Dice que su maleta se ha ido vaciando. Lleva 14 meses deambulando con ella desde el pistoletazo de salida en Berlinale (febrero 2017) hasta llegar a los Premios Platino (abril 2018) en la Riviera maya, la última gran parada y reconocimiento a su quinta película: Una mujer fantástica.

Sus pupilas de un verde aturquesado parecen risueñas al evocar. “La maleta más estrambótica fue post Oscar. En ese viaje yo había pasado por el Goya, los Premios Spirit y el Oscar mismo”, recuerda Sebastián Lelio, que cargó terno y corbata oscura, chaqueta formal y camisa clara, hasta el smoking de rigor (con chaleco) para cruzar y triunfar en una alfombra como la de Hollywood. Y, en tanto, la maleta engordando no de ropa sino de premios… Cuando acabe 2018 tendrá en su casa de Berlín la estantería más repleta del cine chileno.

El Oscar, reconoce Lelio, fue la guinda del pastel y sin demasiado aspaviento enmarca todos los premios que son indicadores de que la película tiene que ser vista. Y otra vez entornando los ojos como mirando hacia atrás dice que todo ha sido “grato sí, grato. Nunca me lo he tomado con demasiada pesadez”, aunque reconoce que toda la campaña del Oscar y toda la presión que significó fue desgastante, “pero son batallas que vale la pena dar”.

MADRINAS DE LUJO

El aterrizaje en Hollywood no fue de un día para otro sino más bien un tránsito de una película a otra. “Curiosamente, después de Gloria empecé de manera muy orgánica en un ir y venir hacia y desde el cine en inglés. Muchos de esos encuentros venían ya dándose”, señala.

Eso sí, la nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera de habla no inglesa le permitió, de golpe, estar codo a codo con directores como Paul Thomas Anderson o Steven Spielberg y decirles: “hola, mucho gusto, encantado de conocerle, admiro su trabajo”.

En ese momento, ya en campaña en Los Angeles, el director chileno se llevó una gran sorpresa: mucha gente había visto la película y tenía conquistado el corazón de grandes madrinas como las actrices Meryl Streep, gran defensora de Una mujer fantástica, o Julianne Moore, con la que ha trabajado posteriormente en la nueva versión de Gloria, que podrá verse a finales de este año.

Recuerda con emoción lo vivido. “Fue muy potente porque uno hace su película en un rincón, en Chile y luego descubres que la ha visto mucha gente”.

SIN PARAR

Y en medio de toda esta vorágine, Sebastián Lelio rueda y logra estrenar primero en Estados Unidos, y ahora en Chile, su sexto filme, Disobedience, protagonizada por actrices de repercusión internacional como Rachel Weisz (inglesa), ganadora de un Oscar a Mejor actriz de Reparto y Rachel McAdams (canadiense), nominada también a la estatuilla dorada.

Quienes le conocen bien no se extrañan de que logre abarcar tanto. Dicen que es un tipo detallista que trabaja mucho, que el primer email del día lo puede enviar a las 4 ó a las 5 de la mañana. Aunque también lo describen como alguien con los pies en la tierra, que entiende las posibilidades y límites de una película. Todos en general coinciden que es agradable en el trabajo, con apariencia dócil, aunque al mismo tiempo muy exigente.

¿Obsesivo? Puede que lo sea como todo buen creador al momento de abarcar los temas que marcan su cine. Reconoce conexión entre La Sagrada Familia y Navidad, su primer y segundo largometraje, con Disobedience. “Hay algo de las dos porque tiene puntos de contacto en cuanto a la tensión entre la ley y el deseo, la tensión entre la libertad individual y lo que la comunidad espera”. Pero, sobre todo, la clave del cine de Lelio se entiende cuando él dice que sus obras conectan “la tradición y la ruptura, que son elementos que siempre han atravesado mis películas”.

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Familia, mujer y sexo parecería ser el triunvirato de su cinematografía. Al principio el cineasta dice que esa afirmación suena bien, lo piensa un segundo y al minuto siguiente lo niega. “No, no suena muy bien porque no necesariamente familia tiene que formar parte de esa ecuación, puede ir por separado, si lo pones juntos parece una consigna extraña”.

RODEADO DE MUJERES

Parece que el destino le hace un guiño claro desde que nace un 8 de marzo de 1974. Su cumpleaños es el Día Internacional de la Mujer, y no parece casual en un director con tanta sensibilidad hacia las mujeres y su mundo, partiendo por la figura de su madre, bailarina de ballet.

