14 en la recta final
Segunda parte
Norma Ramírez: La provocadora
Darle temperatura, aspereza o suavidad a sus esculturas es su sello. A Norma Ramírez le gusta provocar y evocar sensaciones táctiles en los espectadores. Desde su taller ubicado cerca de la ciudad de Vicuña, IV Región, habla sobre Ko, la pieza que presenta al concurso y que en lengua mapudungún significa ‘agua’. Es una forma vegetal, una hoja, o también una gota de agua, dependiendo de la mirada del espectador. Actualmente está enfrascada en una muestra retrospectiva de su trabajo que se inaugurará el año 2012 en el Museo de Artes Visuales.
Pilar Ovalle: Amaderada
La relación de Pilar Ovalle con la madera tiene larga data. Es el material exclusivo con el que trabaja y le entrega vida por medio de juegos de texturas, nudos y de las vetas naturales que tiene. En enero de este año presentó sus esculturas en Nueva York y San Francisco. El proyecto que prepara para el concurso se denomina Expansión, que nace a partir de un bloque geométrico de laurel y paquío, conformado por 14 anillos concéntricos. Está construida a partir de trozos ensamblados que por la diferencia en sus colores logra un degradé visual que potencia la fuerza de expansión.
Paola Vezzani: Subantártica
Desde pequeña se enamoró de los paisajes del fin del mundo, del territorio campestre de su Punta Arenas natal, de la estancia de su abuela y su tía pintora. Piedras, caracolas y troncos fueron parte de sus juegos y luego de sus creaciones. Es directora del Consejo Regional de la Cultura y las Artes en el territorio subantártico (como ella lo llama), labor que combina con su pasión por la escultura. La obra con la que participará en el Nescafé Art Collection es la continuación de la serie Arboles de Memoria. Según Vezzani, se trata de una pieza que profundiza en los ciclos de vida y la imposibilidad de reconstruir lo que el ser humano altera.
Paula Rubio: Metalera
Trabaja duro el metal para imprimirle diferentes cualidades: zonas pulidas al extremo o volúmenes que le dan textura y rugosidad, todo colmado con los tintes de las pátinas popias y sus óxidos. Le gusta jugar con las sensaciones de masa y contrapeso. Este concepto se aprecia en Témpano, que es la obra que lleva al concurso, y que representa el interior de un hielo, recalcando la precariedad del agua. El acrílico con su liviandad y transparencia es el contrapunto visual y teórico de la pesadez física de las placas-rocas, hechas con aluminio fundido. También trabaja en Universo Lumínico con la que intervendrá el frontis de la galería Patricia Ready.
José Vicente Gajardo: El domador
Esculpe el granito como si fuera un material dócil. Veinticinco años de trabajo con esta piedra, que él mismo obtiene de las entrañas de la tierra, lo avalan como uno de los máximos conocedores de esta técnica en el mundo. De la destacada Marta Colvin heredó la capacidad de abstracción y el rescate de las formas propias de América, razón por la que Gajardo ha valorado la tradición artesana de los canteros de Rinconada de Doñihue. La obra que prepara para el Nescafé Art Collection se compone de formas modulares a gran escala. La temática es la devastación del paisaje arquitectónico por el terremoto y tsunami que azotaron a Chile.
Francisca Sánchez: Recolectora
Sus esculturas son un acto de terquedad. Tuerce lo que no tiene volumen —una foto— o hace palpable algo que se escapa de las manos, como una puesta de sol. Así nació Solflotante, la obra que presenta al Nescafé Art Collection. Usa el agua como soporte dinámico, elemento que le da movilidad y la mantiene viva. Quiere que la pieza sea clara, pero sin ser evidente y lo logra a través de materiales comunes, obras descartadas, pedazos que sobraron de algo.
Cristián Salineros: Tacto y textura
El alma de sus obras se palpa con las manos. Pequeñas puntas de madera sugieren una “piel”, que despierta el deseo de tocarla. Incrédulo, para él no hay fuentes de inspiración. Prefiere investigar sobre los temas que lo motivan y le gusta generar sensaciones que inviten al espectador a utilizar el tacto. Una de sus creaciones más conocidas está en la carretera a Rancagua. Se trata de la intervención que hizo en la torre de agua, de veinte metros, que se levanta junto al camino. Una piel erizada que cambia a medida que el observador se mueve o que el día avanza.
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