Está a punto de debutar en la pantalla grande con el personaje más difícil y desafiante de su carrera, y que tiene a Paz Bascuñán (42) expectante; con una mezcla de ansiedad y nervios porque será su primer rol dramático en sus casi 20 años de trayectoria, donde ha destacado con protagónicos en decenas de teleseries y películas.

Se trata de Carolina en No estoy loca, el nuevo filme del autor de la exitosa Sin Filtro, Nicolás López, donde Paz —también como protagonista de la historia— alcanzó su mayor éxito profesional como Pía Vargas; convirtiéndose, de paso, en la segunda película chilena más vista (1.289.505 asistentes a salas) y vendida a diez países.

Una vara más que alta que no la inquieta, ya que está segura de que el nuevo trabajo del cineasta nacional —que se estrenará el 4 de enero y reúne al mismo elenco anterior—, es una mejor producción, con un mensaje más profundo, que enseña a enfrentar el dolor y a salir adelante, a partir de la historia de su personaje: una periodista que trabaja en revista CARAS, quien el mismo día que se entera de que es infértil, su marido (Marcial Tagle) le confiesa que está enamorado de su mejor amiga (Fernanda Urrejola) y que esperan un hijo. El impacto que le generó la noticia la quebró al punto de intentar suicidarse y terminar en una clínica siquiátrica.

Una trama basada en parte en la historia de Carola, la madre de Nicolás López, quien contó a CARAS que su mamá vivió la infidelidad y desamor de su ex marido de quien estaba muy enamorada, que le generó una depresión brutal, terminando internada en una clínica.

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Paz conoce perfecto los hechos y también a Carola por la profunda amistad que la une con el director, de quien se transformó en su musa, son compadres (es padrino del hijo de Paz) y a quien conoció en 2006, cuando su amiga Coca Gómez recurrió a él para que las ayudara a financiar la última parte de la película Normal con alas. Ella recuerda que en esa oportunidad Nicolás las invitó a comer para presentarles a un productor español que venía llegando a Chile (Miguel Asensio), quien no sólo terminó financiando el filme. Con el tiempo se transformó en el socio de López en la productora Sobras y de soltero empedernido terminó casándose con Paz, con quien ya tiene dos hijos Teo (8) y Leonor (5).

Aunque la madre del cineasta fue varias veces a mirar las grabaciones y Paz reconoce que fue gratificante representarla, confiesa que nunca hablaron del tema ni tampoco le pidió consejos para su personaje. “No hizo falta porque la entiendo, no me cuesta comprender el dolor ajeno. A ella la adoro, pero no es un caso aislado. Me ha tocado ver en muchas personas cómo un hecho las puede llevar a un estado extremo de dolor que te quiebra, enloquece y te cambia la vida; y enganché con esa emoción. Tu reacción dependerá del material del que estás hecho, de la flexibilidad, tolerancia y de tu capacidad de armarte. Pero que a una mujer le den ganas de matarse, porque el mismo día que confirma que es infértil, su marido le cuenta que embarazó a su amiga, ¡lo entiendo!; tiene lógica, no es que esté loca”, reflexiona Paz, quien cree que vivimos en una sociedad donde no se permite sentir dolor. “No estamos entrenados para sufrir, huimos de esa experiencia. Por eso la gente vive empastillada; para evadir, porque nos inventaron que la vida es sin dolor, cuando forma parte de nuestra existencia y nos hace crecer. Vivimos en una cultura tan ‘inmediatista’, que todo tiene que solucionarse rápido, incluso la pena. Y al que sufre y vive su proceso, se le enjuicia desde la frialdad”, asegura Paz que vuelve también a la TV con una nueva temporada de Soltera otra vez.

—¿Por qué cree que llegamos a eso?

—Estamos desconectados de nuestras propias emociones, porque si lo estuviéramos, comprenderíamos al otro. Lo que le ocurre a mi personaje es entendible, nadie está libre de volverse loca por muy estable que seas. No somos invencibles, rocas, sino personas con emociones. Eso es bonito en la película, porque toca el tema de que todos somos vulnerables. En una escena, mi personaje llora en el piso y le sugerí a López que se arrastrara de dolor, porque sientes que te conviertes en un gusano.

