De lado a lado. La amplia sonrisa de Reese Witherspoon (38) tiene su propio —y alto— valor en Hollywood. La menuda actriz ostenta una posición privilegiada: el público corre al cine para verla dar carcajadas y, en paralelo, la crítica alaba que ese carisma siempre se acompañe de talento excepcional. Paradójicamente, sus interpretaciones dramáticas son las que la ubican en el Olimpo de excelencia. Su último calvario frente a las cámaras se llama Alma salvaje —con estreno el 5 de febrero—, título que rompió el ‘hechizo’ en el que su Oscar de 2006 la había sumergido.

Tras la premiada Johnny & June: Pasión y locura estrenó una seguidilla de cintas para el olvido. El prestigio y la taquilla se divorciaron. La siempre bien comportada artista hasta saltó a la vereda de los tabloides cuando una noche de 2013 fue arrestada ebria en una discusión con la policía de Atlanta, pese al intento de calmarla de su segundo marido.

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A poco de llegar a los 40, Witherspoon tuvo un momento epifánico que se sella con su actual nominación al Globo de Oro. Su 2014 marcó otro rumbo frente y detrás de cámara: su trabajo como productora se anotó un gran éxito con Perdida y ella reapareció sin maquillaje, exigida físicamente, sin pudores y con escenas de sexo explícito en Alma salvaje.

La actriz leyó el libro biográfico de transformación de Cheryl Strayed —en que la autora abre su historia de infidelidad, adicción al sexo y heroína— y se apuró a comprarlo para protagonizarlo y llevarlo a pantalla. El director Jean-Marc Vallée (Dallas Buyers Club) se hizo cargo de este relato que sigue la caminata de expiación de la protagonista, quien recorre en solitario más de mil kilómetros por el Sendero del Pacífico luego de la muerte de su madre.

—¿Cuándo fue la última vez que quisiste huir y dejar todo atrás?

 —Más a menudo de lo que debería admitir. En estos días me ha tocado hablar mucho de lo importante que es la soledad y lo difícil que resulta experimentarla en esta sociedad tan ‘conectada’. En 1995 —y como una gran mayoría— ni siquiera tenía celular. Eramos capaces de desconectarnos y centrarnos.

—¿Cómo lo logras hoy?

—Apago el teléfono.

—¿Pero tienes tantas obligaciones: mamá, actriz, productora?

 —No es fácil tener tiempo propio. Siempre bromeo: No he estado sola desde los ’90.

—¿Es más fácil para la mujer actual escapar de su vida?

 —Nunca lo es para ninguna mujer.

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 —Pero las mujeres ya no se definen por la maternidad.

—No diría eso. Seguimos ferozmente conectadas a los hijos y familia. Nunca desaparece. Es una cualidad esencial de la feminidad.

 —¿Qué aprendiste acerca de la naturaleza y la vida al aire libre con Wild?

 —Jean-Marc Vallée me pidió no tener ninguna información sobre el senderismo. Sólo me permitió mirar los equipos. Así que cuando me ves tratando de encender la cocinilla y no puedo, realmente me siento frustrada y la agarro a patadas. Lo mismo con la carpa, escena donde me filmaron durante dos horas. Existía autenticidad ahí. No sabía lo que iba a hacer cada día.

—Pero, ¿habías salido de excursión?

—Sí, ¡a los 12 o 13 años!

 —¿Qué había en el libro de Cheryl Strayed que te lanzó a hacer la película?

 —Me conmovió cuando lo leí. Tocaba muchos temas importantes: el dolor, la pérdida, decir adiós a alguien que todavía amas, sexo, drogas. Cosas de la vida real. Fue desgarradoramente honesta. Hablaba de sí misma de una manera en que tú jamás podrías hacerlo. ¡Y se abrió a tanta gente! Para mí la parte más importante es cuando pudo afirmar:  Si pudiera volver atrás y partir de nuevo, no haría nada diferente. A lo mejor yo quería dormir. Tal vez yo quería acostarme con muchos hombres y la heroína sí me pudo enseñar algo. Está la idea de perdonarse por todo aquello que nos hemos recriminado o avergonzado. Eso es un regalo.

— ¿Y las escenas más duras?

—La exigencia física. En una escena colgaba de un acantilado sin arnés, no pude más y estallé en llanto.

—¿Fue difícil vender el proyecto?

—No tuve necesidad porque puse mi dinero. Nadie supo cuando compré los derechos del libro. Sólo cuatro meses después fue elogiado en The New York Times y Oprah Winfrey lo eligió para su famoso club de lectura porque la había inspirado. Ella nos ha apoyado muchísimo. Me llamó y me dijo: Si hay algo que pueda hacer, realmente espero poder ayudarte.

 —¿Qué tipo de fortaleza es necesaria para mantenerse en Hollywood?

 —(Ríe) Una cierta persistencia y tenacidad. Empecé la idea de mi productora hace tres años, al ver un déficit de mujeres protagonistas. Al inicio, eso me enojaba en las conversaciones con los estudios. Luego pensé: ‘No tengo derecho a enfadarme. Siempre he tomado las riendas en los cambios de mi vida. Todo lo que tengo que hacer es ponerme a trabajar y desarrollar habilidades que he visto en otras personas’. Conocí a la productora Bruna Papadrea y, simplemente, comencé a leer y leer. Ahora de manera diferente.

 —¿Cuál es tu meta exacta?

 —Desarrollar personajes femeninos que sean complejos, con peculiaridades y arrugas. No puedo imaginar un regalo más grande que el que Cheryl me dio con su libro: son temas que conectan con la gente, que se comentan. El filme abre conversaciones que nunca se tienen con los padres. Vi Alma salvaje con mi mamá  y hablamos de forma muy profunda de nuestra vida adulta juntas. Nunca supo lo que sentía por ella, también porque yo no era capaz de expresarlo. Desde ese día eso cambió.

—¿Alguna vez emprendiste un viaje de ‘autoconocimiento’?

 —No. Quizá lo necesite…

 —¿Eres autocrítica? ¿Te gusta verte en pantalla?

 —Me da lo mismo. Suelo ver las películas de una vez y no la reviso de nuevo. No son para mí, son para otras personas. Pero en Alma salvaje encuentro un montón de mi madre y Cheryl.

 —¿De qué manera el Oscar cambió las cosas para ti?

 —Generó nuevas experiencias para viajar a otros lugares. Es un conducto a otros países que no saben quién eres como artista. Eso siempre es lindo, porque deseas que su trabajo sea visto.

—¿Te tomarías una ‘escapada’?

 —Me encantaría. Al final de esta película pensé: Si no estuviera tan agotada, sin duda alguna parto de excursión. Pero necesitaba un poco de descanso.