Hace unos días tuve invitados en mi casa y un amigo me dijo ¿dónde boto esto? , ¿imagino que no en la basura?. Era una botella de vidrio y efectivamente tenía toda la razón, porque eso va a parar a un punto limpio y antes a un contenedor.

Días después fue mi papá quien perseguía a uno de mis cuñados para evitar que por error se deshiciera en el lugar equivocado de una bolsa plástica. Para eso tiene un recipiente específico.

Esos son dos microejemplos que suman al trabajo silencioso de muchos, pero si tengo que destacar y celebrar uno, ese es la de la comunidad de la turística y sureña ciudad de Pucón.

Este mes comenzará a regir allí la ordenanza municipal que prohíbe la entrega de bolsas plásticas por parte del comercio. La cosa será gradual para que de aquí a dos años no se entregue ninguna. Al comienzo se darán sólo tres por persona. Un Me Gusta gigante para este lugar que se animó a tomar el toro por las astas.

Las autoridades han señalado que la razón para llegar a esta medida, fue que al año y hasta ahora reciben 11,5 millones aproximadamente de bolsas, las mismas que van a parar a ríos, lagos, bosques y caminos de aquella bella ciudad.

La iniciativa de este lugar lo convierte en el primero del país, modelo que se suma al ya replicado en la norteamericana ciudad de San Francisco y en la argentina localidad de San Martín de Los Andes.

Es tanta la cantidad de bolsas que circulan, que se habla de una cifra cercana a las 220 toneladas por día. Si a eso le sumamos que tardan cerca de 500 años en degradarse…queda claro que no hay que aceptarlas a la menor provocación.

Pero ya que aún y por un tiempo indefinido las seguiremos viendo en muchos lados, les recuerdo que existen alternativas para reutilizarlas. Los más creativos lograr convertirlas en materia prima para tejidos, carteras o billeteras.

Así, una vez más el ingenio viene al rescate.

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