“ME HAN QUEBRADO MUCHAS VECES”

Para Paz Bascuñán, que las personas estén tan desconectadas de sí mismas y con el otro, es peligroso. “Alguien que mira el mundo sin vincularse con sus emociones, necesitará cosas más heavy para sentir algo, porque está dormido. Y es complicado cuando ves que a niños y adolescentes los medican, porque muchos padres quieren evitarle el sufrimiento a sus hijos, cuando lo lógico es prepararlos para la adversidad, explicarles que es parte de la vida, contenerlos con lo que sienten y no ignorarlos en su pena. He tenido conciencia de esto siempre, mientras que otras personas deciden tomar distancia, enfriarse o empastillarse. Olvídate la cantidad de mujeres con antidepresivos, rize (clotiazepam) o que beben alcohol para evadir. Es interesante la necesidad de ‘borrarse’ porque la cosa está ruda”.

En ese sentido, la actriz dice que No estoy loca tiene un mensaje esperanzador: “Reivindica nuestro derecho a sufrir, a deprimirnos y salir adelante. Antes, cuando moría alguien, la gente andaba de luto, tenía un sentido; hoy eso ya no existe, ¡hay que seguir para adelante! Y el que sufre, parece que tuviera la peste; nadie sabe qué decirle, cómo hablarle, y es porque no sabemos lidiar con la tristeza, cuando es una emoción valida, bonita, necesaria”.

—¿Ha estado en una situación similar en que la han quebrado?

—Un montón de veces y fue bonito haber estado ahí. Abrazo esos momentos dolorosos porque me han hecho ser quien soy. En esas ocasiones me pregunté: ¿seré capaz de resistirlo o tomo algo? Y he optado por vivirlo. Me permito llorar, llorar con hipo, largo y tendido; así te limpias, porque si te aguantas, formas un taco dentro tuyo que se transforma en enfermedad. Como decía la abuela de una amiga, “la vida es experiencia”, y vivirla aprendiendo a sentir, es súper bonito.

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—¿Ha tocado alguna vez fondo?

—Sí, tuve una adolescencia horrible, atormentada. Tenía mucho sentido del deber y no puedes tratar de ser perfecta sin quebrarte o abandonar todo. Fue un período difícil, me deprimí. Me asustaba crecer, la vida adulta me parecía difícil, algo me dolía mucho. Opté por la vía tradicional de remedios para seguir funcionando. En esos momentos se vuelve importante la tribu de mujeres y que esta película reivindica y legitimiza. Hay un discurso machista que nosotras somos yeguas, envidiosas, que nos acuchillamos entre nosotras, que trabajar con puras ‘minas’ es un horror. No tengo ese registro, de mis amigas he sacado fuerzas, ellas me aclaran, me dan otra mirada. Las mujeres somos de hacer alianzas, de conectarnos a niveles profundos y de hacer hermandades incondicionales.

—¿Qué podría gatillarle la locura?

—Muchas cosas, por ejemplo, llegar tarde a alguna actividad de los niños, ¡podría matar! El otro día tenía presentación de yoga de Leonor en el colegio, me subí al auto, ¡y no tenía bencina! Iba justa de tiempo y todos los servicentros llenos, me imaginaba chocando a todos para avanzar (ríe).

Oye, si esa escena de la pelea en la calle que hicimos con Antonia Zegers en Sin filtro fue real. Venía de grabar todo el día, lo único que quería era llegar donde mis niños, estaba desesperada y me tocó ese taco de mierda de las 7 de la tarde. Le pedí a una señora que me dejara doblar y me dijo no, a pesar de insistirle. Dieron la luz verde y salí persiguiéndola, pensaba: la voy a chocar, ¡la voy a matar! Por suerte tengo un ángel que siempre aparece y me detiene.Como sé que soy así, me cuido y tomo medidas como ir al trabajo caminando o en bicicleta.

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—¿Qué nos vuelve locas a las chilenas?

—Vivimos en una sociedad súper exigente para las mentes de todos. Es imposible estar cuerdos con el nivel de locura que vivimos, sobre todo las mujeres que tenemos que cumplir en la mayoría de los frentes. La que trabaja, tiene la mitad de su cabeza pensando que tiene abandonados a sus hijos; y la que puede cuidarlos, con la idea de que no se desarrolla en lo laboral. Es demasiado lo que se nos pide, aunque lo primero que nos vuelve locas es el amor. Es tan delicado, complejo. Quizá porque soy romántica, pero es el número uno lejos; querer, que te quieran.

