Dos días bastaron para que se temiera lo peor. Una crisis sanitaria amenazó a varias ciudades del país -incluido la mayoría de las comunas de Santiago- tras el paro convocado por los recolectores de basura de las empresas privadas licitadas por los municipios que, por falta de recursos, no cuentan con sus propios equipos e infraestructura para el retiro de los desechos. Ante el peligro que significaba para la salud de la población, las autoridades solicitaron a las personas que no “sacaran la basura”, evitaran botar materia orgánica (cáscaras, restos de comida) y la mantuvieran en contenedores. Pero desatendiendo la sugerencia y sin ninguna conciencia higiénica, mucha gente dejó las rumas de bolsas llenas de desperdicios fuera de sus casas, con las consecuencias obvias y ya conocidas por todos.

Se llegó a acuerdo con unos conformes y otros no tanto, pero los desechos siguieron ahí, tal donde los dejaron los desobedientes de siempre, los mismos que no saben qué sucede con su basura después que la dejan para el retiro. Los mismos que no tienen idea lo que significa reducir, reutilizar y mucho menos reciclar. Claro, porque acá no se trata de que terminó el paro, se encendieron las máquinas y todo sigue como siempre. No, en este caso hay que recoger alrededor de 24 toneladas sólo en Santiago, que corresponde al equivalente de dos días de acumulación, lo que por capacidad física es muy difícil, por no decir imposible, pues los camiones pueden recibir, compactar y transportar cierta cantidad y lo mismo ocurre con el volumen que pueden recibir los rellenos sanitarios (no vertederos ni basurales porque, para los que no saben, por ley, en Chile la basura ya no se puede arrumbar como antes, sino que debe ser procesada en plantas especialmente acondicionadas para eso y que tienen años de funcionamiento y cantidad de recepción diaria estipulados de ante mano).

Finalmente se llegó a lo para muchos es una exageración, para otros parece incomprensible y para algunos es una consecuencia lógica de lo sucedido. La alerta sanitaria fue ordenada en dos regiones (Metropolitana y La Araucanía) y en cuatro provincias (Osorno, Valdivia, Concepción y Valparaíso), y según el ministro de Salud, Jaime Mañalich, se decretó con el fin de resguardar la salud de la ciudadanía, hacer cumplir el código sanitario, ampliar la fiscalización y facultar a las autoridades a aplicar multas a quienes, debiendo hacerlo, no cumplan con la ordenanza.

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Lo que en Chile es una emergencia sanitaria en otros países como Estados Unidos y la mayoría de Europa, sería una huelga más, porque ellos reciclan cerca del 34% de su basura, mientras que en Chile, según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, apenas se llega al 10%. Ocurre que si tuviéramos el hábito de consumir productos que vienen en envases retornables, de separar los desechos reciclables y reutilizables para llevarlos a los puntos habilitados y sólo botáramos los residuos orgánicos, primero, reduciríamos la cantidad de basura por cada habitante y, por lo tanto, toda la cadena se vería beneficiada. Segundo, entraríamos en el círculo virtuoso de las tres R: reciclar, reducir y reutilizar, no sólo beneficiando al planeta, sino a miles de personas que han visto en nuestros desperdicios una nueva oportunidad de negocio que también está en favor del medioambiente.

>Para finalizar algunos datos: Santiago es la ciudad de Chile que más basura genera y Puente Alto es la comuna de la Región Metropolitana que encabeza la lista con 284.934 toneladas al año (equivalente a 1,5 kilos diarios per cápita). Mientras, si la medición se hace por habitante, Vitacura lidera con 2,09 kilos diarios.

Hace 20 años en Chile el porcentaje de reciclaje era 0%. Por último, el Ministerio del Medio Ambiente envió al Congreso el proyecto de Ley General de Residuos que contempla la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que quiere decir que el fabricante o importador debe hacerse cargo del producto que comercializa una vez que termine su vida útil. Sería bueno averiguar en qué está eso…

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