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Cultura, Espectáculos y TV

Gabriela, la desconocida

La pasión y el deseo en la obra de Mistral

Por: CARAS

Por Marcelo Simonetti

¿Gran maestra o intelectual transgresora? ¿La poeta de los versos escolares o la enamorada de Doris Dana? Tras las revelaciones del documental de María Elena Wood, Locas mujeres, sobre la vida de nuestra Nobel, mistralianos y ‘progresistas’ no logran ponerse de acuerdo.

Wp-Gabriela-600El secreto de esta historia está en un billete. En un billete de cinco mil pesos. Y también en el estudio de los pájaros…
Doris Atkinson entró a la casa de su tía Doris Dana, en Naples, Florida, días después de que muriera. Cuando abrió la puerta, no tenía dónde poner su bolso. Los libros y los papeles crecían desde el suelo como torres. La sorpresa aumentó cuando los abogados le dijeron que era la única heredera de los bienes de Dana y la responsable del legado de Gabriela Mistral.
“¿Qué hago con esto?”, se preguntó. Bien pudo haber donado todo ese material a la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., como era el deseo de Dana. Entonces aparecieron los pájaros y el billete.

Doris Atkinson y su pareja, Susan Smith, habían viajado, meses antes, al sur de Chile para hacer un tour de ornitología. Ninguna sabía demasiado de Gabriela Mistral. En un momento, advirtieron que el rostro de la Premio Nobel estaba en el equivalente al billete de diez dólares de EE.UU. Cuando Doris Atkinson debió resolver qué hacía con el legado de Gabriela Mistral, Susan Smith le dijo “si ella es tan importante para estar en un billete como el de diez dólares, su legado debe quedar en Chile”.
Lo que nunca imaginaron es que el envío de esas 168 cajas redibujaría a la Mistral del billete, y que a partir de entonces mistralianos y ‘progresistas’ se enfrentarían por su imagen. ¿La gran maestra o la intelectual transgresora?, ¿la poeta de los versos escolares o la homosexual apasionada?

“Construimos una Gabriela Mistral que conocimos hasta los 33 años, pero nos olvidamos que pasó 35 fuera de Chile, y que fue en ese tiempo donde alcanzó el peak de su trabajo poético, de su creatividad”, sostiene María Elena Wood, la directora del documental Locas mujeres, que acaba de ser estrenado en salas. En este trabajo de cuatro años, Wood logró develar —gracias a innumerables grabaciones que hizo Doris de su vida cotidiana con Mistral— una Gabriela sofisticada, risueña y sensible frente a versos que, leídos por ella misma en voz alta, son de un refinamiento que sobrepasa, por mucho, los famosos Piececitos de niño, posiblemente la única de sus poesías que la mayoría de los chilenos conoce…
La película también aclara públicamente la eterna duda sobre la relación con Doris Dana:
—Yo te quiero mucho, ¿tú me quieres? —le pregunta Dana en un audio del documental.
—No sé cómo tú te portes después, todavía no creo yo en ti —dice Mistral.
—¡Siete años y no crees! Siete años que estamos juntas. Desde el 48. Es muy bonito esto, ¿no?
—Pero tú lo quieres echar a perder…
—¿Yo? Yo te quiero, te quiero más y más y más y más y más… —remata Dana.

Hay otros diálogos, incluso por escrito, reveladores de esa relación que comenzó dos meses después de que Gabriela Mistral recibiera el Premio Nobel, el 15 de noviembre de 1945. Invitada al Barnard College de la Universidad de Columbia, en NY, la poeta dicta una clase magistral. En el auditorio está Doris Dana: “Doris la mira, la escucha y cae en trance. Terminada la charla, ella logra subirse al mismo ascensor que Gabriela, pero no se atreve a hablarle. Demorará dos años en decidirse a escribirle una carta. Gabriela la invita a México, y Doris, que nunca se subió a un avión, maneja desde NY a California para encontrarse con ella. Casi inmediatamente se transforman en pareja. Fue un amor fulminante”, cuenta Wood.

Wp-Gabriela-200“LO MEJOR NO ES COMER AVENA, LO MEJOR ES COMER DORIS”, dice  Gabriela Mistral en una pequeña libreta de espirales incluida dentro del legado que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional. Es un diálogo escrito, un íntimo juego a cuatro manos que para Wood fue todo un hallazgo cuando lo encontró entre las cajas que habían llegado de EE.UU. a Santiago.
Doris: “No tengo apetito para comer después del banquete de anoche (…) Soy tuya en todos los lugares del mundo y del cielo”.
Gabriela: “Lo subterráneo es lo que no digo, pero te lo doy cuando te miro y cuando te toco sin mirarte”.
Doris: “Y piensas tú que en mi mirada a ti, y en la manera de tocar a ti, no hay cosas que yo no puedo decir o mostrar. Yo te quiero del fondo de mi ser”.
Para Pedro Pablo Zegers, conservador del Archivo del Escritor de la Dibam y un estudioso de la obra mistraliana, las cartas ofrecen “una dimensión nueva, que la humaniza. La tendencia, por mucho tiempo, fue a idealizar al personaje, olvidándose que tuvo defectos y virtudes, afectos y desafectos, amores y desamores”.

