Durante mucho tiempo la hemos visto como una de las más sensuales e inteligentes de Hollywood. Y de izquierda, con fuertes convicciones políticas: se opuso tenazmente a la invasión a Irak y fue una de las voceras de los indignados de Nueva York (Occupy Wall Street).
Intensa, Susan Sarandon, se separó hace tres años de su compañero por dos décadas, Tim Robbins (Río Místico), algo que sorprendió porque se los veía como una de las parejas más estables del mundo del cine. El es doce años menor y Jonathan Briacklin, pareja actual de la actriz, ¡32 años! Por eso la llaman “mujer puma” (cougar), tal como a Halle Berry y Courteney Cox,  figuras que se sienten más cómodas con hombres muy jóvenes. Jonathan, además, es su socio en una pequeña cadena de cafés-clubes de tenis de mesa en Nueva York, Toronto y otras ciudades.
“Me encanta que los hombres me encuentren deseable todavía; evita que me preocupe mucho de mi vejez”, dice la Sarandon, ganadora de un Oscar por Dead man walking (con un Sean Penn condenado a muerte). “Estar soltera de nuevo fue una experiencia traumática, pero poco a poco me di cuenta de que te puede sacar de tu autocomplacencia. Empiezas a repensarlo todo y, a la larga, desprenderte de tu tristeza y sentir que entras a un nuevo capítulo, de mucha independencia, donde puedes hacer exactamente lo que te gusta. No es un negocio tan malo”.
Es el tipo de espíritu desafiante que la ha guiado a través de una carrera notable que incluye actuaciones en clásicos como The Rocky Horror Picture Show (1975), Las brujas de Eastwick (1987), Thelma&Louise (1991), El cliente (1994) y la ya mencionada Dead man walking (1995).

SEXY A UNA EDAD EN QUE MUCHAS ACTRICES ESTÁN JUBILADAS y olvidadas, vive un renacimiento y tiene varias películas a punto de estrenar. En Jeff, who lives at home encarna a la madre de dos adultos disfuncionales; en El fraude sufre como la mujer de Richard Gere, quien hace de un gerente tipo Bernie Madoff (el banquero acusado de un fraude de 50 mil millones de dólares, condenado de 150 años de cárcel). Y  en Robot and Frank mantiene una coqueta relación con un ladrón de bancos mayor que interpreta Frank Langella (el ‘Nixon’ de Frost versus Nixon).
Susan Tomalin —que también se llama Abigail— nació en Nueva York y le siguieron ocho hermanos. Proviene de una familia católica. Su padre, quien fuera cantante de clubes nocturnos en la época de las big bands, tiene antepasados galeses, irlandeses e ingleses. Las raíces de su mamá, Lenora Marie Criscione, vienen de Sicilia y la Toscana.
Su apellido de actriz salió de su único matrimonio (1967) con Chris Sarandon, nominado a un Oscar como mejor actor de reparto por Tarde de perros, con Al Pacino (1975). Pero eso duró sólo once años y, entonces, ella dijo a Cosmopolitan: “Ya no creo en el matrimonio”.
Políticamente incorrecta, habló a favor de refugiados haitianos presos en Guantánamo cuando entregaba un Oscar en 1993 (la Academia se molestó). Años después la arrestaron en una protesta contra la brutalidad policíaca, apoyó a Ralph Nader para presidente de los EE.UU. y alabó a Canadá por legalizar los matrimonios del mismo sexo.
En octubre de 2011, en el Festival de Cine de Hampton, llamó “nazi” al Papa Benedicto XVI, por encubrir a quienes cometen delitos sexuales dentro de la Iglesia Católica. Después, aclaró sus comentarios: “Lo que dije era algo hostil porque, como madre y católica, me siento muy decepcionada por la manera en que él ha albergado a pedófilos. La Iglesia, tan poderosa, tiene la responsabilidad y oportunidad de curar tantos errores… ”.

