Las celebraciones de fin de año dejaron nuevamente a la bicicleta entre los top ten de los regalos preferidos… incluso para navidad, el viejito me ofreció una más moderna, pero decliné ante el gentil ofrecimiento y preferí quedarme con aquella de más de dos décadas que me ha acompañado tanto. Me encantó ver más ciclistas de todas las edades, y no es una apreciación subjetiva, porque a nivel comercial se habla de cifras de venta en diciembre que sumaron ganancias ocho veces más que en el resto del año.

He vivido de cerca esta gran avalancha de nuevos aficionados a la “cleta” y como espectadora también he visto sus pros y contras. Porque no es cuestión de subirse a una para reducir emisiones de CO2, ahorrar plata y listo. Hay varias cosas para tomar en cuenta y una de ellas es la seguridad, me refiero a la propia y a la ajena.

Solo en Santiago se realizan más de 800 mil viajes diarios en estas dos ruedas, por lo tanto la sana convivencia con peatones y automovilistas en una urbe como la nuestra es absolutamente necesaria. Cascos, rodilleras, luces reflectantes para la noche que podrán no ser muy glamorosas, pero son indispensables. Lo otro importante es que ¡respeten al peatón si circulan por la vereda!.

Entiendo que no siempre hay ciclovías suficientes, pero eso no es excusa para circular a gran velocidad ni atropellar a los peatones. Creo que todo se resume en lo que con tanta fuerza cantaba la gran Aretha Franklin, un poco de respeto, a sí mismos y al resto de los que rodean al ciclista. La misma que le piden a los que manejan los vehículos.

Prediquemos con el ejemplo.

Comentarios

comentarios