El impasse que protagonizó  un camión recolector de residuos domiciliarios – que luego de reventar un neumático y chocar contra un poste volcó su contenido- dejó un tramo de la carretera que une Concepción y Cabrero llenó de basura. Este fue un accidente con consecuencias sanitarias, pero no un hecho inusual porque la presencia de los desperdicios, es muy  frecuente. Su protagonismo en los caminos es un mal que aún nos persigue, es cosa de ver la variedad de artículos que hay desperdigados en los cientos de kilómetros de redes viales. Plásticos, latas, pañales, maquinarias…una verdadera colección de elementos que participan en nuestra “civilización”.

Como no soy de las que me resigno a vivir con este paisaje contaminado me puse a mirar lo que ocurre en otros lugares. Hay países que han sabido resolverlo con educación, indispensable a mi juicio, porque cuando se comienza en la infancia, los niños se convierten en férreos centinelas verdes.

También los dueños de carreteras limpias usan como  apoyo un elemento que no falla si se aplica y fiscaliza: las multas.

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Por ejemplo, en la costa atlántica de Massachusetts, en la península de Cape Cod ( a poco más de una hora de Boston) llegaron casi a la exageración: botar basura por la ventana del auto puede costar hasta 10 mil dólares. Sí, nada menos que 10 mil y el resultado, como es de imaginar, es una vía impoluta de restos de utensilios humanos.

Lamentablemente acá esto no ocurre sólo en los caminos interurbanos. En nuestras calles las colillas, papeles y botellas son parte del paisaje en varias comunas. Esta realidad habla de una comunidad sin educación ni respeto, por suerte cada vez hay más jóvenes que se rebelan frente a eso. De hecho, hace unos días se realizó en Valparaíso la fiesta de los Mil Tambores y varios de los asistentes, que llevaron sus propias bolsas, se dedicaron a recoger los residuos de otros para no dejar huellas de su inconsciente paso. Felicitaciones a ellos por su actitud.

Ojalá se multipliquen y los que no lo hagan en forma voluntaria, podrían aprender con la billetera.  ¿Prefieres prevenir o pagar?

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