Recién regresaba de Capri cuando Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto se enamoró del terreno vertical repleto de zarzamoras.En Italia te bautizaron “medusa” por la alta y encrespada luz de tu cabellera, y yo te llamo “chascona” y enmarañada mía…”, escribiría luego. Eran los días en que necesitaba un lugar donde ocultar a su nueva amante, Matilde Urrutia, y poder visitarla, sin ser sorprendido por su entonces mujer Delia del Carril. El espacio que tenía como vecinos al Zoológico Metropolitano —no había cerca hasta que la inesperada visita de un león obligó a levantar una— y dos canales de un viejo molino, era perfecto para sus planes.

Aunque eligió al catalán Germán Rodríguez Arias para la construcción, él terminó cambiando casi todos los planos. Quería que su nido de amor evocara a los paisajes de su niñez sureña y a la estética marinera que siempre lo inspiró, además de varios bares donde agasajar a sus amigos. No imaginaba que veinte años más tarde ese terminaría siendo el escenario de su último adiós tan sólo doce días después del Golpe de Estado. Hoy, cuando la película Neruda lo trae de regreso a la primera plana mundial, es imposible encontrar un mejor lugar donde hablar de la reinvención de su huida de Chile en 1953 que plantea el filme. Escrito por Guillermo Calderón y dirigido por el cada vez más internacional Pablo Larraín, llega a Chile tras ser aclamada por la elite de la crítica mundial en Cannes.

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“Los comunistas siempre quedándose con las mejores casas del barrio”, bromea Luis Gnecco cuando pone un pie en el living principal. El comentario del actor que fue aclamado en el último Festival de Cannes por su notable interpretación del vate, hace reír a Jaime Vadell, quien en la cinta encarna al presidente del Senado de la época, Fernando Alessandri. A pocos metros Alfredo Castro, Gabriel González Videla en la cinta, mira absorto la barra donde el artista preparaba el “coquetelón”. Un trago de autoría propia en base a jugo de naranja, champaña francesa, coñac español y cointreau que dejaba a sus invitados zigzagueando por los pasillos del terreno.

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—En Europa definieron la producción como “un salto hacia lo desconocido, que está casi fuera del sistema solar, el Plutón de la filmografía de Larraín hasta ahora”. ¿Cuál es la expectativa que tienen a nivel nacional? 

—Luis Gnecco: Esta película merece ser muy popular. La forma en que está narrada es muy interesante. No es la mirada clásica lineal, al contrario. Invita a preguntarte un montón de cosas. Te sumerge en una fantasía como las que le gustaban a Pablo.

—Alfredo Castro: Esta es una invitación a jugar en su universo. Una invención notable sobre alguien que era un gran creador de mundos y confabulador de sí mismo. La cinta juega con eso de principio a fin. Ninguno de nosotros responde a la imagen que conocemos de los personajes. De hecho cuando Pablo me llamó para este papel, le dije que por qué no llamaba a otro actor que respondiera el biotipo físico de González Videla y me dijo ‘no, si yo estoy trabajando con otra idea’.  

—Jaime Vadell: Es algo distinto a lo que estamos acostumbrados en Chile. Aquí hay una forma distinta de narrar y el resultado es una aproximación a lo que ocurre en la cabeza de Neruda a partir de un hecho que es absolutamente real. 

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—Se desmitifica por completo su figura.

—J.V: Totalmente, ese ascetismo que pregonaba el partido no tenía absolutamente nada que ver con él. El problema es que aún hay una imagen del poeta que lo eleva al nivel de una estatua. Por eso, tengo mis dudas sobre cómo la van a tomar y eso que no toca debilidades políticas. El director y guionista fueron irrespetuosos en el mejor sentido. Habría que hacer películas de O’Higgins en el mismo estilo ¿o no?

—L.G: Claro, a la altura donde esta historia lo toma, él ya viene de vuelta, vivía de los derechos de autor ya en 1940. Lo más cercano a un rockstar. Entonces qué es lo que le faltaba, inventarse a sí mismo y la película trabaja desde esa presunción. 

—A.C: Es por la forma en cómo se aborda su hedonismo. Piensa que había toda una ética comunista de no al placer que él rompe por completo. Sus casas, el estilo de vida, los gustos. Era un gozador de la vida sin culpas de ningún tipo. Es lindo lo que pasa con la película porque te abre un universo que te invita a releerlo con otra mirada y ver las mil personas que habitaban en su interior. 

—J.V: Con la cantidad impresionante de cosas que hizo es increíble pensar que apenas vivió 69 años.

—L.G: Es cierto, era como rockstar de la época y fácilmente podría haber vivido diez años más…

—A.C: Es que lo mejor que produce este país son los artistas. Date cuenta la Mistral, Parra, Millán. Donoso por citar unos pocos.

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—¿Los artistas al poder?

—A.C: Creo que sería bastante bueno.

—J.V: Ahí sí que quedaría la escoba. O se acaban los artistas o el poder.

Ahora es Gnecco el que ríe con ganas.