,

Cultura, Espectáculos y TV

‘Hay que sacarse la piel por el rating’

Humberto Sichel y la TV chilena

Por: Rodrigo Barría

El conductor de Cadena nacional fue tentado por canales grandes, pero decidió quedarse otra temporada en el programa de Vía X a la espera de su paso a la primera división de la TV.

Wp-SichlTv-granAcaba de cumplir 30 años, habla con la velocidad de un tren bala, viste con el auspicio de una marca deportiva internacional, se ha movido de manera ascendente entre radio y televisión, trota día por medio, corre una maratón internacional al año, maneja un BMW y mantiene una relación consolidada con una mujer cuatro años mayor (la periodista María Elena Dressel. Vive con ella y su hija hace un tiempo).

Todo parece suceder de manera veloz en la vida de Humberto Andrés Sichel Vicencio, un tipo con nombre de señor antiguo, pero con cara de estudiante de tercero medio.
A cargo del espacio ‘Cereal’ de radio Horizonte y ‘Cadena Nacional’ en TV, le gustaría emular algún late gringo. “Los que hoy se hacen en Chile no lo son, simplemente realizan programas de conversación”. Su modelo a seguir está en lo que hace Conan O’Brien. A comienzos de año analizó algunas ofertas de canales abiertos, pero prefirió quedarse un tiempo más en Vía X y aguantar el salto —ya casi inevitable— a la primera división de la TV.

—¿Tienes algo que no tenga Franzani?
—Creo que soy más directo para preguntar, lo que también se puede transformar en un problema si el entrevistado se siente atacado porque finalmente su comodidad condicionará el nivel de las respuestas. Nacho es más simpático y es un tema que quizá yo deba trabajar. Ahora no sé si hay que tener los atributos de otros o viceversa. Ya ves lo que pasa en muchos casos que unos imitan a otros y terminan hablando y moviéndose todos igual. Una lata.

—¿Qué opinas de la televisión chilena?
—Es una gran fábrica de salchichas, con alguna línea premium en ciertos programas. Pero tampoco la critico tanto, porque es un negocio cada vez más bárbaro donde se debe competir. Y pasa en todos los medios, hay que sacarse la piel por el rating. Es triste, pero es lo que hay. ¿Qué podemos hacer?

—¿Qué te gusta de los canales abiertos?
—Los 80 o Tolerancia cero. También veo algunas teleseries. (Piensa un poco y confiesa relajado). En realidad, miro todo hasta los matinales.

—¿Y Primer plano?
—Sí, un rato. Igual me entretengo, especialmente con las notas que te llevan al borde de la vergüenza ajena.

—¿Qué detestas de nuestra TV?
—La farándula burda o cuando se traspasa la libertad de las personas.

—¿Realities?
—Me cargan y me tienen chato. Pobres y tristes los que participan en ellos. Ruego al cielo no tener que llegar a entrar en uno. Prefiero vender seguros.

—¿Por qué crees que los canales tradicionales no tienen una ‘cantera’ propia y deben recurrir a los animadores que forma el cable?

—Es que en los canales abiertos no hay riesgo. Si alguno crea un programa de juicios, entonces todos deben tener su propia jueza. No hay originalidad. Es algo lamentable y que habla de mediocridad. Está bien copiar, pero pónganle más ingredientes. Eso pasa porque los ejecutivos no ven tele.

—¿Y las animadoras-modelos?
—Algunas son derechamente burras. Pero también hay otras que son un aporte. Un buen equipo puede hacer mucho. Mira a Tonka Tomicic.

Wp-SichelTv-min2SICHEL ES ‘EMBAJADOR’ DE UNA MARCA DE ROPA, una cerveza y un reloj. Por eso no critica a los periodistas que se vinculan comercialmente con compañías. “La mayoría que dice yo no lo haría es porque no se lo han ofrecido”.

—Ignacio Franzani o tú están bien para algún programa de trasnoche o un reemplazo de matinal, ¿pero podrían ser panelistas, por ejemplo, de Tolerancia cero?
—Depende de qué tanto están dispuestos los ejecutivos de escuchar a gente joven metiendo la cuchara. El problema es que todos los que ven Tolerancia cero se creen intelectuales o piensan que podrían ser ministros. Si me ven ahí lo más probable es que me hagan bolsa. El tema es que hay mucho huevón apernado con miedo a perder su puesto. Pero no alego: hay que hacer bien la pega nomás.

—¿Camiroaga estaba sobrevalorado?
—Todo lo contrario. Era, lejos, el animador más envidiado de la televisión chilena porque lo tenía todo: fama, éxito, buena pinta y respeto. Llama la atención que muchos de los que lo criticaron durante largo tiempo, una vez muerto dijeron que era un grande. Eso denota dos cosas: envidia y cobardía. Aunque nunca lo conocí, me caía bien Camiroaga, lo encontraba talentoso y chistoso.

Humberto,Toti, es el mayor de tres hermanos que crecieron en La Reina en medio de una familia de clase media. Hijos de un empresario que se dedicaba a importar tinas, campanas de cocina y grifería, todo muy ligado al mundo ferretero, y una madre que fue secretaria y después se dedicó a la casa y el cuidado de los niños.

Los Sichel estuvieron muchos años separados. El padre, eso sí, tuvo presencia constante en la casa. Iba todos los días. Hasta que decidieron volver a vivir juntos cuando Humberto había salido del colegio. Una segunda oportunidad de familia que duró hasta que el papá murió el 2003 producto de un infarto.

—Naciste el 5 de octubre de 1981. ¿Qué relación tienes con la década de los ’80?
—Me carga. Me tiene chato. Creo que es una época decadente, triste y con puros huevones trancados.
Quizá porque la familia del conductor vivió momentos especialmente duros a finales de los ’80, cuando su tío Aureliano Sichel fue asesinado de tres balazos en la cabeza y otro en el corazón en la entrada de su parcela en Puente Alto. Caso no aclarado, todo indica que el homicidio fue obra de sicarios ligados a la oscura financiera informal conocida como La cutufa.

—¿Pinochet, por ejemplo, te genera algo?
—Repudio la dictadura, pero debo ser honesto: no fui muy marcado por la figura de Pinochet.

—¿Qué sensación tienes del gobierno de Piñera?
—Lo que me parece más grave es la falta de pudor que tuvo la derecha al momento de asumir al decir que se habían preparado toda la vida para mandatar y luego cometieron una serie de errores. Por eso, creo justo el bajo nivel de apoyo no sólo al Presidente, sino que a la clase política en general. Ya es hora de reformar la Constitución, terminar con el binominal, garantizar salud y educación de calidad, tener inscripción automática y derecho a voto en el extranjero sin ataduras, entre muchas cosas. La calle avanza más rápido que la voluntad de nuestros representantes y eso les ha pasado la cuenta.

Comparte esta noticia