—Y poniéndole humor, ¿qué tipo de locas ve a su alrededor?

—Varias. Está la loca multitask o multifuncional, que es autoexigente, contesta todos los whatsapp; mientras desayuna, se peina, maquilla, habla por teléfono y responde correos; la loca punky, que es hostil, agresiva, chora, que todo lo crítica y que nadie se atreve a meterse con ella porque tira con ventilador. Está también la loca sufrida, la cambiante o bipolar; ¡esa soy yo! De repente está todo súper bien, bajo control y al rato me veo superada por las circunstancias, tratando de lograr el equilibro, pero la vida no me lo permite.

—Lo que suele ocurrir con sus personajes, ¿tienes ganas de cambiar de tecla?

—Me da igual, en la medida que me hagan sentido y empatice con ellos.

—¿Y sus expectativas ahora considerando el éxito de Sin filtro?

—Me gusta más No estoy loca, es más completa, desafiante en lo actoral; el trabajo que más me ha costado, ya quiero que se muestre. Soy comedia, me sale natural. Carolina es drama, fue cansador, difícil, el mes que duró el rodaje estuve con esa sensación de fragilidad como cuando alguien te quiebra. Según mi marido, en esos días ¡andaba insoportable! Creo que le irá muy bien a la película, es una historia honesta que toca varios puntos que hablamos y otros como las expectativas que hay sobre los hijos.

—Una actriz entre hermanos abogados, abuelo presidente y madre ministra, ¿había otras expectativas sobre usted?

—Mi papá tenía aprensiones por mi futuro, pero nos dejaron hacer lo que cada uno quiso y pudimos vivir con libertad nuestras opciones. A mi abuela (Leonor) eso sí le dio lipidia que estudiara teatro; de hecho, cuando terminé la carrera, me dijo: “me imagino que ahora estudiara algo de verdad”. Nunca le ha gustado, ¡le carga!, que no quita que la ame.

POLÍTICOS MENOS ÉTICOS

Paz reconoce que el apellido Aylwin le pudo haber pesado en cuanto a no fallar y tratar de hacer las cosas perfectas. “Es una cuestión de personalidad, soy súper autoexigente, no quiero equivocarme y me pasa ahora con la crianza de mis hijos”.

Evocando a su abuelo, el ex presidente de la transición, y en medio de la segunda vuelta presidencial, Paz observa una forma de liderar y de hacer política muy distinta a la del ex lider DC. “Son otros códigos porque la sociedad ha cambiado y la manera de comunicarse es otra. Hoy lo hostil se impone, hay un lenguaje distinto, y con esto no digo que lo pasado fue mejor, cada tiempo tiene su afán, y se ve un nuevo escenario político al que no hay que tenerle miedo. Hay que ver qué viene, confiar en las nuevas generaciones, en lo que se puede gestar. Quizás el temor es porque antes había mayor ética que se ha ido perdiendo, y no me refiero sólo a la clase política. Hay un estilo general menos ético, más consumista, más enganchado en la televisión que nos ha empobrecido como sociedad. Y lo que uno quisiera es que los líderes, aquellos que dan el ejemplo y marcan pauta, no se empobrezcan en lo ético. Siento que estamos confundidos en el valor de las cosas, que hoy solo vale tener”.

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—¿Por qué cree que bajamos nuestro estándar ético?

—Estamos desconectados de lo que importa. Hay una carrera por tener y por llegar ¡no sé adónde! Muchas veces me preguntan por mi próxima meta, si pienso irme a México, ¡no me importa nada!, sólo ir a la plaza con mis niños, poder llevarlos a un cumpleaños y quedarme un rato. Tener calidad de vida y no cantidad de cosas. Hay un desajuste en la mirada que está desconectada con lo importa, con lo esencial, con lo que realmente vale y en eso han caído los colegios, líderes, autoridades…

—¿Cómo observa el escenario político con la irrupción del Frente Amplio, a días del balotaje?

—Interesante, es otro escenario, cambió. Se criticaba los escasos nuevos liderazgos, se preguntaba qué pasaba con las nuevas generaciones y en estas elecciones eso se manifestó.

—¿Y su línea va más por Beatriz Sánchez o Sebastián Piñera?

—Beatriz Sánchez.