Parece más que una coincidencia. Sí, es joven, italiano, curioso y primera vez que cruza el océano. Lorenzo Richelmy (24) está en la travesía que podría cambiar su vida. Lo que da pistas de que a un buen casting se le suman estrellas alineadas es que ya experimenta ese momento en que la realidad y ficción se superponen. El actor aterriza en Estados Unidos para promocionar su protagónico como el máximo viajero, el explorador por excelencia: Marco Polo. Y este alter ego, al parecer, lo lleva de la mano por la pantalla de Netflix y fuera de ella. Pues todo lo que viene es territorio nuevo.

El sol pega fuerte y se cuela por las cortinas de su habitación. Es verano en Nueva York y este veinteañero todavía puede salir a conocer Manhattan en calidad de anónimo con su suelta polera blanca de cuello amplio, su barba de varios días y ese sexy acento ‘continental’.

wp-450-lorenzo3

Pero está en los descuentos. Ni su pasado de actor infantil y algunas producciones en Italia lo preparan para lo que viene. Como adelanto, las revistas femeninas y juveniles norteamericanas ya lo identificaron. Lo presentan como el nuevo galán que sacará suspiros a las fans.

El año cierra con él como la gran estrella en la serie Marco Polo. Una ficción de 10 episodios que se estrena a nivel mundial el 12 de este mes y que toma al explorador desde sus días adolescentes en Venecia a su incursión en misteriosas tierras asiáticas y en la corte de Kublai Khan.

Con un presupuesto exorbitante, el proceso de selección del joven que llevaría la historia fue titánico.  La puesta en escena tiene cientos de extras, decorados preciosistas, batallas casi reales y erotismo. Pero uno de los socios detrás de este título son los hermanos productores Weinstein (creadores de Miramax), expertos en poner al que quieran en la primera línea de Hollywood. 

wp-450-lorenzo2

Antes de cualquier rodaje, ya se hablaba que era la respuesta de Netflix a Game of Thrones. En CARAS  ya la vimos y —sin adelantar— aseguramos que tiene atractivo propio.

Pese a las expectativas en él, Lorenzo se ve tranquilo. Sin ansiedad. Pese al desgaste de un rodaje largo, trabajo de inglés y cambios físicos para las peleas, habla con relajo y humor. Es sexy, pero lo que más inspira es dulzura cuando hablamos con él en tono íntimo por Skype.

—Eres italiano, ¿cómo te describieron a Marco Polo cuando eras niño?

—¿La verdad? Te lo enseñan en la universidad más que en el colegio. Lo abordan especialmente en la escuela de Economía, por su impacto y legado en el comercio con Asia. También en aquellos ramos de Historia.

—Antes de este programa, ¿cuál fue el lugar más lejano que visitaste?

—Fue India. He sido afortunado, ya que desde niño me tocó viajar muchísimo. Fue gracias a mi padrastro, quien tenía una pasión por el Sudeste Asiático. Cada verano, desde que tenía nueve años, nos íbamos por casi dos meses a esa región. Por lo mismo, ya conocía países por los que pasó Marco Polo.

—Una buena historia que contar a los productores cuando postulabas al papel.

—¡Sí, por supuesto! El era alguien que viajó en el siglo XIII, lo que era excepcional.

—¿Qué descubriste en tu preparación?

—A él lo definen como un “comerciante”. Pero al leer sus diarios de viaje te das cuenta de que lo que menos le interesaba era el dinero. Si tomó ese trabajo era sólo porque quería conocer otros lugares y esa era la manera de lograrlo. Además lo diferenciaba de su padre mercader.

—No es una recreación histórica, ¿qué sumas a este personaje?

—Su biografía da mucho espacio. Hay que pensar que tenía 17 años cuando dejó Italia para ir a China. ¡Una travesía que le tomó tres años! El ve la experiencia como un sueño y yo la muestro con esos ojos.

wp-450-lorenzo

—Con todas las redes sociales que hoy te permiten viajar con las fotos de tus amigos, ¿por qué Marco Polo resulta atractivo?

—De partida, porque él es el puente que unió Oriente con Occidente. También ofrece otra perspectiva: nosotros abrimos nuestro Facebook y vemos fotos de Beijing y sentimos que estamos cerca. Y la verdad es que no es así. El mundo todavía es inmenso y sus rincones contienen muchísimas diferencias. Con las redes sociales tratamos de anularlas y dar una sensación de que todos somos iguales. No es verdad. Lo bueno de esta serie de Netflix es que a través de su periplo desde Italia a Asia nos damos cuenta de lo distinto que somos.  

—La serie ha sido descrita como una versión asiática de Game of Thrones. ¿Eres el nuevo Jon Snow?

—(Arruga la nariz y ríe) Mmmmm. Ahhhh… La verdad, no.

—Hay muchos reinos, viajes, aventuras, batallas, sexo ardiente…

—Sí, pero la diferencia es que acá está el antecedente histórico. Tenemos que seguir una pauta, de lo contrario, en Mongolia se enojarían… (ríe). 

—Marco Polo está producido por los hermanos Weinstein, y todo lo que ellos tocan se convierte en oro. ¿Te sientes como ‘El Elegido’?

—Obviamente, me despierto y estoy por primera vez en Nueva York con una carrera que está despegando. Hace seis meses ni soñaba con esto. Pero, en mi defensa, ellos también han sido afortunados conmigo. Yo era el hombre correcto para el trabajo. Y lo saben… (cierra un ojo).

—No quiero entrar en polémicas, pero hay que preguntar: ¿el spaghetti es de China o Italia?

—No, no, no. ¡Son italianos! Son hechos de trigo, si fueran de arroz le podríamos dar crédito a China.