años, sostiene en sus manos un oso de peluche. Años después, ese esmirriado personaje, era dueño del destino del mundo. Cuando le preguntaron al director por qué la obsesión por el militar francés, no tardaba en responder que su historia era redonda: héroe de muchas batallas con un amor frustrado. Y lo más importante: sexo, violencia y traición garantizadas.
“Me fascina Napoleón. Su vida se ha descrito como un poema épico de acción. Fue uno de esos hombres raros que trastocan la historia y moldean el futuro de su época y de las generaciones venideras en un sentido muy concreto. Nuestro propio mundo es el resultado de los actos de Napoleón, del mismo modo que el mapa geopolítico de Europa es la consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Y no hay que olvidar que nunca se ha hecho una película buena o precisa sobre él. El puro drama y la fuerza de su vida es una temática fantástica para una biografía cinematográfica”.
Y agrega que su vida sexual era digna de Arthur Schnitzler. “Si nos olvidamos de todo lo demás y nos fijamos sólo en la relación sentimental con Josefina, por ejemplo, tenemos ante nosotros una de las pasiones obsesivas más grandes de todos los tiempos… De manera que la película no será una simple reconstrucción histórica polvorienta”, decía Kubrick.
Alison Castle piensa que “Kubrick estaba más interesado en el soldado, en su motivación sicológica y su sentido de la estrategia como conquistador militar, que en el ejecutivo, el legislador, o en su monumental legado civil a Francia… Usa una imagen poco romántica, de un realismo duro, incluso brutal”. En una de sus conversaciones con el historiador Felix Marham, Kubrick le dice que sospecha que Napoleón “no habría sido un buen jugador de ajedrez, incluso aunque jugara mucho, porque una de las claves es reconocer que hay momentos en los que no hay ni movimientos de ataque ni de defensa. Ese intermezzo lo llaman los alemanes zwischenzug. Son los movimientos que a menudo marcan la diferencia en las grandes partidas, porque realmente no tienes nada que hacer. Es una posición complicada”.
EL PRESUPUESTO FRENÓ LA MEGAPELÍCULA. De hecho, fue el elemento que pospuso eternamente el sueño de Stanley. Mientras Jan Harlan se encargaba de la producción, expertos en historia napoleónica lo asesoraban hasta en los más mínimos detalles e incluso iniciaba conversaciones con el ejército rumano para conseguir 10 mil soldados que sirvieran como extras en las épicas batallas que tenía pensado rodar en Italia, Egipto, Rusia y Francia, el asunto se empezó a empantanar. Kubrick diseñaba pueblos arrasados tras el paso triunfal de Napoleón, pero el presupuesto estimado para las tres horas de película, desalentó a los estudios MGM, los que se desentendieron del proyecto a fines de 1969. Con el desastroso fracaso cinematográfico de Waterloo en 1971 (del soviético Sergei Bondarchuk), el proyecto de Kubrick recibió un golpe en la mandíbula. El director decidió concentrarse en la realización de ‘La naranja mecánica’ y Barry Lyndon. Napoleón ya estaba terminado… en su imaginación. Con la muerte de Stanley Kubrick en 1999, a los 70 años, se fue también el único humano capaz de llevar a la pantalla a aquel soldado que modificó Occidente para siempre y que murió desterrado en la isla de Santa Helena, donde dictaba sus memorias y recordaba sin paz a su amada Josefina, la mujer de su vida.
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