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Cultura, Espectáculos y TV

La florcita más delirante que nunca

Raúl Alarcón

Por: CARAS

Por Franco Fasola  Fotos:Rodrigo López Porcile

No quiere morir sin ganar el Festival de Viña del Mar y cree que el ser humano tiene la misión de sembrar la semilla de la vida por el Universo. Músico respetado y extravagante de primera, a poco de recibir el Premio Nacional del Humor, que entrega la Universidad Diego Portales, habla de su temor a tanto homenaje, de políticos perdidos, cambios de conciencia, provincianos suertudos y explica por qué los chilenos estamos en la edad del pavo.

Wp-Florcita-600Le falta agitar un pañuelo para ayudar a estacionar nuestro auto en su rústica casa en Lo Barnechea, cerca del Santuario de la Naturaleza. En su terreno, en un rincón, hay un par de sillas plásticas, un esbozo de escalera y unos sitiales de mimbre destartalados. Dice que esa es su propia “concha acústica”, una Quinta Vergara polvorienta y plagada de árboles que evoca aquella a la que ha subido un par de veces con distinta suerte; triunfante el ’77, humillado el ’92. Aquí vive junto a su gata Rita, a la que persigue como a un preescolar. Casado en tres ocasiones, dos hijos y seguidor de Silo desde 1971, este paradigma de la excentricidad saca sus capas y un sombrero, tan raros como él, se esfuma del otro lado del cerro y luego aparece convertido en una especie de juglar sicodélico.

Raúl Florcita Alarcón Rojas —más conocido como Florcita Motuda—, acaba de recibir el Premio Nacional del Humor Jorge “Coke” Délano, entregado por el Instituto de Estudios Humorísticos de la Universidad Diego Portales, que dirige Rafael Gumucio. La razón del galardón es profunda y a la vez pedestre. En su extensa carrera —que partió a mediados de los sesenta en bandas como Los Best Sellers, Los Stereos y Los Sonny’s hasta transformarse en una especie de cantante de opereta chilensis—, este curicano que no sobrepasa el metro sesenta y cinco supo interpretar con sus canciones el sentir del chileno medio.
Considerado por sus pares un genio musical o un adelantado a su tiempo, Florcita logró mezclar en una juguera a Frank Zappa y Violeta Parra sin ningún pudor. Música experimental, cuecas eróticas, canciones con títulos kilométricos forman parte de su repertorio que incluye, además, el traje de espuma roja que usaba para interpretar al buzón Preguntón del programa infantil Ya somos amigos, de Televisión Nacional.

Wp-Florcita-300“EXTRAVAGANTE” ES LO MÁS SUAVE QUE LE HAN DICHO. A partir de ahí la artillería de adjetivos lanzados en su contra no tiene límite, pero como Florcita siempre cargó con la cruz del raro del curso, ni mella le hacen. Sobre todo porque en un momento se sacudió de la caricatura: en 1977 ganó el premio al mejor intérprete en Viña del Mar por Brevemente… Gente. Después, a finales de la dictadura, se calzó una banda presidencial para cantar el Vals imperial del No, que fue reconocido por la revista francesa Actuelle como una de las cincuenta canciones que transformaron el mundo. Antes y después de eso sufrió de antipatías y cariño. Con todo, lo único permanente en su carrera han sido sus constantes cambios de piel. Tal como las lagartijas, se las ingenió para ganar el Festival OTI 1998 cantando un rap: Fin de siglo, éste es el tiempo de inflamarse, deprimirse o transformarse.
Pocos saben que la canción central de la teleserie La Doña es de su autoría. O que por estos días Jorge González hizo un cover de su clásico Pobrecito mortal, si quieres ver menos televisión descubrirás… ¡Qué aburrido estarás por la tarde!  O que tiene más de 30 mil seguidores en su cuenta de Twitter, donde apoya causas perdidas y pasa avisos de utilidad pública.
—Es curioso. Me han premiado en la universidad, el otro día en El menú de Tevito me eligieron, entre Michael Jackson y otros más, como el artista más excéntrico… Y yo digo: ¿no me iré a morir con tanto homenaje? Estoy en los 66 años, justo cuando uno muere… Esto me pone inquieto.
—¿Por qué?
—Porque no hago las cosas para que me premien. ¡Y también porque me faltan premios! ¡Tengo que ganar el Festival de Viña…!
—¿Y va a participar este año?
—Por supuesto. Todos los años mando canciones y por estos días las están seleccionando. A lo mejor me toca ahora.
—¿Cómo nació Florcita Motuda?
—El año ’76, con un poema que se llamaba Mujer engrifada.
—Y decidió cambiarse el nombre…
—El original iba a ser Raúl Heriberto Alarcón Rojas. Heriberto por mi abuelo, pero él se metió con la empleada y quedó la escoba en la casa, así que no hubo segundo nombre, me quedé con el vacío. El problema es que siempre tenía coincidencias con un tipo que se había robado una gallina… Andaba con un papel de un actuario que decía que yo no era el ladrón, pero se me perdía. Una vez iba a Bolivia y me detuvieron en Investigaciones. Allí el tipo me dijo que no hueveara y que me cambiara el nombre. Entonces ahí encontré el motivo para agregarme Florcita.
Curicano e hijo de un suboficial de Carabineros que murió de “pajarón”, como él dice —se le infectó una muela y lo mató una meningitis—, nunca aceptó la muerte del padre. “Me di en adopción. Siempre fui buscando uno hasta que me adopté. Yo soy mi papá”.
—¿Todavía se siente provinciano?
—Por supuesto, es un legado muy interesante. Todos los provincianos somos ahuevonados, ingenuos. Por ejemplo, me metí en la lucha contra Pinochet y no tenía ningún miedo. Vivía a una cuadra del regimiento. En Santiago, con el Partido Humanista, participamos en todas las actividades, siempre dentro de la no violencia. El Vals del No es un ejemplo, porque le quitó el miedo a la gente. Para el Plebiscito yo vivía en Lo Barnechea, acá mismo… y jamás temí. Pero cuando se empezó a conocer la verdad, los asesinatos, me cagué de susto. Hubiera sabido eso, no me meto.
“Iba derechito al secuestro. Un carabinero me contó que una vez me iban a agarrar y salió un oficial y dijo: ‘no. A este joven no, porque es débil mental’. O sea ahuevonado: una gran protección. Por eso seré provinciano hasta el día de mi muerte”.
En esos tiempos de inocencia, Alarcón no tuvo problemas en fundar el Orfeón Municipal Motudo, lanzar casetes o vinilos independientes, con hits como Tírale un ajo. O participar durante tres años en el programa folclórico Chilenazo, ni menos hacer un dúo musical con Patricia Maldonado, seguidora acérrima del régimen militar. Florcita era un valiente. Pero la suerte estaba de su lado: no lo sabía.

Lea la entrevista completa en la edición del 25 de noviembre.

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