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El descaro de Damien Hirst

Controvertido artista inglés

Por: Miryam Audiffred

Un tiburón tigre de 4.3 metros inmerso en una vitrina llena de formol le dio la fama en 1992. Desde entonces, puro triunfo, dinero y cientos de enemigos. Rodeado de polémicas y acusado de plagio, es uno de los artistas más ricos del mundo y uno de los hombres más poderosos del mercado internacional del arte.

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Quienes conocen al genio británico Damien Hirst suelen describirlo como un tipo de ‘carácter difícil’. Muchos se refieren a él como un personaje odioso y de un ego tal que es capaz de compararse con Rembrandt. Pero en el mercado del arte todos coinciden en que están frente a un fenómeno.

A sus 45 años, tiene una fortuna avaluada en 215 millones de libras (algo así como 346 millones de dólares) y numerosas propiedades. Es que además posee una mente brillante para los negocios. Sólo un ejemplo: en septiembre del 2008, plena crisis económica, tuvo la osadía de subastar, en Sotheby’s, 223 obras de su autoría.

Mientras los mercados se desplomaban y los bancos se declaraban en quiebra, este hombre nacido en Bristol —al suroeste de Inglaterra— tenía a los millonarios del planeta pujando por sus piezas. Las ofertas llegaron desde Estados Unidos, Asia, Medio Oriente y, sobre todo, Rusia, para arrojar la exorbitante suma de 270 millones de dólares, una venta récord para cualquier artista vivo. Ni qué hablar en tiempos de debacle financiera. Hirst lo logró.

El magnate de la minería de Kazajstán, Alexander Mashkevich, pagó casi 21 millones de dólares por un gabinete de acero inoxidable con diamantes incrustados, un par de armarios enchapados en oro y tres lienzos con fondo de oro y mariposas disecadas.
Un toro con cuernos y pezuñas de oro conservado en formol, titulado ‘The Golden Calf’, fue la pieza estrella; un comprador anónimo la adquirió por más de 16 millones de dólares. Se dice que el misterioso hombre pertenece a la familia real de Qatar.

arte-300Es como el Andy Warhol inglés (por su habilidad para mezclar lo artístico con los negocios y la producción masiva) y el rey del arte contemporáneo británico. Así ha sido desde que en 1992 presentó ‘The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living’, ese gigantesco tiburón tigre inmerso en una pecera con formol. La pieza no sólo marca el inicio de su estrepitosa carrera, también se ha vuelto un símbolo de toda una generación de creadores, los llamados Young British Artists.

Tiene una fuerte obsesión por la muerte. Muchas de sus creaciones son animales disecados y presos en el lienzo o en estanques. Aunque incorpora en su trabajo oro y diamantes, sus favoritos son huesos, esqueletos y hasta materia orgánica en descomposición, lo que genera enormes controversias.

En 1995 ganó el premio Turner con ‘Two Fucking and Two Watching’, pero las autoridades sanitarias le prohibieron mostrar su obra por temor a que el público no resistiera enfrentarse a una vaca y un toro en proceso de putrefacción.

Hijo de un mecánico y una trabajadora social, hoy es el ‘enfant terrible’ del arte inglés por su facha, su obra y sus opiniones. Quizás uno de sus comentarios más explosivos lo hizo el día previo al primer aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, expresando que lo sucedido el 9/11 podía ser considerado una obra de arte: “Fue un acto de maldad. Sí. Pero estuvo concebido e ideado visualmente para tener ese impacto. Quienes estuvieron detrás de él lograron algo que nadie hubiera pensado que era posible, especialmente en un país tan grande como América. Así que, en cierto modo, habría que reconocerlos y felicitarlos”.

A mediados de los ’90 Hirst comenzó a crear su propia fábrica o Renaissance Studio, donde llegaron a trabajar con él decenas de artistas. Ahí se inicia el mito de que la mayoría de sus creaciones son en realidad hechas por sus asistentes y no por él.

Nadie sabe a ciencia cierta hasta dónde llegan sus destrezas plásticas. Tampoco hasta qué punto las obras que lo han hecho millonario son producto del trabajo exclusivo de sus empleados y pupilos.

El, lo único que ha reconocido, es que la mayoría de sus afamados lienzos de lunares son producto de sus asistentes. Sólo cinco de los cientos de cuadros que se han vendido hasta ahora han sido elaborados por este artista quien ha llegado a confesar que no tiene gracia para pintar puntos: “Mis lunares son una mierda comparados con los que hace Rachel Howard, la artista que ha pintado los mejores que he vendido”, ha dicho en varias ocasiones.

arte-301Con descaro e ironía no repara en atribuirse como propio lo que otros hacen en su taller. Y es que —en su opinión— el acto creativo está en la concepción de la idea y no en su ejecución. “El arte va en tu cabeza”, asegura.

El cinismo con el que declara que muchas de las piezas que ha vendido en millones de dólares no fueron hechas por él sino por sus asistentes genera indignación. Tal es la confusión, que al inaugurar su última muestra de pintura —la única que, dijo, reunía piezas hechas exclusivamente por él— mucha gente pensó que era una burla premeditada para demostrar que aunque su trabajo fuera “horrendo” podía venderse en cantidades exorbitantes.

Se equivocaron. La exposición fue en serio y la crítica lo destruyó.

Al menos son 15 los artistas que han levantado la voz para denunciarlo por robar sus ideas, transformarlas y venderlas en cantidades millonarias.

Sin embargo, a pesar de las acusaciones, Damien está listo para seguir extendiendo su poder. Actualmente trabaja en la elaboración de un catálogo de su obra y está en conversaciones con la famosa galería Tate para montar una gran retrospectiva que coincida con la celebración de los Juegos Olímpicos 2012 y le permita acaparar, una vez más, todas las luces.

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