Antes de verla, prejuiciosamente pensé que si en Sex Education estaba la magnética Gillian Anderson y transcurría en Inglaterra (reconozcamos que nos gustan esos escenarios) ya estábamos al otro lado.

Pero, veamos: por ejemplo, Naomi Watts -nada menos que la de Mulholland Drive, Promesas del Este, 21 gramos y un largo y potente etc.- se pegó el tremendo resbalón con Gypsy (serie cancelada ¡horror!).  ¡Ya no se puede confiar en nadie!

Así es que dejando el pre-juicio, me dispuse a verla para hacer un juicio.

Concluí que Sex Education es una muy buena serie porque:

  1. Armar una comedia cuyo elemento básico es el sexo —sexo-sexo, el genital— y que resulte divertida, entretenida, desparpajada, sin violentar a su público (adulto claro, en todo el ancho sentido de la palabra) es de genios no más. O sea, de ordinaria, obvia o chabacana, NADA. Al contrario: es inteligente, aguda y muy siglo XXI.
  2. Entre situaciones cómicas, toques de extravagancia y personajes delirantemente divertidos, hay de fondo una certera mirada y reflexiones más que interesantes sobre un asunto tan clave e ineludible en el ser humano como es la vida sexual, más aún si hablamos de adolescentes intentando sobrevivir entre ellos en los últimos años de colegio.
  3. Pocas producciones se han introducido de manera tan dramáticamente profunda tanto en lo anterior como en las complejas relaciones adultos-adolescentes: el oficio de los personajes (terapeuta sexual, profesores) y el argumento da espacio para que se verbalice con precisión profesional esa problemática, lo que a su vez, genera situaciones bastante cómicas, en ciertos momentos.
  4. Sí. Gillian Anderson es un gran motivo: desde The Fall en adelante, la actriz ha evidenciado lo asombrosamente camaleónica que puede ser: desde su talento histriónico se aparece en roles muy disímiles, más allá de si está más flaca o tiene un corte de pelo diferente. La terapeuta sexual Jean Milburn es uno de los personajes más exquisitos que hayan pasado últimamente por la pantalla: un mix de mujer muy femenina, autosuficiente, de modos suaves y un poquitito ninfómana; relajada limitando con el despiste y madre alerta de repente; inocente y amable; inteligente y preparada.
  5. Asa Butterfield (El Niño con el Pijama a Rayas), con su aspecto de chico cándido y asustadizo, arma un protagónico adorable y convincente. Otis, hijo de Jean, el nerd de la clase, a sus 16 años es más inteligente y sabio que cualquiera de sus compañeros. Solo que vive aterrado de solo pensar que alguno de ellos llegue hasta su linda casa en la colina rodeada de bosques, donde mamá-terapeuta-sexual tiene todo decorado —paredes, estantes, muebles— con símbolos fálicos nada sutiles. Amén de revistas y materiales diversos en su consulta. (Y peor: ¡que se enteren que él es virgen aún!). Una madre que cuando Otis experimenta sus reprimidos momentos de exasperación le dirá calmadamente esas frase tipo “¿te parece que hablemos de eso, darling?”.
  6. Los roles secundarios. Solo ver aparecer al íntimo amigo de Otis, Eric (Ncuti Gatwa), un afroeuropeo gay, encantador, optimista con o sin motivos y sin el menor complejo de nada, ilumina la pantalla. La bella y tormentosa Maeve (Emma Mackey, una Margot Robbie un poco más joven), personaje clave; Aimee, la tonta niña rica; y varios seres bastante freakies que terminan por dibujar el estilo singular de la serie. Cada uno de ellos tendrá giros sorprendentes.
  7. La evolución —eso que los guionistas llaman el arco dramático— de esta diversa comunidad ya se asoma en toda su riqueza en los primeros episodios. Sobre todo porque lo que mejor hace la serie es echar abajo prontamente y con habilidad las fachadas con que cada uno se presenta. Allí quedan al descubierto miserias, dolores, habilidades disimuladas por temor al bullying, realidades poco amables y ulteriormente, las razones y motivos de toda esa conducta anti social que campea en la selva de la adolescencia.
  8. El Consultorio. Todo aquello que se nos presenta al comienzo va a derivar en la improbable —y para él, embarazosa— situación en que Otis se convierta en el terapeuta clandestino de sus propios compañeros. Mal que mal, ha crecido rodeado de información biológica-sexual-erótica y domina el tema.
  9. Para no spoilear, solo decir que la naturalidad con que se habla de “sex education” (precisamente) —casi todos los episodios comienzan con una fogosa y explícita escena de cama— conduce de una manera muy fluida hacia lo que está debajo de todos estos actos: el erotismo propiamente tal. Esto es, lo que conocemos como relaciones amorosas y que se condicionan mutuamente con lo que suponemos es solo sexo. Esto último, algo que, por lo demás, postula y practica, la Dra Milburn.

En Netflix.

8 episodios de 50 minutos cada uno.

Creada por Laurie Nunn.

¡Netflix ya anunció la T2!

 

 

 

 

 

 

 

 

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