¡Luna de miel!
Pedro Almodóvar y Antonio Banderas de...
Por Jeff Dawson / The Sunday Times / The Interview People. Adaptación: Mariola Montosa.
Se pelean, besan, abrazan… Hablan sucio entre ellos y al segundo juran amistad y lealtad. Después de 21 años vuelven a trabajar juntos en La piel que habito, un thriller que llegará a Chile en los próximos meses.

Entrevistar a Pedro Almodóvar es una locura. Sentado en un sofá dorado del hotel Westin Palace de Madrid, el director habla animadamente sobre sus inspiraciones cinematográficas. “La América underground, John Waters… Influencias muuuy sucias”, balbucea entre risas mientras esperamos a Banderas. El uso de una intérprete para resguardar su inglés produce un efecto muy cómico, similar a la escena de su película ‘Tacones lejanos’, cuando Victoria Abril, en el rol de una presentadora de televisión, confiesa en directo un asesinato. La encargada de traducir a Almodóvar es una escultural mujer del Reino Unido, que lleva un vestido de cóctel rojo furioso, demasiado estilosa para un domingo por la mañana, aunque no estaría fuera de lugar en una de las cintas del español. El inglés del director es bueno, pero no se enfrenta a la prensa sin la intérprete porque, advierte su relacionador público, “Pedro se entusiasma de-ma-sia-do”.
Entra Antonio Banderas. Salta sobre Almodóvar, lo besa apasionadamente en cada mejilla, se deja caer a su lado y grita: “Confío en él. Lo admiro. ¡Le quieeero…!”.
Una procesión de camareros va de aquí para allá trayendo las bebidas que pidieron, lo que obliga a Almodóvar a reubicar sus Ray-Ban plateados y bolso de cuero. Retoma la conversación inicial. El caos del ambiente no puede ser más apropiado para las atropelladas palabras del realizador, parece una metralleta, sigue añadiendo nombres a su lista de influencias: “…Y el pop británico, Richard Lester, los Beatles y Carnaby Street. Mucho más limpio, menos dirrrrrrty…”.
El último estreno de Almodóvar y Banderas, ‘La piel que habito’, es el primer trabajo conjunto en 21 años. Ellos dicen que no hubo alejamiento: “Nos hemos estado viendo en Los Angeles”, enfatiza Banderas. “Piensa que yo le entregué a Pedro su primer Oscar”. Y tiene razón. En el 2000, la noche de los premios de la Academia, Antonio acompañaba sobre el escenario a una entonces desconocida Penélope Cruz, cuando ésta gritó pueblerinamente ¡¡Pedro!!, anunciando la estatuilla por Todo sobre mi madre.
“Nuestra amistad sigue siendo la misma”, confirma Almodóvar. “Es como mi hermano pequeño. Yo le llamo a él y a Melanie (Griffith) mi familia americana”. Es la reanudación, insisten, de una alianza que comenzó con Laberinto de pasiones (1982) y que tuvo su adiós luego de Atame (1989), cuando Banderas se marchó en 1990 a Estados Unidos para convertirse en una estrella de Hollywood y Almodóvar se transformó en un aclamado y extravagante cineasta.
Pero no es cierto. Sí hubo distanciamiento. El propio actor lo reconoció en algunas entrevistas a lo largo de estos años. Lo que pasó en realidad es que a Pedro no le gustó que Banderas rechazara un papel que le ofreció en Kika, porque el actor quería rodar un filme en EE.UU. “El me había creado, yo en cierto sentido era algo suyo. Vio mi partida como una traición”, contó al diario francés Le Journal du Dimanche. Nadie osa decir no a Almodóvar y cuando Antonio lo hizo, el cineasta lo sentenció. “Tuvo palabras muy duras: Hollywood te va a aplastar, vas a malgastar tu talento y yo te lo habré advertido —recuerda el actor—. Ha necesitado tiempo para perdonarme”. Lo mismo pasó con Carmen Maura, su antigua actriz fetiche. El director la eliminó de su vida y producciones, según ella, “porque no soportaba que me hubiera hecho tan imprescindible para él”. Y pasaron también casi 20 años sin hablar, hasta que él le ofreció un papel en Volver.
