Cuando no sabes qué hacer con las manos, las pones aquí”, explica Renée Zellweger (47) sobre la funcionalidad de esos bolsillos de su corto vestido Burberry con el que llega a la entrevista. Ganadora del Oscar y regalona de la industria del entretenimiento es raro pensar que esté nerviosa y no quiera demostrarlo con gestos. Pero la actriz lleva seis años sin actuar y en septiembre vuelve en grande: interpreta por tercera vez al personaje que hizo explotar su propularidad en la comedia. Además, una de sus últimas apariciones en la alfombra roja —para los premios The Elle Magazine Women In Hollywood en octubre de 2014— se transformó en tendencia mundial en las redes sociales y medios porque su cara se apreciaba bastante distinta y no en buen sentido del cambio… Críticas y especulaciones sobre una supuesta cirugía plástica surgieron instantáneamente, junto con debates sobre la obsesión por aparentar juventud en su trabajo. Tras su respuesta inmediata que culpaba a un mal maquillaje, se recluyó. Sólo hace unas semanas, mediante una carta abierta en The Huffington Post, la rubia negó cualquier operación y escribió sobre el escrutinio al que exponen siempre a las actrices. Por fin se sacó esa venenosa espina.

En la nueva película que dirige Sharon Maguire (responsable de la primera entrega de la saga) ya no la acompañará el pícaro Hugh Grant, quien es reemplazado por el norteamericano Patrick Dempsey (Grey’s Anatomy). También Bridget sale de la desorientación y sueños de treintañera para otro desafío: enfrentar los 40 y la maternidad.

—¿Qué te hizo volver?

—Ya era hora. Estaba lista y extrañaba filmar. Este es un medio creativo que significa bastante para mí y, definitivamente, lo anhelaba. Y cuando me enteré de la nueva película de Bridget Jones me entusiasmé.

—¿Te gustó descansar de Hollywood?

—Sí, aprendí mucho. Tampoco me retiré a una playa desierta. Estaba explorando otras habilidades: desarrollé dos shows, inventé un programa de televisión y lo grabé, también estudié. Me dediqué a vivir. Cumplí ciertas promesas que me hice hace mucho tiempo.

INTERNA-I

—¿Sientes que retomaste el personaje de Bridget de manera distinta, debido a la renovada fuerza feminista en la industria y cambios en la cultura popular desde la última película? ¿Es ella alguien familiar o la redescubriste?

—Las dos cosas. Fue muy cercana por un montón de razones y el proceso de preparación fue el mismo, excepto que había mucho que explorar su evolución en el tiempo: cómo había cambiado, cómo había crecido y, lo más importante, en qué sigue igual.

—Ahora la sociedad quiere ponerse al día con el feminismo…

—Sí, se siente que algo está pasando. Es un gran momento. Parece que las generaciones jóvenes entran a la vida laboral sin estar conscientes de las luchas que protagonizaron mujeres antes de ellas. Se sienten, probablemente, con derecho y no cuestionan lo contrario.

—Bridget tiene más de 40 años y hay dos hombres que se la disputan. Se mantiene deseada y eso envía un mensaje positivo a sus pares en la edad. ¿Has pensado en eso?

—No lo vi de esa manera. No en el momento de filmar. Me dediqué a ponerme al día con un personaje que adoro. Nunca se me ocurrió ver dónde encaja ella desde esa mirada. No se me pasó por la mente que no se sintiera vibrante y viéndose lo mejor posible. Tampoco que ella podría ‘no ser deseable’.

—Pero es un mensaje positivo…

—Definitivamente.

—Y se trata de la franquicia de la vida de una mujer.

—Existe una escritora, directora, productora y una película centrada en una mujer. Me pone feliz que la gente esté respondiendo de forma tan positiva, porque hay un mensaje en aquello: que estas historias son valiosas y las mujeres quieren ver cintas sobre ellas.

INTERNA-II

—¿De qué manera se puede relacionar con Bridget?

—¡Ay, Dios! Sobre todo en sus fracasos. Su torpeza y que se recupera. Es inspiradora y una persona auténtica.

—¿Dudaste en retomar este personaje?

—Absolutamente. Quería que importara. Es una tercera película basada en un personaje que mucha gente ama y hay que tener cuidado. Sentía una responsabilidad con Helen Fielding (autora de los libros) y el mundo que creó. Ser fiel a lo que representa.

—¿Te ves dirigiendo?

—Tal vez. Lo exploré en este tiempo libre.

—¿En qué está tu serie Cinnamon Girl (sobre unas muchachas a fines de los ’60)?

—Ya la filmamos. Fue sólo el piloto y salió bien. Ahora algunas de las chicas están en otros proyectos. Un par de ellas ya están contratadas en nuevos shows, lo que era uno de los objetivos: encontrar nuevos talentos y darles un empujón.

—¿No te parte el corazón ver que algo en que te involucraste tanto no continúa?

—Sí y no. La razón es que una de las motivaciones era ver si éramos capaces de hacer el proyecto, una idea que tenía desde la universidad. Que se pudiera desarrollar ya fue un triunfo.  

—En El bebé de Bridget Jones se suma como coprotagonista Patrick Dempsey en el papel de Jack. ¿Cuál sería tu elección personal, él o Mark Darcy (Colin Firth)?

—No elegiría. La historia juega con ellos. Todavía es demasiado pronto para saber qué pasaría.

¿Es cierto que filmaron dos finales para mantener el misterio?

—Rodaron cierres ambiguos… En el libreto de la escena final los llamaron X e Y, sin decir quién era quién. Tenían que pararse al lado de Bridget en la misma toma.

—¿Te emociona volver a la alfombra roja?

—A veces.

INTERNA-III

—¿El aspecto superficial?

—Si lo pones de esa manera… Pero hay cosas que son muy entretenidas. Si lo miras desde el punto de vista humano —y no comercial— esa noche se trata de celebrar algo que compartes con tus amigos. Además, ¿dónde más vas a usar un vestido especial y lindas joyas? Es algo festivo. También hay otro elemento que trato de alejarme: la ‘mercantilización’ del actor en términos de escrutinio público y tipo de historia que se puede escribir para va a vender o tener sintonía. Todo lo que se enfoca en reducir a un ser humano no es divertido.

—¿Estás en las redes sociales?

—No. ¿Para qué? ¿Realmente me podría interesar poner la voz de alguien en mi cabeza cuyas motivaciones son cuestionables? No, no.

—¿Qué descubriste durante esta larga  pausa del cine?

—No puedo contarte. Por dos razones: es demasiado personal y lo otro es que aún trabajo en algo que prefiero hacer más que ‘comentar’.