Con Hereditary pasa lo que con muchas cintas de habla inglesa a las que se les cambia el nombre para el público hispanoamericano. Aquí llamada El legado del diablo, el título va a contramano de todo lo que quiere lograr el director Ari Aster en esta fresca cinta de terror y drama, que de inmediato atrapa con la actuación de Toni Collette (Sexto sentido).

Un título así de genérico no le hace ninguna ayuda a una cinta que busca la incomodidad de un espectador predispuesto a sobresaltarse con gritos, puertas que se cierran y otras hierbas que no encontrará en este menú.

Aquí el debutante director Ari Aster sorprende y convence con una propuesta familiar no apta para corazones sensibles. La acción parte con la muerte de la madre de la protagonista, Annie Graham (Collette), quien se dedica a hacer perfectos mundos en miniatura en su casa, la que comparte con su marido y dos hijos adolescentes.

La muerte de la anciana abre un estado de tristeza y crispación en la familia, donde se empiezan a descubrir secretos demasiado terribles como para ser aceptados.

El drama y la tensión que provoca una nueva muerte en la familia provoca un desborde emocional que deriva en los caminos del terror. Allí está la clave de Hereditary —la llamaremos así para hacerle justicia—: Se salta los clichés de género para ir directo al grano, no sin antes pasearnos por un drama familiar, duramente inquietante, respecto al duelo.

Pieza a pieza, el puzzle al que nos invita resolver Aster, se convierte delicadamente en macabro, sin dejar de ser realista en ningún momento.

Dicen que el diablo tiene muchas caras… Acá tenemos una, al menos, jugada y novedosa.