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Cultura, Espectáculos y TV

Toral erótico

Especial hombres

Por: Lenka Carvallo

toral

Desatado. Así está Mario Toral con este libro cuyo protagonista es el cuerpo femenino en su máxima expresión (y desde todos los ángulos…). “No es precisamente lo que los gringos llaman un coffee table book”, dice él, dando cuenta de su otro gran talento: el humor.

“Mi parte favorita de la mujer es el derrière. Me gusta idealizarlo, porque escultóricamente el ‘tambembe’ es perfecto, como una obra de arte, dos esferas que componen un todo, no como los senos, donde cada uno tira para su lado…”. Toral habla como si se tratara del más sesudo de los temas, como si se refiriera a una pieza de arte digna del mayor análisis. Y sigue: “Claro que a mí no me gustan tan grandes, no coincido con el gusto del pueblo. Para mí, bien formados, pero no voluminosos”.

“Me gustan las mujeres… ¡para qué tantas explicaciones!”, contesta cuando le preguntamos por esta nueva obsesión. Pero algo teoriza: “El erotismo está presente en todo ser humano, es vital. El acto puramente animal del sexo se humaniza a través de la imaginación y de la sensibilidad compartida. Y para mí ha sido una tierra fértil, presente en toda mi obra. Es una máquina que me empuja, sobre todo el cuerpo femenino”.

Para qué describir algo que puede representarse en trazos, desafía Toral. Algo que es parte de la vida, que evoluciona, cambia y que para él representa la conjunción de los dos caminos que caracterizan su obra: el viaje interior, la fantasía y la realidad del mundo.

“En la radio escuché a un obrero declarar: Erotismo es cuando veo a mi señora picando cebolla en la cocina. El locutor pregunta: ¿Pero qué tiene eso de erótico? Es que ella está de espaldas, desnuda y de tacos bien altos…”.

Creador empedernido, ha vivido en Brasil, Nueva York y en estos momentos está en Chile, feliz con este nuevo volumen de trabajos que ha sido editado por Ocho Libros y en el que se exhiben algunas de las más potentes dimensiones de su imaginación. En cuatro capítulos se sumerge en el erotismo, la moda, la política y algo que él llama ‘disparates’. Su denominador común: la ironía.

toral300Aquí Toral se ríe de todo, incluso de la religión. Dibuja una gran manzana, desde la que asoma un gusano, que acompaña con una inocente frase: Y así comenzó todo. “Fue para mostrar esa parte ridícula del catolicismo. Imagínate: porque Adán se comió el fruto prohibido estamos como estamos”.

También hay guiños a la moda, “que es tan solemne, sagrada, rimbombante, para impresionar. Pero al mismo tiempo es sumamente erótica, porque una mujer desnuda, así de sopetón, hasta puede producir una especie de rechazo… Pero con tules, despojándose poco a poco de los encajes, es algo muy atractivo…”.

Por último, su volada política, entre duras referencias al 11 de septiembre de 1973 (que lo pilló exponiendo en Washington) y lo ocurrido treinta años después en Nueva York (cuando ya vivía en Manhattan). Toral vuelve a la carga, para reírse sobre el hombre moderno, que se cree libre como un pájaro cuando no es más que un títere… “Liberté, Egalité, Fraternité, Internet”, ironiza sobre un grupo de monigotes que marcha en círculos. “Se exagera esta cosa de la red como algo maravilloso que nos une. Es práctico, pero tampoco pa’ tanto”.

Y como buen comediante, no le falta humor para reírse de sí mismo. Tanto, que además de dibujar su tumba, redactó su epitafio… junto a una mujer desnuda que se contonea sobre su lápida: “Aquí yace Mario Toral (1934-2013), amante de lo hermoso, verdugo de los feos. Que Dios lo tenga en su gloria”.

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