Banderas, incapaz de pronunciar, ni entender, una sola palabra en inglés en sus comienzos, asentía con la cabeza educadamente cuando se reunía con agentes de Beverly Hills. “El joven que llevaba el café se dio cuenta y me dijo: ¿quieres que te represente en Estados Unidos? Y yo le respondí: ¡claro, lo que sea!”. Así consiguió un papel en el drama musical Los reyes del mambo, con la condición de que aprendiera sus líneas de memoria. Este papel le llevó al de amante de Tom Hanks en Filadelfia. Conoció a Melanie (su relación fue un escándalo en la época pues ambos tenían sus matrimonios) y conquistó Los Angeles en un momento en que los latin lovers estaban de moda. De ahí vinieron varias superproducciones, como El Zorro o Shrek, y los laureles en Broadway.
Aunque no todo ha sido tan fantástico. Ha tenido que hacer frente a las adicciones de Melanie, superar crisis matrimoniales, caído en tentaciones con compañeras de reparto como Angelina Jolie o Madonna y lidiar con números rojos en algunos de sus negocios paralelos (restoranes, un pub, una empresa de barcos turísticos, una marca de aceite, una bodega de vinos, una cadena de cines y su propia productora).
Los fans de esta dupla pueden estar seguros de que La piel que habito es retorcida, síntoma de un cineasta “cuyas películas —explica Banderas— pueden pasar de Shakespeare a un culebrón mexicano”. El guión tuvo vida desde un comienzo, “se hizo más y más barroco en la forma en que se estaba desarrollando la idea”. Hasta cuesta resumir la trama. Digamos que se trata de un cirujano plástico viudo, el Dr. Robert Ledgard (Banderas), quien arrastrado por la locura busca vengar a su hija víctima de una violación. El agresor recibirá un macabro escarmiento. Además, el argumento relata en paralelo la obsesión de este doctor por crear una nueva piel gracias a los avances de la terapia celular, técnica que hubiera salvado a su mujer de morir a raíz de graves quemaduras luego de un accidente en auto.
Almodóvar habla de su fascinación por los transgénicos y la piel artificial, puntos presentes en este estreno, aunque el argumento de fondo es “la venganza de un padre. Me pareció muy original, fuerte e impactante”, explica el director, que convirtió a Ledgard en un sádico a sangre fría. La piel que habito fue calificada en la categoría de terror.
“Decepción” o “falta de intensidad” fueron algunas de las pesadeces. El director hace años que se justifica con el argumento de que en España no le comprenden. De todos modos, los norteamericanos le han dicho que la película es perfecta. Obvio, se la comprarán. Y eso es lo que importa. Ya se estrenó en Francia, próximamente en Nueva York y en Chile también está programado su debut para la cartelera del segundo semestre.
Actor y director describen al protagonista de ‘La piel que habito’ como un fascista. De la boca de un par de españoles no es un adjetivo casual. Ambos deben sus carreras a la dictadura de Franco, o más bien a sus consecuencias, cuando formaban parte de La Movida madrileña, una explosión artística después de décadas de represión. La mayoría de las creaciones del cineasta son una mezcla extravagante de comedia y melodrama kitsch, donde aún son frecuentes explosiones contra la autoridad. La mala educación (2004) fue una respuesta a los abusos sexuales que se cometieron en el colegio católico al que acudió el propio realizador.
“En un mundo de comida rápida, Pedro todavía tiene pelotas para hacer platos muy complicados”, elogia Banderas al cineasta que a los 61 años sigue innovando. Pero la “maleta de trucos” que ha ido acumulando el actor durante sus años en Hollywood fue rechazada por Almodóvar el primer día de rodaje. “Se enojó conmigo en ciertos puntos…”.
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