Miss Simpatía ataca de nuevo. Y esta vez, Sandra Bullock trae dos nuevas películas: The Heat: Armadas y peligrosas, sobre dos amigas policías (con Melissa McCarthy), y Gravity, sobre un accidente en el espacio (con George Clooney).

The Heat —que ya se estrenó, con buenas críticas, en Estados Unidos y Europa (acá lo hará el 3 de octubre)— es la típica historia de las parejas disparejas de policías que al principio se llevan muy mal y al final se llevan muy bien. Melissa McCarthy es la enorme protagonista de la serie Mike & Molly, que transmite Warner.

Yo quería hacer una película de un par de amigas, y trabajar con Melissa McCarthy.

“Yo quería hacer una película de un par de amigas, y trabajar con Melissa McCarthy. Un productor me dijo que no había guiones de compinches disponibles, y, para ser honesta, yo estaba perfectamente feliz en casa, cuidando a mi hijo. Pero un amigo me envió el guión de Heat y cuando lo leí me reí todo el rato. Estaba muy entusiasmada con la idea de filmarla y hacer las cosas que los hombres hacen en este tipo de cintas”. (Arma mortal y Una pareja explosiva son dos buenos ejemplos).

En la película, Bullock, explota el lado divertido de La Chica de al Lado, siempre graciosa, divertida, aquella que le dio un gran beso a Meryl Streep en la entrega de los premios de la crítica en 2010, y bromea con eso (“tenemos algo con ella”).

—Este año ha sido muy interesante para usted con el éxito de Heat (que se estrenó en junio en Estados Unidos; en Chile, debutará el 3 de octubre). ¿Le gustó trabajar con Melissa McCarthy?
—¡Es una mujer tan maravillosa, feliz e interesante!… Ella también es una madre, y esa fue parte de nuestra conexión. Fue como si tuviera un alma gemela para pasar el rato y hablar de la vida. Incluso pensamos en hacer un programa juntas. Es muy divertida.

El otro filme Gravity (que se estrena en Chile el 17 de octubre) va a inaugurar el 28 de agosto el Festival Internacional de Venecia (donde Pablo Larraín será jurado). Lo dirige Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Harry Potter y el prisionero de Azkabán). Es una obra seria, exigente, que trata de dos astronautas que quedan vagando en el espacio después de que unos restos espaciales se estrellan contra su nave. Ellos son los dos únicos actores visibles (sólo se escuchan las voces de los demás).

“Básicamente yo estaba encerrada todo el día en este cubo con una luz extraña mientras rodábamos”, explica Sandra Bullock (49 años). “No comprendía la totalidad de lo que estaba ocurriendo en el proceso de filmación. Tenía pequeños pedazos en términos de los cables y de la pantalla verde. Pero Alfonso estaba experimentando con diferentes tecnologías para alcanzar la ingravidez y todo lo extraño que nuestros personajes vivían”.

Sandra Bullock nació en Arlington (Virginia). Es hija de una cantante alemana de ópera y de un empleado del Ejército de Estados Unidos que estaba instalado en Nuremberg. Durante sus primeros años, acompañó a su madre en giras artísticas por Europa. Estudió ballet, canto y piano, y tuvo pequeñas intervenciones operáticas. También participó en un coro infantil. La Bullock habla alemán perfectamente.

Regresaron a Estados Unidos cuando ella tenía 12 años. Después, estudió teatro en Carolina del Norte y luego en Nueva York, donde se ganó la vida como garzona y barwoman.

Se hizo conocida con El Demoledor (1993), pero el verdadero éxito llegó con Máxima velocidad (1994), donde fue pareja con el seductor Keanu Reeves (la química se repitió en la romántica La casa del lago, de 2006).

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Tras algunas películas que no tuvieron mayor trascendencia, el año 2009 fue espectacular para Sandra, con La propuesta (con Ryan Reynolds) y The Blind Side (Un Sueño Posible), que le valió el Oscar en 2010. Curiosamente, la noche anterior había recibido el premio Razzie a la peor actriz por Todo sobre Steve, con Bradley Cooper. Sandra fue a recibirlo también.

En lo personal, “la novia de América” tuvo romances con los galanes de moda Matthew McConaughey y Ryan Gosling. En 2005, Sandra se casó con otro ídolo sexy: el chico malo de las motos Jesse James (Monster Garage). Se divorciaron en 2010.

