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Cultura, Espectáculos y TV

El Apocalipsis según LaChapelle

Por: CARAS

Por Lenka Carvallo y Alfredo López Fotos retratos LaChapelle Taschen, Editorial Contrapunto.

Es el fotógrafo más solicitado por las estrellas y adicto confeso a los excesos de la farándula. Célebre por sus imágenes cargadas de una brutal ironía, como aquella de Kurt Cobain y Courtney Love como Cristo y María Magdalena, hoy anuncia que prefiere retratar “a desclasados e inmigrantes anónimos”. Se cansó de inmortalizar a los famosos. “No quiero más con ellos ni con su enorme ego”, dice el retratista considerado el heredero de Andy Warhol.

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Retratista de la lujuria y los excesos, David LaChapelle (42 años, sin pareja conocida, vive en NY), apenas tenía seis años cuando sintió el llamado. Estaba de vacaciones con sus familiares en Puerto Rico y, mientras jugaba con su cámara, vio a Helga, su mamá, tomando sol en un balcón. Le impactó la belleza de la escena. Ella en bikini, brindando con champagne y riéndose a carcajadas como si el mundo estuviera a su pies. Desde ese momento quedó obsesionado con la fotografía y nunca más dejó de disparar. Buscaba rostros en la calle, en el colegio, en los centros comerciales…

Era el bicho raro de la escuela, sensible y amanerado. “Me llamaban marica y me tiraban la comida en la cafetería”, recuerda. Lo pasó mal y más de una vez pensó en suicidarse. Evadía la realidad soñando que se codeaba con las grandes personalidades del cine, la televisión y el arte. Veía las revistas e intuía que en ese entorno llegaría a cumplir su sueño. A los 15 huyó de Fierfield a Nueva York. Mintió sobre su edad y consiguió trabajo en Studio 54, donde limpiaba mesas y preparaba cócteles para Liza Minnelli.

A su papá no le gustó el nuevo oficio y, casi como si fuera un castigo, lo obligó a estudiar en la Escuela de Artes de Carolina del Norte. Hizo todo lo posible para terminar rápido y regresó a la Gran Manzana. A los 18 entró a trabajar al bar gay Browns. La indignación de su familia se transformó en ‘cero dinero’ y David tuvo sexo con otros hombres por unos cuantos dólares. Todo cambió cuando conoció al bailarín de origen francés Louis Albert. Se enamoraron y, a pesar de que ninguno de los dos tenía un buen pasar, fueron felices viviendo en un departamento que se caía a pedazos.

lachapelle-texto-1Después de tres años, Louis Albert murió de Sida, al igual que muchos amigos de la pareja. LaChapelle quedó devastado y, sobre todo, convencido de que él también estaba infectado. Los años ’80 fueron en blanco y negro: “Todo en mi vida, incluidas mis fotos, era sin color. Me tomaba las cosas muy en serio. Mis imágenes eran oscuras, lúgubres y así lo fueron durante seis años. Cada vez que me enfermaba, estornudaba o me hería, pensaba: hasta aquí llegué, tengo Sida”. Cuando por fin las pruebas salieron negativas sintió que podía vivir sin la sombra de la muerte pisándole los talones. Decidió tatuarse el nombre de su novio muerto en los dedos y su impulso creativo se desbordó.

CONOCIÓ A ANDY WARHOL EN UN CONCIERTO DE ROCK. Le pidió una entrevista para mostrarle su trabajo. El artista pop, conocido por apoyar a los jóvenes, aceptó y lo citó a Interview. Le mostró su carpeta: eran desnudos tomados a sus compañeros de escuela. “¡Grandioso!”, exclamaba una y otra vez Warhol, mientras revisaba cada una de las imágenes. Inmediatamente lo contrató para trabajar en la revista y comenzó a retratar a las más grandes celebridades de la cultura popular norteamericana. “Al fin estaba cumpliendo mi gran sueño”. Con el tiempo, sin embargo, se decepcionó de su ídolo. “En realidad, Warhol decía ‘great’ para todo”.

Sólo el cambio de década trajo el color, pero de manera irónica y grosera. “Irremediablemente debía trabajar a petición de otros y además hacer mis propias creaciones”. Utilizaba tonalidades pastel, aunque saturadas al máximo. “Todo el mundo se fijó en mí”, recuerda.

Las escenas surrealistas que muestran las fotografías de LaChapelle surgieron como escape a las tragedias del mundo. “Quería hacer imágenes que fueran fantásticas, que te llevaran a otra dimensión: más brillante, hermosa y divertida”. Las revistas fueron el medio de transporte a esas realidades oníricas. “Se metió en mi cabeza la idea de que esas publicaciones eran como una galería, porque puedes arrancar una página y pegarla en tu refrigerador. ¡Es tu museo privado!”.

POLÉMICO, SU ÚLTIMA PELEA FUE CON RIHANNA. Hace menos de una semana la acusó de plagio luego de que la cantante utilizara su estética para S&M, el mismo video clip que ha sido censurado en más de once países por sus escenas demasiado subidas de tono. “Ella copió la composición, el concepto general, el tono, el espíritu, el tema, los colores, las estructuras, las decoraciones, el vestuario y la iluminación. ¡Todo!”, dijo implacable el fotógrafo, que además ha cultivado el documental. Destaca el famoso Rize, largometraje que trata sobre el fenómeno del Krumping, un baile agresivo y redentor en la comunidad afroamericana de Los Angeles. El registro impactó a Madonna e incluyó esos pasos en su disco Confessions on a Dance Floor. Perseguido como asesor estético, hoy es considerado por American Photo como uno de los diez retratistas más importantes.

Cansado de los egos, piensa que hoy su talento debe estar más cerca de causas anónimas. “Es un lujo que puedo darme. Afortunadamente tengo el apoyo económico para continuar con mi carrera y mis exposiciones sin tener que fotografiar a las estrellas”, dice mientras sus obras recorren en estos días las salas de arte más destacadas de Tel Aviv y Hannover, donde impacta con su nueva faceta erótico-barroca. “Lo mío, sin embargo, seguirá siendo la provocación”, asegura el hombre que entre sus particularidades, inmortalizó la técnica de plastificar a sus modelos de la misma forma en que se envuelven las maletas en los aeropuertos. O los retratos que parecen figuras de cera. Todo, en medio de una explosión de color, cielos azules, maquillaje exagerado y cuerpos desnudos que dejan en evidencia tatuajes escandalosos o evidente sobrepeso. La decadencia del pueblo americano, en síntesis.

Trabajólico, su equipo de asistentes incluye utileros, iluminadores, maquillistas, peinadoras, gerentes de producción, pintores y modelos, quienes en conjunto crean escenas a la medida de la imaginación de LaChapelle. Sus efectos favoritos son fuego, humo y agua. Posteriormente, complementa la toma con intrincados retoques digitales. “Cambio hasta las caras con Photoshop. No hay límite. Nada es puro”. Su ícono es Miguel Angel y sus famosos frescos diluvianos de la Capilla Sixtina. Pero él cambia ángeles y nubes por escenas saturadas de Las Vegas o de una cafetería de mala muerte. Ha publicado más de una docena de recopilaciones de su obra, pero sin duda la más representativa es Artists & Prostitutes 1985-2005. “Llamé así al libro porque todos tenemos un poco de artistas y algo de prostitutas. O por lo menos yo sí. Te asignan trabajos y luego te propones una meta propia. Me gustan las cosas consideradas banales, o de mal gusto, y luego las reinvento haciéndolas de buen gusto”.

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