Los detectives no le sacan la mirada de encima. Sentada en el centro de una oscura estancia, la rubia responde cada pregunta del interrogatorio policial y, por momentos, cruza las piernas seductoramente. Lleva un vestido blanco y en cada movimiento la escasa tela deja entrever parte de su anatomía más íntima. Una secuencia llena de sexualidad que se transformó en un ícono del cine contemporáneo. Su protagonista, Sharon Stone, jamás imaginó que esta escena de la película Bajos Instintos (1992) la convertiría en una de las mujeres más deseadas de Hollywood.

Hoy, con 56 años, la actriz sigue igual de seductora. Tal vez más. Dejó atrás las inseguridades de la juventud y mira el mundo de una manera distinta. Aprendió a aceptar el paso natural de la vida y a quererse tal cual es. No fue un camino fácil. “Hubo un momento en mis cuarentas en el que me encerraba en el cuarto de baño con una botella de vino, y decía: ‘No voy a salir hasta que pueda aceptar el modo en el que luzco ahora mismo’. Y examinaba mi cara en el espejo, y miraba mi cuerpo y lloraba. Entonces me decía: ‘Vas a envejecer. ¿Cómo quieres hacerlo?’ Y pensé que me gustaría ser como una bailarina. Quiero trabajar mi cuerpo”, aseguró hace poco en una entrevista para la revista norteamericana Shape, en donde se atrevió a posar con un pequeño bikini, dejando al descubierto su escultural figura.

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Desde sus inicios, Sharon se especializó en la interpretación de personajes seductores y malvados, siendo la perfecta femme fatal. Películas como Sliver (1993) y El especialista (1994) la llevaron a ocupar un lugar privilegiado en el cine mundial y a encandilar al público masculino. Tanto así que a los 32 años posó desnuda para la revista Playboy. Pero además de belleza, la rubia también irradia talento. En 1996 fue nominada a un premio Oscar como mejor actriz por su soberbio papel en el filme Casino. Ahora, se prepara para su nueva serie de televisión Agent X, en donde interpretará a la vicepresidenta de Estados Unidos, demostrando que sigue imparable.

“Ya no intento lucir como una chica joven, porque no lo soy. Y jamás lo volveré a ser. Así que estoy feliz con ser una mujer madura. Creo que los años te entregan mucha sensualidad, glamour y misterio. Aspectos que no tienes cuando eres menor”, sostuvo en la misma entrevista la actual madre de tres hijos adoptados  –Roan, Laird y Quinn–. Si bien hoy tiene mayores responsabilidades, aun así se da el tiempo para seguir una exigente rutina en el gimnasio. “Solía hacer nada más que Pilates en mi casa, pero desde que pasé los cincuenta sentí que necesitaba ejercitar más los músculos. ¡Incluso hago pesas!”, revela la rubia que tuvo que pasar por una crítica situación para comenzar a preocuparse por vivir el día a día de la mejor manera posible.

Fue en octubre de 2001 cuando sintió unos intensos dolores de cabeza. De inmediato fue trasladada al hospital de San Francisco, en donde le diagnosticaron una hemorragia cerebral provocada por un pequeño aneurisma. Afortunadamente, logró superar su enfermedad y se recuperó sin sufrir secuelas permanentes. Sin embargo, se transformó en una experiencia que la marcó para siempre. “Desde ese momento decidí darlo todo, vivir sin remordimientos. Así es que no me arrepiento de nada, porque hago lo que quiero”, asegura orgullosa.

Es budista y, por el momento, se rehusa a someterse a cirugías estéticas por considerar que ese tipo de belleza es “demasiado superficial”. Con todo, no ha tenido suerte en el amor. Se ha casado tres veces y las tres ha terminado divorciada. Aun así se muestra optimista frente a la vida, sin dejar que el tiempo la amedrente.No estoy interesada en ser joven para siempre. No quiero ser una persona sin edad, porque considero que ese ideal no es real. Deseo ser el tipo de mujer que se ve lo mejor posible a mi edad. Sólo eso”, asegura la actriz. El paso de los años, ya no es su problema.