En pocas semanas más, específicamente el 15 de julio, se cumplirá una década sin Bolaño. La sentencia es, más bien, un decir. Sobre el escritor no se han tejido teorías como las urdidas luego de la muerte de Jim Morrison o Elvis Presley, pero tras su deceso Bolaño parece haber resucitado. La elogiosa crítica a su obra en Estados Unidos y la publicación de nuevos libros —siete en total, entre novelas, cuento y poesía— han propiciado el milagro. Y ahora, justo ahora, una película vuelve a estirar la cuerda de su existencia.

Alicia Scherson —Play (2005), Turistas (2009)— rellena una copa de vino. Acaba de entrar a su departamento en el octavo piso de las Torres de Tajamar. Llega retrasada por culpa del taco y porque se quedó sin efectivo y debió convencer al señor del parquímetro que la dejara ir a casa a buscar el dinero para pagarle. En una escena que, perfectamente podría ser de un cuento de Bolaño, el hombre accede y mientras espera, esta entrevista se realiza.
Scherson nunca conoció a Bolaño, pero es su fan. Lo evidencia la colección de Anagramas que ocupa la hilera de uno de los libreros que tiene repartidos por el living del departamento que comparte con otro cineasta, Cristián Jiménez; también sus palabras.
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“Entré a Bolaño por Los detectives salvajes, luego leí todos sus cuentos, y más tarde las novelas: Nocturno, Estrella distante, La literatura nazi en América; también su poesía. Pero ninguna de esas lecturas me llevó al cine, a pensarlas como posibles adaptaciones. Me acuerdo que Una novelita lumpen la leí en 2005. Recuerdo haberla comprado en la calle, pirateada. Enganché al tiro. Cuando terminé dije: quiero hacer una película con esto”, sostiene.
La bolañomanía aún no se desataba cuando Alicia Scherson contactó a la agente de los derechos del escritor, Carmen Balcells, para contarle de su deseo de adaptar Una novelita lumpen —la última de las novelas que Bolaño vio publicada—, quien algunos meses más tarde confirmó la cesión de derechos por parte de la viuda de Bolaño, Carolina López.

“Lo que más me enganchó de la novela fue el tono, la voz de la protagonista, Bianca —interpretada en la película por Manuela Martelli. Es una voz sabia, que habla desde el futuro, convertida en madre, pero a la vez es una voz de niña, lúcida y llana. Lo otro que me gustó fue el hecho de que habiendo una trama muy clara que articula la historia —una pareja de adolescentes huérfanos que intenta robar una caja fuerte—, hay desviaciones de ese plot que son más importantes que la trama principal. Dicho de otro modo, no es tan importante el camino, sino cómo lo recorres, los desvíos que eliges, cómo vas y vuelves. Esa relación con las tramas es la que me interesa. La posibilidad de poder pervertirlas. Y Bolaño hace eso mejor que nadie”.

BOLAÑO, EL LIBERTADOR

Alicia Scherson estaba en tercer año de Biología y ya no quería saber nada más de mitocondrias y ribosomas, cuando vio un aviso en el que llamaban a postular a la escuela de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. “Ese aviso me cayó encima como esos diarios que aparecían girando en la pantalla en las películas de los años ’50, recuerda. Postuló y quedó seleccionada. Tras ese viaje a Cuba, supo que no iba a despegarse del cine.

Demoró casi siete años en estrenar. En 2004 filmó Play, y un año después su ópera prima llegaba al cine. Y aunque en esos días aún no tenía en mente adaptar Una novelita lumpen, Bolaño ya era un personaje importante en su vida.
“Bolaño se erigió como un referente nuevo para toda una generación que estaba hasta la tusa con el realismo mágico —afirma Scherson. Lo viví en carne propia con Play cuando la presenté en diferentes festivales en Europa. Como tiene algunos elementos fantásticos y venía de América Latina, te decían ah, Chile, realismo mágico. Y tenías que hacerte cargo de ciertos patrones que no te correspondían. Bolaño nos dio un nuevo canon, nos liberó de ese karma”. Pero además, Bolaño también vino a cambiar lo que significaba sentirse latinoamericano, según Scherson.
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“Bolaño tiene una manera de entender lo latinoamericano o lo hispanoamericano siendo de ningún país y de todos los países a la vez. A Bolaño lo reclaman los mexicanos, los españoles y nosotros. El, como persona o personaje, y por supuesto su obra, simplemente no son encasillables en una nacionalidad. Ese tipo de pertenencia compleja al territorio es algo que compartimos, quizá de forma aún más potente, con mi generación y las que la siguen. Es una definición de identidad que está en cambio permanente. No podemos andar por ahí representando a la patria como si fuéramos una miss Chile o un equipo de fútbol. Sin embargo, siempre en la memoria, en la sangre y en la obra, están la cordillera y la marraqueta tostada con palta”.

EL FUTURO

Ese carácter híbrido de Bolaño también lo tiene El futuro —que se estrena el jueves 6 de junio en los cines locales—, al punto que en los festivales donde se ha presentado han tenido problemas para resolver en qué sección la seleccionan. “La historia ocurre en Roma, está hablada en italiano e inglés, tiene una directora chilena y un equipo técnico que mezcla alemanes, italianos y argentinos. ¿Dónde la pones?, ¿en la sección de cine del tercer mundo?, ¿en la de cine europeo? Es un karma bolañiano que aceptamos con gusto”, dice.

La película cuenta la historia de dos hermanos que quedan huérfanos tras un accidente y, en ese sentido, es muy fiel a lo que sucede en la novela. “La trama es la misma, los personajes son los mismos, lo que cambia tiene que ver con cierta materialización que ocurre al hacer el traspaso, con la concreción absoluta que exige el cine, donde todo tiene que ser visible. La verdad es que recién ahora descubrí esa banalidad del cine y esta adaptación aumentó mi admiración a la literatura. Las palabras escritas son tan abiertas, tan misteriosas… Por ejemplo la atmósfera que Bolaño arma en esta novela es imposible precisar dónde está, en qué palabras o en qué frases se esconde. En cambio en el cine, esa atmósfera hay que construirla a pulso, como un albañil, pura materialidad”.

Ese carácter híbrido de Bolaño también lo tiene El futuro —que se estrena el jueves 6 de junio en los cines locales—, al punto que en los festivales donde se ha presentado han tenido problemas para resolver en qué sección la seleccionan.

Pero eso es, precisamente, uno de los aciertos de El futuro. La película rescata la atmósfera de la novela. Es muy bolañiana.

“La historia se desarrolla en una Europa al borde del despeñadero. Es casi una premonición bolañiana. La novela fue escrita por encargo en el 2001 —de hecho fue lo único que Bolaño escribió por encargo— y yo creo que resuena allí algo de ese ambiente apocalíptico del cambio de milenio. Esa sensación de fin de mundo se nota más todavía en Europa y específicamente en Roma, cuando estás conviviendo con las ruinas del imperio”, dice Scherson.

Ha pasado casi una hora, y como si retomara una historia lateral, esas que se escapan de la trama, se acuerda del señor de los parquímetros. “Tengo que llevarle el dinero”, dice. Bajamos los ocho pisos en ascensor y cruzando Providencia desaparece rumbo a ese encuentro probable. Todo como si fuera un cuento de Bolaño.