Hace un año, True Detective estableció el estándar para el drama en TV. En sólo ocho episodios, espectadores y críticos quedaron hipnotizados frente al guión excepcional de la serie de HBO, así como también por las electrizantes actuaciones de Matthew McConaughey y Woody Harrelson. Este domingo 21 la producción vuelve y las expectativas son altas. Y quien se lleva mediáticamente el peso de mantener  la calidad es Colin Farrell (38). El ‘chico malo’ de Irlanda interpreta a Ray Velcoro, un policía dividido entre su trabajo para un departamento corrupto y el mafioso que lo maneja.

“Es un gran desafío asumir algo como esto”, dice Farrell, alerta del interés a su debut en la saga. “Me encantó construir un personaje por capítulos y que el público siga su evolución. Me siento honrado de ser parte del show”, añade.

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Sus compañeros de reparto incluyen a Vince Vaughn (Rompebodas), Rachel McAdams (Diario de una pasión) y Taylor Kitsch (Friday Night Lights).  Cada uno de sus papeles es definido en líneas generales, ya que los detalles de la nueva trama se mantienen bajo un férreo control por el creador y escritor de la serie, Nic Pizzolatto.

Este proyecto no es el único desafío que se impuso Farrell para 2015. Estrenó en Cannes The Lobster (en la que tiene que encontrar una relación amorosa a riesgo, de lo contrario, de convertirse en un animal) y también protagoniza La señorita Julia, dirigida por Liv Ullmann. Allí es John, mayordomo de un noble del siglo XIX, quien tiene un intenso romance con la adorada hija del barón (Jessica Chastain).

De esta forma, quien fuera el díscolo importado de Europa a Hollywood redefine su carrera a la de actor serio. Se aleja de la etiqueta de estrella, aunque tiene residencia en Los Angeles. El ganador del Globo de Oro lleva sobrio y ‘limpio’ una década y tiene como prioridad a sus dos hijos. El mayor es James (de 11 años y con Síndrome de Angelman), de su relación con la modelo Kim Bordenave. El menor se llama Henry (5), cuya madre es la actriz polaca Alicja Bachleda (coprotagonista en la romántica Ondine, de 2009). Con esta última estuvo sólo dos años.  

Soltero y con esos aires de masculinidad rebelde que le dieron fama, Farrell —quiera o no— mantiene intacto su estatus de galán. Y así como sucede en True Detective, el irlandés sigue los pasos de McConaughey como rostro de una fragancia de Dolce & Gabbana, que lleva un nombre nada alejado de la personalidad del artista: Intenso. Para completar esa imagen hot del comercial donde mira directamente a la cámara, el fotógrafo Marcos Seliger lo retrató en una costa volcánica.

Fuera de la fantasía. Farrell ya no quiere ‘explotar’ como una montaña contenida. “Me encanta el yoga y lo practico tanto como sea posible. También lo paso bien caminando por las colinas del Parque Griffith. Aunque no voy a negar que además devoro hamburguesas. Al final, se trata de buscar un poco de equilibrio”.   

—Pasas por una etapa muy interesante.

—¡Es emocionante! Aunque me atemoriza un poco, pues me estoy sumando a algunos proyectos muy buenos que me exigen estar en mi mejor forma interpretativa. Y ese desafío se advierte: está ahí. Pero es fantástico trabajar a gran nivel. Siento que vuelvo a lo que quería cuando por primera vez soñé con ser actor. Ahora es real.

—En lo personal, ¿cómo has cambiado?

—Estoy mucho más serio y reflexivo. Por primera vez me veo como un padre dedicado, cuya prioridad es el bienestar de mis dos hijos. No existe nada más importante que ellos. Mi trabajo es secundario. Me encanta jugar con ellos, preparar sus comidas, conversar y ¡apagar la televisión cuando estamos juntos! (risas).

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—¿Ser padre te centró?

