Muchos especulan de su comportamiento, pero lo cierto es que hoy poco y nada se sabe de sus antiguas polémicas. Reconocido como el amante de Meg Ryan durante el segundo milenio —y por algunos escándalos, como declarar que la BBC lo censuró cuando recibió el Bafta como mejor actor en 2002 o haber agredido a un conserje de un hotel— pero sin duda, digno de fama mundial por su participación en diferentes filmes como L.A. Confidential (1997), Una mente maravillosa (2001) y Cinderella man (2005). Desde comedias románticas del estilo Un buen año (2012) hasta musicales como Los miserables (2012), el ganador del Oscar por interpretar a Máximo Décimo en Gladiador (2000), Russell Crowe busca acariciar nuevamente la gloria a sus 51 años y no sólo como actor, sino bajo la dirección de su nueva apuesta rodada entre Estambul y Australia, en una adaptación del libro de Andrew Anastasios y Andrew Knight sobre la batalla de Galípoli en la Primera Guerra Mundial en El maestro del agua, que se estrenará el 4 de junio en nuestro país.

Nacido en Wellington, capital de Nueva Zelanda, pero criado desde los cuatro años en Australia, Crowe siempre estuvo ligado al mundo de las cámaras. Sus padres fueron los encargados de entregar el catering en distintos rodajes cinematográficos y desde los seis años ya dirigía algunas obras de su colegio en Sydney. Sin embargo, su familia no tenia ingresos suficientes para mantenerse y Russell no terminó sus estudios. Durante su juventud, probó suerte como actor callejero hasta conseguir un lugar en la televisión y el cine australiano hasta que finalmente logró rozar las estrellas de Hollywood en Virtuosity, en 1995. Se casó y luego divorció de la actriz y cantante australiana Danielle Spencer, con quien tuvo a Charles y Tennyson Spencer, de 8 y 11 años y a quienes declara su máxima fuente de inspiración para interpretar al protagonista de esta cinta, un granjero australiano que busca encontrar a sus tres hijos perdidos durante la guerra. “Una vez que eres papá todo lo que haces se trata de eso. Lees algún papel como este, de un padre con tres niños que murieron en una batalla y claro que sientes una gran empatía”.

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—¿Cree que es difícil ser buen padre?

—No. Una vez que sucede es lo más importante que te pasa en la vida. Algunas veces me complica tener que viajar tanto, pero siempre estoy hablando con ellos. Apenas estoy dos minutos con ellos, veo como me responden y me doy cuenta de que nada ha cambiado. Charles y Tennyson saben siempre donde estoy y que es por trabajo. Saben cuánto los ama su padre. No se trata de un trabajo para algún papel, sino del mayor privilegio que tengo y para lo que me esfuerzo, llegar a casa y pasar tiempo juntos.

Pero como su regreso a la pantalla no podía no provocar más ruido que el de un estreno —y a pesar de que la película haya ganado tres premios AACTA (los Oscar australianos)— fue la gran ausente de la temporada de premios en Los Angeles.

—Su película ha recibido muy buenas críticas. ¿Dónde estaba en los Oscar?

—Viendo a mi equipo jugar fútbol. Ganamos, así que tomamos una buena decisión.

—¿Qué lo llevó a tomar la dirección de El maestro del agua ?

—He estado en este negocio desde los seis años. Conozco la naturaleza del cine. Es el lenguaje que hablo. Solía trabajar sólo con directores que eran mayores que yo, pero algo pasó y de repente me encontré en el backstage trabajando con directores más jóvenes. Eso te indica que llevas tiempo en esto. No puedo decir que estaba buscando esta película. Simplemente se me acercó y me encontró, y eso es lo que hace que sea aún mejor.

—¿Cómo manejó su doble rol de protagonista y director?

—No fue difícil, todo lo contrario. Toda mi experiencia y cómo he trabajado mi carrera, siempre pendiente de cómo me veo, cómo graban, hace que se me haga más fácil dar el salto y dirigir todo yo. Sin duda, los días se hacen largos y sientes que todo tu esfuerzo se va durante la jornada. Pero lo disfruté muchísimo, ahora pienso: ¿qué haré mañana? Ya no tengo que ir al set y maquillarme. Es una gran responsabilidad ser director. Los colores, las texturas y hasta cómo se mueve la cámara son las grandes decisiones y me acomoda estar de ese lado también ahora.

—Algunas escenas de El maestro del agua son bastante fuertes…

—Cuando uno está filmando una historia como esta, parte de la responsabilidad es mostrar la diferencia entre la glorificación de un momento y la realidad. No es sólo ir a las trincheras, grabar y que alguien muera. Las personas quedan tiradas desangrándose durante seis o siete horas. La cantidad de gente que se me ha acercado después de ver la película y que me dice: “No pensaba que fuera así”, hace que mi conciencia esté tranquila.

—Después de crear relatos tan al límite, ¿vive más consciente de sus propios actos?

—No lo sé. Todo el mundo tiene malos momentos en su vida. Pero alguien como yo tiene que cargar con eso para siempre. Hace un tiempo, alguien me empezó a hablar de algo que había hecho diez años atrás y me dijo: “no has estado loco el último tiempo”, pero fue un simple error del pasado. Sin embargo, la gente me habla de esas cosas como si fuera mi presente. Es ridículo. He cambiado en muchos sentidos, ahora entiendo todo lo que significa mi experiencia. Es muy agradable estar en este momento de mi vida, donde puedo contestar a las dudas que les surgen a otros. No sé si he madurado o no, soy apasionado por todo lo que hago. Probablemente, eso es lo que me trajo tantos problemas en el pasado. Amo profundamente mi trabajo. Algunos podrán creer que me tomo las cosas muy en serio, pero no, simplemente me fascina dedicarme a mi trabajo. Solía pensar que ser actor era el mejor trabajo del mundo, sin embargo ahora me encuentro en este lugar impar. Hay muchísimo en juego en esta película. Si no funciona comercialmente, no será fácil para mí volver a dirigir. Si no puedo volver a hacerlo, estaré en un limbo entre lo que tengo que hacer para alimentar a mi familia y lo que realmente quiero hacer. He invertido tres años de mi vida en esta extraña forma de comprar mi libertad.

—Si tuviera la oportunidad, ¿qué le aconsejaría a un joven Russell Crowe?

–Haz lo que estás haciendo ahora. Sigue haciéndolo. Ama lo que estás haciendo. Amalo profundamente y estarás bien.