Cada vez que salgo un fin de semana fuera de Santiago, lo que por suerte ocurre seguido porque mi familia vive en una región vecina, me pregunto al momento del regreso qué hago acá encerrada entre edificios y contaminación. Está claro que por razones prácticas y laborales, pero mantengo guardado mi sueño de dejar la urbe y su extraño encanto para instalarme en un lugar menos contaminado y habitado por metro cuadrado. Porque es principalmente eso lo que a ratos me agobia, el que seamos tantos y casi no podamos respirar, el que los tacos sean cada ves más interminables y que se hayan extendido en sus horarios, teniendo como resultado que las horas punta sean cada vez más extensas y que los viernes sea casi imposible circular en forma fluida.

¿Y qué alternativas nos quedan? Si optamos por las ciudades con muchos habitantes podemos elegir en lugar del auto la bicicleta. Por suerte hay más ciclovías en las diferentes regiones, y de a poco hemos tomado conciencia que hay que dejarle espacio en las calles, pero es un tema en el que aún estamos en deuda. Del transporte público no voy a agregar nada a lo mucho que se ha dicho, pero hay una alternativa algo desconocida y silenciosa que veo en alza: el peatón. Acostumbro a desplazarme caminando y si tengo tiempo puedo hacerlo de mi trabajo a otro lugar hasta una hora sin morir en el intento. Lo mejor es que he notado que no soy la única. En mis desplazamientos he visto muchas personas que hacen lo mismo, y en el caso de las mujeres se agrega un acompañante: una bolsa donde van sus zapatos de taco. Felicito la buena voluntad y el esfuerzo pero me preocupa las malas condiciones de las calles. Los automovilistas sufren por los “eventos” y los lomo de toro pero los peatones, una especie que debiéramos fomentar, padecen los efectos de varios males: calles irregulares, escasez de pasarelas para cruzar, veredas angostas, pasos bajo niveles mal iluminados y pasos de cebra casi invisibles, son sólo algunos.

Los cambios y medidas deben ser integrales, no sacamos mucho con quejarnos por el aumento del parque automotriz sino se toman medidas que faciliten el considerar otras opciones como salir a caminar. Obviamente no sirve para todos pero para quienes disfrutamos esta opción, que de paso ayuda a descontaminar, no sería malo comenzar a tener los espacios públicos en buenas condiciones para ayudar a tener una ciudad más amable y descontaminada.

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