Con guión y dirección de Miguel Littin (El Chacal de Nahueltoro y dos nominaciones al Oscar), Allende en su laberinto es un nuevo intento no logrado por llevar una parte de la historia del Presidente Salvador Allende como ficción cinematográfica.

Cimentada en las sólidas actuaciones de Daniel Muñoz (Allende) y Aline Kuppenhein (Payita), Littin navega desordenado en aguas que él conoce en profundidad —fue el primer director de Chilefilms durante la UP y dirigió el documental Compañero Presidente—.

La cinta parte prometedora, mostrando al Allende coqueto, preocupado por su traje mientras le avisan que la marina se ha sublevado, pero al pasar los minutos, el guión se desinfla, intentando dar toques de teatralidad a una historia que es conocida ampliamente. Los momentos altos del relato son completamente desaprovechados (El último discurso, los diálogos con Payita, cuando se entera de la traición de Pinochet) y lo cierto es que los actores secundarios no ayudan en nada al progreso de la narración.

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En Allende en su laberinto hay un atisbo de una buena película que se enreda en  intenciones: una ojeada al hombre versus el político, una atmósfera de época lograda, dos principales sólidos y eso. De los pobrísimos efectos especiales del ataque a La Moneda, mejor ni hablar.

Para los interesados en la figura del líder socialista, se recomienda el documental Salvador Allende, de Patricio Guzmán. Como película, Allende todavía espera — y merece— una mirada más redonda.