—Estoy más ‘presente’. No pierdo el tiempo huyendo de algo o sin enfrentar la vida. Esta última es muy intensa y quiero explorarla para tener una idea clara de lo que deseo. Estoy consciente de ese anhelo: estar ahí en todos los aspectos. Y apoyando a mis hijos, otorgándoles seguridad para que crezcan y tomen su propio camino. Me interesa mucho ser testigo de esa etapa: verlos averiguar quiénes son y definirse como hombres.

—Pronto vas a cumplir 40…

—(Sacude la cabeza) Sucede tan rápido, ¿verdad? No parecen tan lejanos aquellos días en que me iba a pasar el rato a Castleknock (a las afueras de Dublín, donde se crió). Iba con mi mejor amigo y volvía a mi casa medio borracho y comiendo comida chatarra. Esos días fueron maravillosos. Todo se trataba de experimentar y aventuras. Ahora las cosas son diferentes. Estoy más tranquilo, aunque todavía existe ese impulso de existir muy intensamente. Amo sentirme vivo.

—¿Estás decidido a construir una carrera diferente?

—Quiero construir un buen trabajo. Me encuentro en una posición donde mi cabeza ya está clara y puedo apreciar todo mejor. Miro cada película como una manera de desafiarme y realizar mi máximo.

—¿Qué significa True Detective?

—Una oportunidad increíble. Los actores sueñan con ser parte de un proyecto de este nivel: con un guión brillante y enorme desarrollo de personajes. Me alegra seguir el camino de Matthew McConaughey y Woody Harrelson, cuyas performances fueron espectaculares en la primera temporada. Y sí, son intimidantes las altas expectativas. Pero es el tipo de posición en que deseas ubicarte. Aquella en que te ves obligado a desafiarte y darlo todo.

—También te veremos en La señorita Julia, que dirige Liv Ullmann.

—¡Fueron cinco semanas intensas! (risas) Nunca había hecho algo así. Filmamos en un castillo en Irlanda del Norte donde, básicamente, éramos sólo Jessica Chastain, Samantha Morton y yo con Liv, quien nos daba instrucciones. Pero se trata de August Strindberg, autor de algunos de los diálogos más oscuros y demoledores de la literatura. Y Liv fue capaz de reducir todo a los elementos más poderosos. Sin exagerar, nunca había terminado emocionalmente tan agotado. ¡Todavía me estremece recordar algunas escenas! (risas). Día tras otros me ponía en un infierno sicológico del que no se podía escapar, ya que mi trabajo era sumergirse en eso. ¡Fue brutal!

—¿Qué impresión te dejó Jessica Chastain, quien interpreta a Julia?

—Es la actriz ideal para una historia como ésta: siempre conectada y atrevida. Se arrojaba con todo en la humanidad de Julia. Cosas como esa hacen de tu profesión algo mágico. La historia deja de ser una fantasía y se siente muy real.

—Lograste enderezar tu vida y enfocarte profesionalmente, ¿crees que tener hijos es uno de los factores que lograron ese cambio?

—Tener hijos fue una razón importante, pero hay un montón de otros elementos involucrados. Sabía que tenía que cambiar mi vida y empecé por ese tema. O sea, quieres ser un buen padre, pero también transformar la manera de pensar acerca de quién eres y de ver las cosas. El hecho de poder evitar la ‘tentación’ de los últimos diez años no significa nada, a menos de que pueda mantenerme así. Me acompañó la suerte: conté con buenos amigos y mantuve mi interés por ser un buen hombre.

—¿Quiere estar con una mujer?

—Habrá que ver. He tenido algunas relaciones muy interesantes y maravillosas. Crecí con tres mujeres muy fuertes en mi vida: mi madre y dos hermanas. Me siento muy cómodo. No tiene nada que ver con el sexo o un sentido patriarcal. Mi amor es el resultado de esa experiencia. Me gustan mucho las mujeres.