“Duele duele, duele tanto tu amor…” canta Gloria Cumplido (Pali García), una mujer de 58 años, separada hace 12, con dos hijos que no la cotizan y teclean en sus celulares mientras ella redime su soledad en clubes de baile seniors.

La gran gracia de Gloria, la cuarta película de Sebastián Lelio —con guión de Gonzalo Maza—, es que su historia es universal, algo poco logrado en la escena nacional.

García, que fue catalogada como la ‘Meryl Streep latina’ en su paso huracanado por la Berlinale —donde ganó el Oso a la mejor actriz— tuvo a su merced desde el momento en que nacía el proyecto una película hecha a su medida, pensada siempre en ella como esta old lady que asume su soledad adulta con la frente en alto. Gloria lo hace no dejándose estar, siendo activa sexualmente y cantando una de las bandas sonoras más pegajosas en la historia del cine chileno.

En la sala de cine se ve a mujeres de mediana edad cuchicheando con risas nerviosas sobre esta señora de anteojos gruesos que pasa sus días entre cumbias de Tommy Rey y un pololo mamón (Sergio Hernández), quien es notable en ratificar la opinión de muchas: los hombres somos pasteles. Sobramos.

Tuvieron que pasar 21 años para que una película chilena estuviera en la selección oficial de la Berlinale y Pali García, emblema del teatro local, se luce. Sebastián Lelio es sutil en definir esta historia como “una batalla por ser feliz”, pero con un fondo que funciona como sutil cachetada: Gloria nos recuerda esa edad, a medio camino de la vejez, que todos quieren meter bajo la alfombra. Y es en esa lucha tragicómica, donde esta mujer golpeada por la soledad se levanta, se viste de fiesta y sale a la pista a bailar.

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