Algo así como un ‘efecto estatua’. Pareciera que por décadas olvidamos que detrás del yeso, del bronce de esta ‘prócer’ existía una mujer.
María Elena Wood es enfática: “Aquí hubo una verdad incómoda. Una historia que, en términos oficiales, pudo molestar a muchos. Es tan fuerte que hasta el día de hoy siguen refiriéndose a Doris Dana como la secretaria de Gabriela Mistral. Y ella jamás habló de Doris como su secretaria. Eso debimos haberlo inventado en Chile ante la incomodidad de saber qué podían hacer dos mujeres juntas”.
—¿Había temor de que ‘la Mistral lesbiana’ se comiera a ‘la Mistral Premio Nobel’?
—Quizá. Para mí fue sorprendente cómo muchas personas, expertos en su obra, incluso habiendo leído el material, seguían negándose a la posibilidad de que ella fuera homosexual. Una revelación que cambia la interpretación de su poesía porque, tal como Soledad Falabella consigna en su trabajo, el tema del deseo es protagónico en la literatura de Gabriela, y por años debe haberse considerado “escandaloso” que una mujer, en esa época, expresara así el deseo.

A ZEGERS LE COSTÓ CREER. “Yo he estudiado por treinta años a Gabriela Mistral y cuando surgieron las versiones sobre su sexualidad yo dije no voy a creer hasta que lo vea claramente. Había revisado algunas cartas y papeles que no decían todo lo que debían decir, que soslayaban esa relación amorosa. Pero cuando aparecieron otras, no había más que hacer. En todo caso, la revelación de su condición homosexual no es lo más importante. Lo más significativo es el legado intelectual”, explica.
Y en la misma línea se inscribe otro mistraliano de tomo y lomo, el escritor Jaime Quezada.
—En su momento, las feministas la convirtieron en su ícono, sobre todo en EE.UU. Gabriela Mistral también ha sido un ícono del indigenismo. Yo no tengo problemas en que se convierta en un ícono gay, si está dentro de una buena fe. Pero son situaciones transitorias. Pasan. Lo que queda es la imagen que ella misma enfatizó en sus propias palabras: “La maestra rural que soy” o “una vieja maestra que hace versos”. Ahora, esto de las cartas no es nada nuevo, en toda carta está ella de cuerpo y alma, en su ser y su sentir. Recuérdese que cuando se publicaron las llamadas cartas de amor de ella al poeta Manuel Magallanes Moure, hace ya más de treinta años, la escandalera fue feroz. La imagen de la maestra de niños/niñas parecía venirse abajo. Pero no —sostiene Quezada.

No todos piensan así. Soledad Falabella, profesora asociada a la Universidad de Chile y a la escuela de escritura creativa de la UDP, tiene otro punto: “Cuando volví del exilio leí por primera vez su poesía y me pareció una poeta vanguardista, compleja, ruda, con un lenguaje árido y enjundioso a la vez. Me impresionó que cuando yo comentaba que iba a hacer mi tesis en Gabriela Mistral la gente dijera ¡qué lata! Entonces entendí que después de 1973 a la Mistral la habían blanqueado, que su imagen había sido moldeada a la manera de Cema Chile, una matrona asexuada, sin deseo, no erótica, en circunstancias que cuando tú lees su poesía es de un erotismo salvaje. La Mistral que conocieron los chilenos fue la de una figura castrada”.

La gran maestra de Chile, la mujer arrobada por el deseo, la poetisa de los textos escolares, la escritora refinada: hay tantas Gabrielas detrás de la Premio Nobel. En el documental de Wood —ya en salas y disponible en VTR On Demand y en Bazuca— hay también otras revelaciones, como la constatación definitiva de que Yin Yin no fue hijo de Gabriela, sino de su hermano Carlos Godoy Alcayaga, quien entregó la tuición a la poeta y a Palma Guillén.
Ante todo queda la reflexión que la propia Wood hace de Mistral: “El título de la gran maestra le queda chico. Ella es la gran poeta, es una especie de volcán, que en vez de tirar lava, lanza palabras que finalmente son emociones. Ahí está su genio, ahí está su tesoro”.

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