Después de tres años alejado de un set —desde 2009 con Bastardos sin gloria— era de suponer que el nuevo trabajo de Quentin Tarantino despertara expectativas, especialmente porque en   debuta en el género western de la mano de Jamie Foxx, Leonardo DiCaprio y Christoph Waltz.

Y tal como alguna vez resucitó a John Travolta en Tiempos violentos, ahora puso el ojo en el ochentero Don Johnson, quien se suma a la cinta ambientada en Estados Unidos de 1850. La trama gira en torno a un ex esclavo que entrenado por un cazarrecompensas, busca a su esposa sometida al yugo de un malvado terrateniente.

El director norteamericano —por cuyas venas corre sangre italiana, irlandesa y cherokee— nació en Tennessee y a los dos años se fue a Los Angeles con su joven madre soltera. De adolescente soñaba con ser actor, pero su trabajo en una tienda de arriendo de videos lo hizo cambiar de idea e inclinarse por los guiones y la dirección. En los ’80 escribió y dirigió su primer filme, My best friend’s birthday.
Famoso por sus historias no lineales, una década después su carrera despegó con Perros de la calle, Tiempos violentos y Jackie Brown. También escribió y dirigió A prueba de muerte, Bastardos sin gloria y Kill Bill. Y así como en esta última las artes marciales fijan el ritmo, en Django sin cadenas el tono es de spaghetti western, subgénero cinematográfico que reinterpreta —en clave europea— las películas del oeste norteamericano. El director Sergio Leone es el padre de esta tendencia, con Por un puñado de dólares y El bueno, el malo y el feo), con Clint Eastwood como su actor emblemático y Ennio Morricone en la banda sonora.
—¿Era inevitable terminar haciendo un spaghetti western?
—Sí. La verdad es que siempre he querido hacerlo un western. Y sabía que cuando ese día llegara probablemente le añadiría un toque de spaghetti. Es curioso, porque Kill Bill 2 tenía un poco de ese sazón e, incluso, Bastardos sin gloria, particularmente en la apertura… me acuerdo que el primer día de filmación de esta última mi supervisor de guión —con quien he trabajado en todas mis películas— me dijo: “¡Quentin, este es tu primer western!”.
—¿Qué westerns modernos le gustan?
—Hay varios muy buenos. Me gustó El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford. También, Temple de acero. Y hay una ochentera que realmente me encantaba: Cattle Annie and little Britches, de Lamont Johnson. Es una muy, muy buena película de vaqueros. Barbarossa es otra recomendable.
—Jamie Foxx habló acerca de su receta especial de sangre. ¿Nos cuenta algo más?
—Estoy trabajando con la misma empresa de efectos especiales de maquillaje (K.N.B. Effects) desde Perros de la calle, una de las más famosas de la industria. Y, en algún momento, mientras hacíamos Kill Bill, conseguimos exactamente el color de la sangre que yo buscaba. Me gusta más el tono de la sangre al estilo de los filmes japoneses que es más rojizo y tiene una textura que se adhiere muy bien a los metales. Pero la sangre que se usa en Hollywood se parece más a un jarabe de frutilla o frambuesa para panqueques. Se ve bien en la ropa, incluso funciona cuando a los actores les toca ponerla en sus bocas y escupirla. Pero cuando cae sobre un metal o sobre cualquier otro objeto sigue pareciendo jarabe de panqueques.
—En Django aborda el tema de la esclavitud.
—La verdad es que significa mucho para mí, probablemente me resulta más importante que cualquier otra cosa.
—¿Por qué?
—Porque lo llevo en mi ADN. Lo siento en lo más profundo de mi ser. Y ésa es una de las cosas más motivantes cuando haces un guión, tal como me pasó con Bastardos sin gloria. Yo estaba muy bien informado acerca de la Segunda Guerra Mundial; de lo contrario, probablemente ni siquiera habría tenido interés en hacer la película. Lo mismo me pasó respecto a la esclavitud. Me fascina ese periodo, pero a la hora de escribir no quise ponerme a revisar libros. No quería un guión basado en lo que la historia dice al respecto, sino que yo mismo me fui haciendo las preguntas y buscando las respuestas.
—Cuando escribe un guión, ¿desde un comienzo sabe en qué terminará la historia?
—No, nunca, sólo creo saberlo. Quiero decir, como en Kill Bill, que desde el principio asumí que era bastante lógico matar a Bill
(risas), pero no tenía claro cómo iba a suceder.
