Post mortem
Cine
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Antes, durante y después del golpe militar, se desarrolla la incipiente relación entre un funcionario de la morgue y una vedette del Bim Bam Bum, dos amargados seres anónimos. Pablo Larraín hace un ejercicio similar al de Tony Manero, mostrando que la violencia de esos años nace de una sociedad pervertida, de gente alienada, ajena a la convulsión política. Como en la escena de la autopsia de Allende, donde los militares parecen meros espectadores, inocentes de la crueldad ambiente. El gusto por lo sórdido y la excesiva perfección (planos tan preparados que se les nota la hechura), con actuaciones frías y robóticas, hacen del cine de Larraín un solemne espectáculo de lo grotesco, para una época imposible de asir sin lecturas políticas.

