El monstruo no se construirá. Esa es una buena noticia. En realidad, es un hito histórico relevante que, a no mediar cambios o “sorpresas”, pasará a la historia como un triunfo memorable y edificante. Pero todavía no se puede cantar victoria. Aunque hace un par de semanas la justicia chilena le bajó la cortina al ignominioso proyecto Pascua Lama, algún recurso les queda a sus dueños,  quienes sin duda no estarán dispuestos a perder la obscena cantidad de dinero que ya han gastado, ni mucho menos todo el que esperan ganar vendiendo el oro y la plata que pretenden sacar de las entrañas de la tierra.

Barrick, acaso la empresa más cuestionada ambientalmente en el mundo después de la inefable Monsanto, sencillamente tiene que cumplir con las normas legales chilenas, las mismas que según la Corte Suprema no ha respetado desde que se instalaron en El Huasco con 2 mil quinientos millones de dólares y un apetito voraz que destruyó el ecosistema de la zona, tal como siempre supimos que sería. Sus ejecutivos recibieron “positivamente el fallo” y comentaron con soberbia que les parecía muy bien que las exigencias se hicieran cumplir.

Resulta interesante recordar que la primera vez que supimos de Pascua Lama fue a través de cadenas de correo por internet y artículos de prensa independiente, con cierto hálito a teoría de la conspiración. Parecía inconcebible que una empresa minera pretendiera excavar bajo glaciares milenarios para extraer oro. Cuesta recordar que, en realidad, en el mero fondo, el oro no sirve para nada. Es, simplemente, una proyección del egocentrismo humano, un símbolo de poder que se expresa en adornos corporales y bisuterías. Por nada más que eso millones de preciosas vidas humanas se han perdido y civilizaciones lúcidas y poderosas periclitaron. Ahí lo tenemos, al pelotudo del Rey Midas, destruyendo todo lo que toca, volviéndolo inútil, transformándolo en oro.

El oro carga su maldición, porque despierta la ambición más bestial y violenta en los seres humanos. Así es Barrick, nada más que esa ambición configura su moral, su visión y su misión. Así es una enorme cantidad de empresas y empresarios. La responsabilidad social aplicada a donaciones de computadoras a colegios o aportes a comunidades locales es un insulto, mientras al mismo tiempo están contaminando el agua y destruyendo lo que la naturaleza tomó milenios para crear.

¿O acaso alguien se atrevería a decir que el oro es más valioso que el agua pura?

Entonces pues, todo eso que supimos como un secreto a voces, como una revelación subversiva, un llamado a la insurrección, a formar una guerrilla, era cierto. En sus pocos años de funcionamiento, Pascua Lama hizo pedazos los glaciares y envenenó su entorno. Pero tampoco sacó un gramo de oro o plata que, por último, por chorreo, algún impuesto dejaría, alguna escuela rural con data show. Pero ni eso. Simplemente, fue puro daño. Tal vez no sería malo, además de paralizar, exigirle una compensación a Barrick.

Todo este tiempo el proyecto estuvo avanzando. No debemos olvidar que en 2001  se aprobó el estudio de Impacto Ambiental (EIA) y que en agosto de 2004, por intervención de los cancilleres de Chile y Argentina se resolvieron una serie de asuntos prácticos y Barrick tuvo “luz verde”. La “institucionalidad”, justamente de la que tanto se vanagloriaba la administración de ese entonces, la misma que inventó los sobre sueldos y las concesiones, permitió olímpicamente que aquel crimen ambiental se perpetrara.

Resulta evidente que falta algo en este marco normativo: una mirada moral, un compromiso ético. Es comprensible que el ministerio de Medio Ambiente siga por un tiempo más funcionando como una agencia de intermediación y consultoría para empresas e industrias, pero cuanto antes se dicten leyes prohibiendo ciertos negocios, como la minería depredadora, o cualquier otra actividad movida por la pura codicia, mejor. Así como el activismo ciudadano, que no la cacareada institucionalidad,  le dio el puntapié en el trasero a Pascua Lama, debe ser nuestra indignación la que diga nunca más a todos los crímenes y los negocios criminales.

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