Siempre alegre, Bullock bromea acerca de las escenas románticas en Gravity. “¡Oh, hay tanto sexo espacial en esta película! Es mucho más lento que en la vida real, por esto de la gravedad cero. Nos toma unos buenos 45 minutos pasar del comienzo al final. El público puede cabecear un poco, pero el clímax es sorprendente”.

—Sandra, ¿cómo es el desafío de trabajar suspendida en el aire simulando estar perdida en el espacio?
—Usamos diferentes tipos de tecnologías para crear el efecto de ingravidez, y gracias a ello desarrollé muy buenos abdominales —sonrisas—. La parte más extraña era hablar con George (Clooney) por micrófono y no verlo. No pasamos mucho tiempo trabajando juntos; la mayoría de las veces sólo escuchaba su voz o la del director. George trataba a veces de engañarme imitando la voz de Alfonso (Cuarón), ¡pero yo lo pillaba!

—¿Te dieron ganas de emprender un viaje al espacio?
—¿Y quedarme dando vueltas después de que tu nave es destrozada? No, gracias… Mis pies se sienten muy bien en el suelo. Pero si mi hijo fuera un adulto y me pidiera que fuera con él, podría intentarlo. De otro modo, prefiero ser un terrícola.

—¿Cómo fue trabajar con Clooney en estas difíciles circunstancias?
—¡Es maravilloso trabajar con George! ; él es muy creativo. Incluso me escribió una escena en el filme. El director y yo nos habíamos quedado pegados en una parte clave. Entonces, Alfonso abrió su computador y Clooney mostró lo que le había enviado, y esa fue la escena que usamos.

—¿Le deja una marca este filme?
—Nunca había experimentado nada como esto. No hay palabras en mi diccionario mental que puedan describir lo que fue. Mientras filmábamos, sólo tratábamos de avanzar día a día sin saber si iba a funcionar la tecnología que estábamos preparando para hacer la escena que Alfonso tenía en su cabeza. De modo que había aspectos físicos que eran mucho más exigentes y nos preguntábamos: “¿voy a terminar herido?, ¿seremos capaces de hacerlo?”. La cinta viene en 3D y en IMAX 3D.

En enero de 2010, Sandra Bullock y Jesse James (quien jura ser descendiente del famoso bandido) habían adoptado a un niño nacido en Nueva Orleans. La guagua ya vivía con ellos, pero la pareja había decidido esconder la noticia hasta después de la entrega de los premios Oscar, el 7 de marzo. Diez días después de la alegría del triunfo, una modelo llena de tatuajes dio a conocer que tenía una relación de once meses con Jesse. El divorcio no se hizo esperar. Sandra suspendió todas sus apariciones en alfombra roja para promover Un sueño posible, pero continuó los planes de adopción del bebé, quien hoy tiene 3 años y se llama Louis Bardo Bullock.

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—¿Cómo le ha ido en su vida como madre?
—Es muy básico. Me levanto al amanecer, preparo desayuno y almuerzo, lo llevo al colegio; hago ejercicios por una hora o algo así; luego, lo paso a buscar y paso la tarde con él. Podemos ir al parque o puedo llevarlo a una clase de natación. Después, le preparo la comida, lo baño y le leo un cuento en la cama. ¡Es una vida muy sexy! —sonríe—. Me encanta vivir dedicada a él.

—¿Es muy distinto ser una madre?
—Sí, pero es hermoso. Me encanta el hecho de que mi existencia ya no tenga tanto que ver con el trabajo y que pueda encontrar tanta alegría en cuidar a mi niño. Me siento tanto menos estresada y absorta en mi propia vida; siento que estoy disfrutando más las cosas.

—¿Te preocupas mucho como madre?
—Siempre estoy pensando en si estoy haciendo un buen trabajo o haciendo las cosas de la manera correcta. Me imagino que son las preocupaciones normales de las mamás y quiero ser la mejor madre posible. Simplemente, disfruto el hecho de que Louis sea el centro de mi universo y estoy dedicada a su bienestar.

—¿Es un momento especial de tu vida?
—La vida es buena y no hay una mañana en que no despierte y me dé cuenta de eso; estoy segura de que se debe a Louis.

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