Confiesa que su película Gloria tiene mucho de su figura materna. “Ella canta siempre en el auto, es muy buena para bailar y de alguna manera escucharla a ella y a sus amigas contando sus aventuras y desventuras, invitándome a su mesa, me hizo llegar a esa película”. Su madre sigue yendo a todos los estrenos, le sigue en su carrera, continúa saliendo con sus amigas y tomando pisco sour con todas ellas y con su hijo Sebastián.

“He crecido rodeado de mujeres, siempre he estado de su lado, siempre me han caído bien, si tengo que sentarme en una mesa de mujeres o de hombres a conversar y tomarme algo, inmediatamente me voy a la mesa de mujeres”. Tampoco nunca ha tenido la disyuntiva de estar en el lado de los hombres en un asado o en el de las mujeres. “No voy a asados, me los salto”.

Y es que en su escaso tiempo libre lo dedica a descansar y recuperarse. También aprovecha para ponerse al día con las lecturas atrasadas de guion. Aunque siempre hace hueco, este ávido lector, para algún libro especial como el que está leyendo ahora, que se titula La música, escrito por Matthew Herbert, el compositor de Una mujer fantástica. “Una preciosura de libro, narra literariamente todos los sonidos de un disco imposible que jamás se podrá hacer. Una belleza”.

LA DESOBEDIENCIA DE LELIO

Por Franco Fasola

—Una primera lectura de Desobediencia muestra un correlato de rebelarse contra el origen…

—La película plantea que hay momentos en la vida en que la desobediencia es un deber. Son instantes en que estás en una encrucijada evolutiva y hay que romper un mundo para pasar al siguiente nivel como individuo. En ese sentido yo creo que los tres personajes están en ese dilema.

Desobediencia está muy conectada con tus primeras películas, a nivel de la ruptura entre el individuo y lo que la sociedad espera de él…

— Entre que me contaron el proyecto, leí la novela y dije que sí, pasaron 10 días. Estaba terminando la gira de Gloria. Por primera vez me estaban llegando guiones para dirigir en inglés y yo no conectaba mucho con ninguno como para dedicarle dos años de mi vida. Hasta éste, que me emocionó por Rachel Weisz y sobre todo porque sentí que estaba en mis territorios. Es como La Sagrada familia y Navidad aumentado. Hay un triángulo, una comunidad observante, opresiva, con una visión estática de las cosas y están estos personajes vibrantes, que se equivocan, fluyen, buscan, son apasionados y se rebelan.

—¿Cómo te resulta trabajar con mujeres para lograr el tipo de intimidad que muestra Desobediencia?

—Hay un retrato de la textura cultural de esa comunidad judía ortodoxa que implicó mucho trabajo, estudio, muchas cenas sabbath, sinagogas, caminar barrios, pero tras ese vehículo, lo que hay es una historia de seres humanos… y como yo también soy uno, tengo puntos de contacto. Es eso lo que a mi me interesa. No soy una señora de 58 que se va de fiesta, ni una chica transgénero, tampoco una judía ortodoxa de Londres, pero soy humano como ellas y me interesa entenderlas, explorarlas. Verlas caer y levantarse. Y me interesan las actrices que están interpretando el rol. Yo creo que esa es la principal vía de acceso. Me interesa la batalla artística de esa persona que carga con un cuerpo, una historia, una química y como eso intersecta con un personaje. Yo filmo esa zona de intersección. Eso cambia todo.

—Tus mayores esfuerzos están en la dirección de actores…

—Es un ángulo que me importa demasiado. Me gusta generar la ilusión de hacer un ejercicio de desaparición, como si nadie hubiera dirigido la película… como ver una película donde el que mira no está ahí… pero es ilusión por que hay posición de cámara, hay lente… hay cine. Igual creo que desde Gloria y Una mujer fantástica, que es una película muy estilizada, en Desobediencia hay una mezcla: impresionismo y estilización. Entonces estoy buscando, me siento en expansión. Me siento mucho más cercano a un estudiante que a un experto.

—Es tu primera película en inglés y la crítica ha sido buena. ¿Qué lecciones has sacado de esto?

—Fue potente el estreno en Estados Unidos y ya está encontrando una audiencia en un mundo despiadado. Habrá que ver cuánta vida tendrá, cuánta conversación será capaz de generar, que es lo que mide realmente el impacto de una película.

—Esa conversación se ve favorecida con la coyuntura de las demandas feministas globales…

—Uno hace las películas en el tiempo que vive y supongo que hay una mezcla de hacerse cargo de lo que uno ve todos los días y de que uno siente y le duele y también de conectar con lo que es posible pero que todavía no ha pasado. Eso que está en el aire y todavía no tiene nombre. No es que sea un ejercicio de futurología, sino que uno de sensibilidad de lo que ya está inseminado en el ambiente. Todo aquel que me acusa de oportunismo, le digo que no tiene idea de cómo se hacen las películas.