Cada actor trata de parecerse a su personaje y a Sergio Hernández eso es algo que le viene natural. Hay algo en su mirada unido a una cierta solemnidad en su voz que recuerdan al hombre cuyo rol está interpretando. Sergio nos cuenta que siente sobre sus hombros el peso del desafío que acaba de asumir. Hace menos de un año, el director de cine italiano Daniele Luchetti se comunicó con él para decirle que lo quería como protagonista de su última película. El rol que había elegido era nada menos que el de Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco

La cinta se llama El Papa de la gente —que se estrenará en diciembre de este año— y se basa en la vida del actual Pontífice, haciendo un recorrido por sus vivencias menos conocidas, desde su juventud y años como obispo de Buenos Aires. “La producción me llamó desde Roma y me dijeron que querían que hiciera el rol del Papa. Yo no conocía al director y no sé cómo llegaron a mí. La propuesta me entusiasmó de inmediato, pero también pensé que podía ser una broma. Nunca creí que podrían ofrecerme algo tan grande”.

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Con una trayectoria de más de cincuenta películas, sin contar el teatro ni las teleseries, Sergio Hernández Albrecht (58) es el único actor chileno que participa en esta producción italo-argentina. Fue el desempeño de Hernández en cintas como Gloria de Sebastián Lelio, que tuvo un gran éxito en Italia y La noche de enfrente, obra póstuma de Raúl Ruiz, las que llamaron la atención de Daniele Luchetti.

Encontramos a Sergio entre una escena y otra del rodaje en Roma, la última etapa de las grabaciones. Luego de haber estado en Argentina, el elenco viene llegando desde Alemania. Han sido meses intensos, nos cuenta el actor. “Hubo cinco días de trabajo en Turín, con escenas que marcan un momento fundamental en la película. Junto a Rodrigo de la Serna, que interpreta a Bergoglio en los primeros años de sacerdocio, filmamos dentro de una iglesia muy antigua y hermosa”. Sergio se refiere al momento en donde las dos etapas en la vida de Bergoglio se funden. Mientras los actores recitan una de las homilías más significativas del Papa, se produce el salto temporal y el actor chileno entra de lleno en la película. “El texto de esa homilía es el fruto del encuentro entre los obispos latinos en Aparecida en Brasil. Bergoglio tuvo que redactar ese trabajo y ahí se expresa que el rol de la Iglesia tiene que ser social, acercándose a los más vulnerables”.

“Es una película que tiene mucho de documental, ya que tocamos temas como la dictadura argentina y lo que pasó con los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics. Luego hablamos de cuando Bergoglio se enamora antes de entrar al seminario. Tratamos también algunas situaciones familiares, sus ganas de irse a vivir al extranjero y la negativa de su madre”.

—¿Sergio, usted es católico?

—Lo soy porque me bautizaron. Cuando vivía cerca de la iglesia Santa Ana de Santiago ayudaba en la misa y participaba en las procesiones. Tuve periodos de mi vida cercanos a la Iglesia pero no tanto al clero. Prefería hablar directamente con Dios. Cuando viví fuera de Chile, recorrí Europa actuando principalmente en los teatros de las parroquias. Ahora me he metido mucho más en la actividad de Jorge Mario Bergoglio antes y después de ser obispo.

Para interpretar al Papa, Sergio tuvo que fijarse en cada detalle del Santo Padre. El tono de la voz, el acento bonaerense, el balanceo cuando camina y la mirada, son elementos que pasaron por su scanner actoral. “Desde octubre que estoy estudiando al personaje. Me he reunido con personas que compartieron con él, entre ellos el obispo argentino Eduardo García, con quien el Papa trabajó por once años en la Curia Metropolitana de Buenos Aires. El me explicó cómo mueve los brazos al hablar, como se ríe y hasta como cojea. Además tuve una reunión con el cardenal Ricardo Ezzati, que me habló del carácter de Bergoglio. El Papa siempre ha sido así, después de su elección al Pontificado no ha cambiado en nada. Vi también muchas entrevistas y homilías. Escucho con audífonos sus palabras y luego las repito. La verdad es que lo he estudiado mucho”.

—¿Qué ha sido lo más difícil de lograr?

—Mi voz viene desde el diafragma mientras la de Bergoglio es nasal. Me ha costado dar con su acento, con la cadencia y con su ritmo al hablar porque hace muchas pausas y eso es complicado reproducir con los tiempos del cine. El es una persona que reflexiona mucho antes de hablar. Además es un personaje que está muy presente en la vida de todos. Está constantemente en televisión, en los diarios y dando declaraciones.

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Antes de comenzar el rodaje, son necesarias dos horas de preparación. Cómplices de la transformación de Hernández a Bergoglio son un par de anteojos estilo años setenta, las cejas mucho más espesas y una peluca más canosa. “¡Reconozco que me encanta vestirme de cura y usar sotana! Encuentro que me veo bien. Una vez mi esposa no me reconoció, dijo que me veía demasiado estupendo”, afirma entre risas.

Según el mismo Sergio, hay un parecido con el Papa Bergoglio: “las orejas”, asegura bromeando. Pero más allá del físico, entre el actor y su personaje existe algo impalpable, que reluce cuando comienza a hablar. La voz, los ojos e incluso como Sergio mueve la cabeza recuerdan al Papa. “En nuestra juventud vivimos una época muy similar que nos marcó. Me refiero a la dictadura. Tanto chilenos como argentinos tuvimos muchas pérdidas. Perdimos valores, parte de la cultura, a los seres queridos. Eso determinó nuestra forma de ser. Tenemos una mirada triste. Lo que hemos vivido se nos nota. No somos seres livianos”.

—¿Siente el peso del personaje que está interpretando?

—Claro que lo siento. Yo sé que en la Iglesia está pasando algo y que Francisco es el gestor de ello, entonces a veces me pregunto ¿Y yo quién soy?

Desde su juventud, Jorge Mario Bergoglio ha tratado de producir cambios. Su discurso reformista no se queda en el papel sino que busca remecer las conciencias. Se cuenta que el entonces joven profesor de literatura del Instituto de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fe, llevó al escritor Jorge Luis Borges a una de sus clases. “Les movió el piso a los seminaristas”, apunta Hernández.

“No quiero hacer de él un personaje santo, sino que quiero mostrarlo como lo que es: un jesuita que en su vida ha tenido que comprometerse y aceptar desafíos. Con el director decidimos no llevarlo a ser un viejito bueno porque él también puede ser muy pesado. Bergoglio empieza a sonreír una vez que llega al Vaticano, en Buenos Aires era un guerrero. En Chile decimos ni perdón ni olvido, pero él dice perdón sí, pero olvido no”.

—¿Qué le va a decir al Papa cuando se encuentre con él?

—Estamos tratando de gestionar un encuentro pero aún no sé si ocurrirá. De ser así, me gustaría mostrarle que me sé algunas de sus homilías de memoria, como aquella en la que habla de la justicia social y de la imposición de la cultura del descarte.