Como activista, la Sarandon participa en Hábitat para la Humanidad, que propone acceso universal a las viviendas adecuadas. Y otra causa que declara “muy querida” es la trata de blancas en Camboya. “Fui a ese país hace poco con mi hija. También tengo un amigo que es un niño soldado en Uganda, y trato de mantener viva su escuela”.
La actriz tuvo dos hijos con Tim Robbins: Jack (22) y Miles (19). Pero antes, de su relación con el director italiano Franco Amurri nació Eva (27), que se le parece mucho físicamente.
—Está trabajando más que nunca…
—Lo sé. La mayoría de los papeles no son protagónicos, pero estoy contenta de que sean interesantes. He disfrutado esto de venir por unas pocas semanas o un mes, hacer mi trabajo, y no preocuparme de aparecer en todas las escenas. Soy como un trabajador por horas o un actor especialista —se ríe—. Claro que eso no significa que no quiera tener el rol principal en una gran película.
—Pero le gusta participar en pequeñas produccciones independientes como Jeff, who lives at home, de los hermanos Duplass.
—A menudo son las mejores películas que haces. Cuando leí el guión, sollocé con algunas escenas. El filme dice tanto de las familias, de cómo puedes perder contacto con tus niños y cómo las cosas pueden salir tan mal. Me tocó como madre esa cinta. Películas así te dan una pequeña ventana que permite ajustar tus supuestos acerca de las personas o de las situaciones. Constituye una ocasión para replantearse. Es el cine en su mejor expresión; no te da las respuestas; no entrega enseñanzas morales; entretiene; te hace reír; llorar… pero, de alguna manera, después miras al mundo de otra manera.
—¿Reflexiona acerca de cómo llegó al tipo de vida que tiene hoy?
—Me gusta decir que ¡estoy acá porque todos mis planes fallaron! Nunca quise ser actriz. No estudié. Nada. Sólo buscaba salir de Nueva Jersey. Todo me ocurrió. Creo que es una de mis virtudes más fuertes y que más me ha servido. Cuando algo se cruzaba por mi camino, tuve la flexibilidad para decir: “Eso se ve interesante; intentémoslo”.
—¿De qué manera ha evolucionado como mujer y como madre?
—He resultado ser una mamá bien competente. Pero también hay hábitos de los que te quieres librar. Con los hombres me costó un mundo dejar de lado los cuidados maternales en vez del romance.
—Pasó por un difícil quiebre (con Tim Robbins) hace años. ¿Cómo lo superó?
—Al comienzo tuve sentimientos contradictorios: terror y entusiasmo. En todo caso, fue un proceso saludable. Necesitas sentir un poco de temor y de coraje para ir por la vida. Eso te despierta.
—Ha sido reacia a la cirugía plástica.
—Estoy muy cómoda en mi piel. Aunque existe mucha presión en Hollywood para verse lo más joven posible; pero muchas que han pasado por el cuchillo y después pierden toda la expresión. Cuando tienes 50 o 60 años y quieres verte de 25, hay algo extraño… Creo que tenemos una manera de envejecer con gracia: concentrarse en lo que representas, lo que has hecho y cómo eso se muestra en tu cara. Tu vida se refleja en tus ojos.
—¿Ha aprendido lecciones de vida importantes acerca de sí misma?
—Sí, que la belleza no tiene relación con ser perfecto. Son las imperfecciones las que te hacen hermosa. Y, también, que cuando crees que tu vida terminó, puedes seguir caminando, y salir de eso.
—¿Está orgullosa de su hija, quien participó en la serie Californication el 2011?
—Siempre lo he estado. Eva acaba de hacer un piloto para TV, y espera ser elegida. Se casó recién, quiere tener un trabajo normal… Su elección (el futbolista retirado Kyle Martino) es brillante, dicho sea de paso. Estoy muy feliz de eso. Mi principal preocupación es que los niños privilegiados a menudo no tienen una pasión. Eso aquí no sucede.
—¿Se casaría de nuevo?
—No. Nunca me ha gustado la idea de la religión institucionalizada. No me casé con ninguno de los hombres con los que tuve hijos. En esos tiempos, eso era muy importante.
—¿Cuál es el truco para una relación larga?
—El problema viene cuando la pareja se da por sentado y dejas de intentar el acercamiento. ¡Ya la atraparon! A veces, después de un rato, también hay que reiniciarse… Lo que pasa es que nadie habla de quién va a sacar la basura, qué dinero vamos a usar. ¿Quién deja de lado su carrera? ¿Quién se encarga de los niños? Hay que negociarlo.
—¿Es poco realista pensar pasar la vida entera con alguien?
—¿Realmente esperas vivir 25 años sin acostarte con nadie más? Alguien aparecerá en algún momento… ¿Cómo te enfrentas con eso? Todo es muy blanco y negro a los 22 años cuando no has sido tentada…
—¿Ambas partes deben colaborar para evitar esconder los problemas?
—Sí. O tienes una buena persona con la que conversas acerca de lo que ocurre o las cosas se van acumulando y te empiezas a distanciar.

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