‘Algo duerme bajo Santiago’
El Autor, escritor anónimo habla de su best seller
Estuvo cinco años escribiendo ‘La semana en que se juntan los siglos’, el thriller político más vendido de este verano: una historia que habla de secretos de Estado, galerías subterráneas y conspiraciones militares en el Chile actual. “Todo es ficción”, aclara el hombre que esconde su identidad y que, meses antes de lanzar el libro, sufrió un infarto cerebral que le cambió la vida.
Nos juntamos en Providencia en un café subterráneo, oscuro y poco conocido. Oculto bajo una barba espesa, anteojos ahumados con grueso armazón y gorra, El Autor (soltero, sin hijos) aparece sentado de espalda, como si fuera una versión literaria de Carlos Pinto.
Increíble para un ingeniero eléctrico de la UC, de edad indeterminada, entre los treinta y los cuarenta, que de la noche a la mañana logró que su obra La semana en que se juntan los siglos fuera el segundo título chileno más vendido en las librerías nacionales… Y que si no hubiera sido por el Nobel de Mario Vargas Llosa el año pasado, habría estado número uno en ventas durante la Navidad.
No es fácil entrevistarlo. Primero, porque guarda con estricto celo su identidad, al punto que hubo que convencerlo con intermediarios de confianza y palabras de honor. Segundo, el infarto cerebral que sufrió en agosto de 2010, le dejó secuelas en el habla. Le cuesta responder con rapidez, debe concentrarse y tartamudea con frecuencia.
Para escribir ‘La semana en que se juntan los siglos’, El Autor estuvo cinco años investigando, haciendo entrevistas y recolectando datos para dar con un relato fidedigno. Todo le fue entregado bajo juramento de nunca mencionar las fuentes. “La idea era recabar datos que sostuvieran una ficción creíble”.
La novela ocurre en Santiago de Chile. Comienza en septiembre de 2010, cuando el discurso del Presidente de la República que inaugura los festejos del Bicentenario, es interrumpido con la noticia de que los restos de O’Higgins han desaparecido. Luego el submarino Carrera es secuestrado por un desconocido grupo rebelde —una facción de las Fuerzas Armadas— que compromete la relación entre Chile y Perú. Junto a esto se descubre una red de galerías bajo la capital construidas por los jesuitas en el siglo XVIII que encierra un secreto. La clave está en seis planos que datan del siglo XVI. Al juntarlos y sobreponerlos, Claudio Acevedo y Marcela Correa, los protagonistas, atan cabos y descubren una conspiración que hasta incluye el conflicto del Beagle.
“Desde hace 200 años algo duerme en el subsuelo y llegó la hora de despertar”, dice el prólogo escrito por Francisco Ortega. “Hay un momento en que los personajes se transportan a través del tiempo. Se escucha una explosión y se hunde todo. Un edificio deja ver un agujero, por donde la protagonista se interna en una suerte de túnel que la conecta con tiempos pasados”, explica el escritor.
—¿Por qué Santiago como escenario?
—Siento una gran pasión por la arqueología de esta ciudad. Creo que sus planos guardan misterios de una historia que incluye desde los poderes religiosos hasta los fácticos… Todo está bien sustentado y fundamentado en el relato.
—La trama habla de una cofradía relacionada con las Fuerzas Armadas…
—Es una facción que sabe un secreto y quiere descifrarlo urgentemente. Pero en la novela esa verdad debe quedar sepultada. Este es un thriller político, con mucha acción e intrigas…
—¿Cómo consiguió fuentes en las Fuerzas Armadas, ellos son muy cuidadosos?
—Les conté la trama. Muchos habían leído a Tom Clancy (el escritor estadounidense icono de las novelas político-policiales). Sin embargo, toda la información que me dieron es de uso público. Lo que sucede es que la gente no lo sabe. En el libro, de todos modos, no hay secretos que pongan en peligro la seguridad nacional.
LO HAN FELICITADO DESDE MINISTROS HASTA GENERALES. “Me he enterado que incluso ahora les recomiendan el libro a los estudiantes de ciencias políticas. Eso me agrada tanto como saber que a las mujeres también les ha interesado”.
—¿Usted no viene del mundo de las letras?
—Soy ingeniero y me gusta la música. Pero la dejé con mucho dolor después de años de estudio porque creo que hay que soltar las cosas que no hacemos tan bien. La música para mí es algo insuperable, pero me di cuenta de que no tenía talento y decidí que fuera un hobby. Obviamente sentí que mi necesidad de crear quedó truncada y empecé a escribir.
El 2003 publicó su primera novela y, al año siguiente, la segunda. Las dos con su nombre verdadero. No dice los títulos, para no ser reconocido. Ahora no quiere fama.
—¿Por qué decidió escribir?
—Alguna vez le dije a Poli Délano que la literatura es el arte más barato. Necesitas papel, lápiz y tu creatividad. El me encontró toda la razón. Escribir responde a un impulso, a una suma de ideas.
—¿Dónde se inspiró para este argumento?
—Todo partió con el hallazgo del cuerpo de Diego Portales en la catedral de Santiago el 2005. Ahí se me ocurrió, se lo conté a mis dos colaboradores: Iván Rojo y Ana María Rodríguez. Me apoyaron de inmediato. Luego pensé de manera cinematográfica, con mucha acción. Imaginé La Moneda sobrevolada por helicópteros, después vino el tema de hacer coincidir esta historia con la celebración del Bicentenario y finalmente la construcción de personajes. Ahí apareció la idea de inventar a Marcela Correa, la investigadora en esta historia.
—¿Por qué una protagonista femenina?
—Porque en mi vida las mujeres me han dado las enseñanzas más importantes. A partir de ese personaje, fui armando escenas potentes. Sobre esa base intuí que todo se podía conectar. Aparecieron las escenas del aeropuerto, del centro de negocios, del Parque del Recuerdo, la del accidente en el mar y aquella en La Moneda. No quise mover ese esquema, porque sabía que podía perder fácilmente el rumbo. Traté que esos pilares fueran inamovibles.
—¿Seguirá haciendo más libros con el nombre de El Autor?
—Creo que sí. De esa forma estoy seguro y me protejo.

