Hace un par de años Tomás Recart fue uno de los 25 innovadores sociales premiados por el World Economic Forum; Enseña Chile fue el proyecto ganador de Emprendimiento Social Endeavor 2008, y el 2009 ganó el Sello Bicentenario del gobierno de Chile. No extraña que Martín Valdés, gerente del departamento de online de Entel, describa a su amigo como alguien incansable.

Entre muchas anécdotas, rememora el ascenso a una cumbre de la Patagonia, donde Recart era el único capaz de bajar a buscar lo que se caía en las profundas y estrechas grietas del glaciar colgando de una cuerda y riendo mientras sus compañeros le dejaban caer bolas de nieve. O la excursión donde lo apodaron ‘el buen samaritano’: “Tomás armaba su carpa en dos minutos y de inmediato partía a buscar agua, lavar platos, etc…, no paraba de ayudar a todos”. El que quiere celeste, que le cueste, es el dicho que Valdés recuerda de Tomás Recart, quien se ha entregado al más difícil de sus desafios: transformar la educación chilena.

Wp-Tom-193La mañana que nos encontramos, Tomás Recart llegó a las 6:30 al terminal de Santiago, después de haber visitado colegios en Villarrica, Pucón, Panguipulli, Neltume, Lanco, Temuco, Gorbea y Victoria. Su convicción es que debe conocer de primera mano el lugar donde concentra sus mayores esfuerzos: la sala de clases. “Ver cifras y gráficos en el diario no genera un sentido de urgencia”, decía en su exposición para el Primer Encuentro de Empresarios Sociales, en el GAM. “Una cosa es ver el promedio de un mal Simce y otra es mirar a un estudiante con un inmenso potencial que se está desperdiciando. Cuando hay una experiencia, es cuando se siembran convicciones”, explicaba.

Para Recart esa convicción en que hay que aprovechar el potencial no es gratuita. Surgió cuando estudiaba ingienería civil en la UC y debió trabajar en el Centro de Políticas Públicas. Allí les preguntaba a los alcaldes cuál era el mayor problema de su comuna. La respuesta fue unánime: la educación. El impacto le dio también eso que llama “el sentido de posibilidad, es decir, que allí había mucho por hacer”.

Cuando Tomás anunció su interés en cursar el Master en Administración y Políticas Públicas de Harvard, sus familiares le preguntaron por qué no hacía como los demás ingenieros. Habiendo estudiado en el Grange School, nunca conoció lo que era un colegio municipal. “Pero hay algo que me cambió… el terreno”. Para saber qué se necesita, qué funciona y qué está fallando en la educación, Enseña Chile considera que la sala de clases es la referencia ineludible. Por el nombre de su último libro: Otra cosa es con pizarra, donde se recoge la experiencia de varios de sus profesores en colegios, lidiando con las movilizaciones estudiantiles, las diferencias de la cultura rural, las carencias alimenticias, el alcoholismo y la desesperanza de alumnos y padres.

Al terminar su exposición con los empresarios sociales, un animado círculo lo rodea. En menos de cinco minutos ya está enumerando a sus interlocutores los principios básicos de Enseña Chile: “Es posible, hazte cargo, trabajo en conjunto, trabajo continuo, excelencia y dignidad… Todos son iguales. Me tengo que preparar, vestir y dirigir a los estudiantes como si ellos fueran el Presidente de la República. Cuando les hablo en la sala, voy con corbata, los trato de usted y eso les encanta”.

Wp-Tom-290“Antes íbamos a hablar con los profesores en la sala de clases. Ahora prefiero mil veces ir a comer con él o ella, creo mucho en compartir una cerveza o un café. Esas instancias forman el capital social. Los grandes cambios sociales se producen porque hay una base de capital social potente, como la roca sobre la que se funda la casa. Hoy día el Senado tiene menos del 5 por ciento de aprobación. Me parece que muchas veces no cuida este capital que tenemos”.
La siguiente parada es un Foro de Formación del Movimiento Gremial UC, en San Joaquín. Al terminar la sesión, un estudiante le plantea que los dos años como profesor en Enseña Chile serían una pérdida de tiempo en su carrera. “Ese es el problema. Todos quieren resultados inmediatos. Y la gente piensa que esto es un sacrificio. Pero no es así. Van a trabajar como profesional y recibir un sueldo. La diferencia es que con suerte en tus primeros trabajos haces un excel o un power point, aquí eres responsable de 60 vidas, en promedio. ¿Qué trabajo puede implicar más responsabilidad, puede ser más desafiante y dónde puedes aprender más?”.

Al salir del campus, Recart confidencia: “Lo que encuentro más violento es pensar que las personas tienen pocos recursos porque no se han esforzado lo suficiente. Yo salgo a trotar a las seis de la mañana y los paraderos están llenos. A esa hora puedo apostar que ninguno de mis amigos está despierto y te aseguro que ganan sueldos mucho mejores”.
Por lo menos las cifras han comenzado a acompañarlo con fuerza. Hasta hoy han tenido 580 postulaciones completas para participar en Enseña Chile y esperan 1.700 para este año. Los requisitos según el Mineduc para la habilitación de un docente son si un profesional no pedagogo tuvo dentro de su malla curricular, como mínimo, cuatro ramos que se relacionen con el sector de aprendizaje que impartirá en el colegio, listado que se puede revisar en www.ensenachile.cl

Es por eso que cuando llegamos a su oficina, cerca de Plaza de Armas, Tomás parece recuperar cierta paz. El lugar es pequeño, tiene el piso alfombrado y las paredes del pasillo frente al ascensor algo descascaradas. Le pregunto por su familia. “No creo que haya podido arriesgar tanto sin ellos, mi papá, mi mamá y mi esposa”. El tiempo, sin embargo, se le ha estrechado: “Uno tiene que ser tremendamente disciplinado: sábado en la tarde y domingo, no computador, ni Blackberry, nada”.
Pero ni los que trabajan con él se dejan de sorprender: Tomás Recart ocupa pantuflas en la oficina, y se entiende: sabe que su tarea está recién comenzando.