—En Bastardos sin gloria hizo un ejercicio de reescribir la historia. ¿Sucede lo mismo en Django sin cadenas?
—No, todo lo que filmamos perfectamente podría haber ocurrido. No existe ningún evento fuera de la normal. El protagonista no va a terminar matando al general Lee (risas).
—¿Cómo ve a DiCaprio en este filme?
—El hace una interpretación realmente extraordinaria. De hecho, para ser honesto, cuando escribí este personaje tenía en mente a un hombre de más edad. Luego él leyó el guión, le encantó, quiso juntarse conmigo, empezamos a conversarlo y entonces pensé “esto podría resultar realmente bueno”.
—También incluyó a Don Johnson. ¿Cree que con él podría darse el mismo resurgimiento que tuvo Travolta con Tiempos violentos?
—Don desarrolló un muy buen trabajo. Lo que pasó con él fue un verdadero fenómeno. Es un actor genial y he sido su gran admirador incluso antes de Miami Vice. Solía ver todas sus películas de los ’70; también sus programas de televisión y otras apariciones. He sido fanático suyo desde que era un niño.
—¿Cómo es su relación con su productor Harvey Weinstein?
—No podríamos ser más cercanos. Es mi padre cinematográfico, mi inspiración. Mi carrera hubiera sido otra sin él.
—¿Cómo describe su momento profesional?
—Es el mejor. He llegado a un dulce punto del camino pero, también, ¡he trabajado para esto! Definitivamente esta película es mi nuevo ‘monte Everest’. Cada vez que hago un gran filme lo considero mi próxima cima, aunque la que se avecina es un poco más desafiante… Y eso que Kill Bill era bastante alta en cuanto a montañas se refiere. Pero aquí estoy, dispuesto a todo. A mi parecer, desde el mejor escenario.
—¿Está confirmado Kill Bill 3?
—No, no es un proyecto seguro. De todas maneras deberíamos tener paciencia: esperar a que la hija de Vivica Fox creciera y fuera en búsqueda de Uma (en la primera entrega de la película, Vivica interpretaba a una de las víctimas del personaje de Uma, cuya hija es testigo de su muerte). Para eso, debería tener como mínimo 18 años, así que se ve un poco lejano, porque en la cinta tenía sólo cuatro (risas).
—¿Y planes para Tiempos Violentos 3D?
(Risas)
—Lleva una vida de permanentes éxitos. ¿Cómo se las arregla para seguir siendo autocrítico, para no perder la sencillez?
—… Me resulta bastante fácil seguir conectado con mi lado más humilde. Gran parte de quienes se involucran conmigo lo hacen porque soy un hombre trabajador, y el trabajo te
conecta con las cosas esenciales. Lo que quiero decir es que sería mucho más fácil que otro se hiciera cargo del guión, desligarme de algunas tareas, pero no es así como funciono. Estoy en todo, parto escribiendo desde cero. Así es como puedo conseguir éxitos como Bastardos sin gloria. Cuando me enfrento a una nueva película, al papel en blanco, inmediatamente vuelvo al punto de partida. Y sé que cuando termino los guiones suelo quedar muy conforme, pero se trata de un trabajo intenso, hay que estar dispuesto a pasar por todo otra vez. Eso te mantiene con los pies en la tierra.
—Dicen que a los 40 años se está en la mitad de la vida, usted cumple 50, ¿le ha tocado vivir alguna crisis de edad?
—No hasta el momento (risas).
—Es muy extrovertido y ha protagonizado algunos altercados, pero ahora se ve ¿más mesurado?
—No sé… Lo que tengo claro hoy es que golpear a alguien me puede costar 30 mil dólares (bromea).
—Con su entusiasmo y pasión por el cine, ¿se ha imaginado canalizando esa misma energía en la tarea de ser padre?
—No lo sé, hay que ver qué pasa. En todo caso no tengo la intención de pasarme la vida haciendo películas. Me gustaría retirarme como a los 60.
—¿De eso sí está seguro?
—Bueno, no, también hay que ver (risas). Digamos que es una especie de plan que tengo. No quiero llegar a viejo siendo director de cine. No quiero ser de aquellos que nunca supieron cuándo retirarse a tiempo y tampoco quiero echar a perder mi filmografía ensuciándola con tonteras de anciano. Pero efectivamente puedo cambiar de parecer. Y si quiero hacer una película a los 62 años, probablemente la haga. Aunque me gustaría que fuera este tipo que estás viendo hoy el que realice las cintas por venir y no el viejo que esté en su cuenta regresiva. Para entonces preferiría haber dejado los guiones y ser simplemente un hombre de letras dedicado a escribir libros de cine, novelas y tener hijos.

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